Los daneses suelen decir con orgullo que la reina Margarita II, que abdicará al trono el próximo 14 de enero tras 52 años de reinado, es la primera monarca de su larga historia que fue elegida por voto popular.
Ciertamente, cuando la princesa Margarita nació, el 16 de abril de 1940, las leyes sucesorias no la beneficiaban, y fue necesaria la celebración de un referéndum nacional para aprobar su ascenso al trono.
La ley de sucesión de Dinamarca prohibía entonces a las mujeres heredar el trono, y la única mujer que había ostentado el poder en el país era Margarita I, quien gobernó como regente de 1375 a 1412 pero nunca ostentó formalmente el título de reina.
El rey Federico IX, que ascendió al trono en 1947, sólo tenía tres hijas mujeres -Margarita, Benedicta y Ana María- y su sucesor lógico era su hermano menor, el príncipe Knud, que estaba casado y tenía dos hijos varones, los príncipes Ingolf y Christian.

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Cuando la princesa Margarita tenía 13 años, bajo la presión de sucesivos gobiernos daneses conscientes de la necesidad de modernizar la sociedad, Dinamarca fue a las urnas y votó por reformar la ley sucesoria para permitir que las mujeres hereden el trono.
La decisión abrió una grieta en la armonía de la familia real: Federico X y su hermano Knud no volvieron a hablarse por el resto de sus vidas y la decisión popular de nombrar heredia a Margarita desterró las chances de su primo, Ingolf, de convertirse en rey.
El conde Ingolf de Rosenborg, el ex príncipe que podría haber sido rey de Dinamarca
A Ingolf, hoy conocido como el conde Ingolf de Rosenborg, no le molesta en absoluto haber perdido la oportunidad de convertirse en rey: “Me alegra no haberme convertido en rey ya que eso me permitió cuidarme un poco más. Y mi prima lo hizo muy bien”, dijo.
Pero su padre, el príncipe Knud, que dejó de ser entonces el presunto heredero, se enemistó ferozmente con su hermano, un distanciamiento que duró el resto de su vida.

El primer ministro Erik Eriksen dijo años más tarde al historiador Tage Kaarsted que el príncipe Knud trató de sabotear la firma de la Constitución que le arrebataría el trono. Al salir de la reunión, el ex príncipe heredero era el cuarto en la línea de sucesión, por detrás de sus tres sobrinas, lo que consideró una traición por parte de su hermano.
“Creo que mis padres sólo vieron al rey Federico y la reina Ingrid cuando se reunían en las actividades oficiales”, recordó Ingolf. El rey murió en enero de 1972 y su hermano Knud le sobrevivió cuatro años. “Le hubiera gustado mucho ser rey durante esos años”, dijo Ingolf, quien agregó que su padre “murió siendo un hombre amargado”.
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El príncipe Ingolf nació solo unos meses antes que Margarita II, en 1940, y más tarde nacerían sus hermanos, la princesa Elisabeth y el príncipe Christian.
La familia del príncipe Knud, que vivió durante muchos años en el castillo de Sorgenfri y en Klitgaarden, en Skagen, era ridiculizada por sus dientes torcidos y por no se demasiado atractivos: “Siempre me han burlado y acosado, pero me he acostumbrado a eso”, dijo Ingolf al diario “BT” hace unos años.

En el referéndum, celebrado en mayo de 1953, la población danesa debía elegir entre la elogiada y muy inteligente familia del rey Federico o la familia del príncipe Knud, popularmente ridiculizada por ser “fea y estúpida”.
Cuando era niño, la relación entre Ingolf y Margarita era cercana, y existen muchas fotografías de los primos reunidos en torno a sus abuelos, el rey Christian X y la reina Alejandrina. Pero el terremoto sucesorio se interpuso e hizo que la relación entre primo y prima cambiara: “Sí, lo hizo, porque nuestra relación no fue [desde entonces] tan cercana como podría haber sido”, recordó Ingolf.
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Trasla muerte de su padre, sintió que era hora de poner fin al conflicto familiar y se acercó a Margarita II, muy en contra de la voluntad de su madre. “‘¿Por qué te molestas?’, me dijo mi madre, pero no creo que sea justo que la dignidad de la generación mayor siga siendo una carga en las relaciones de los jóvenes”, dijo el conde.
Ingolf convenció a Margarita II de que los problemas de la vieja generación no debían interferir en la generación joven, y desde entonces él y sus hermanos apoyaron a la reina en sus labores oficiales. La princesa viuda Carolina Mthilde murió en 1995, no sin antes reconciliarse con su cuñada, la reina madre Ingrid.

El cambio en el orden de sucesión llevó al príncipe Ingolf a recibir una educación agrícola. Compró la finca Egeland cerca de Kolding en efectivo en 1967 y se convirtió en agricultor, aunque ya se interesaba por esas labores desde que era niño y vivía en el castillo de Egelund, cerca de Fredensborg, que entonces era propiedad de sus padres.
Cuando cumplió 70 años, sin embargo, dejó de cultivar él mismo sus propias verduras y hortalizas debido a sus problemas de movilidad: “Era algo a lo que estaba acostumbrado”, lamentó entonces.
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El conde declaró abiertamente en varias ocasiones que en sus días de juventud luchó con el abuso del alcohol. “La advertencia llegó cuando tenía 45 años. Fue en septiembre de 1985 cuando el médico dijo que si no paraba ahora, no sobreviviría a la Navidad. Luego me detuve de un día para otro”, relató en una entrevista en 2010.
Además del trono, Ingolf perdió su derecho sucesorio y su título de príncipe

La posibilidad de convertirse en rey de Dinamarca no es la única cosa que el conde Ingolf ha perdido con los años.
En 1968, cuando se casó civilmente con su primera esposa, Inge Terney, una plebeya, por lo que se vio obligado a renunciar a su derecho al trono y al título de príncipe de Dinamarca, para adoptar el de Conde de Rosenborg. Su matrimonio duró hasta 1996, cuando Inge murió de cáncer después de una larga agonía.
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El primo de Margarita II volvió a encontrar el amor cuando en 1998 se casó con la abogada Sussie Hjorhøy, junto a la cual reside en la finca Egeland en Øster Starup.
Los conds ahora son invitados más o menos regulares en las grandes celebraciones familiares de la reina Margarita.
El conde de Rosenborg, que recibe una pensión del Estado, goza de una salud delicada y en años recientes fue hospitalizado por neumonía.
Nunca tuvo hijos y en años recientes vio morir a sus dos hermanos, la princesa Elisabeth y el conde Christian de Rosenborg (que también se casó con una plebeya). “Es triste. Los extraño a ambos”, dijo Ingolf, y agregó que los tres hermanos tenían una relación muy buena y cercana.
Aunque reconoce que siempre le resultó difícil imaginar su vida si se hubiera convertido en rey, el destino le tiene reservado un sitio especial en la historia danesa: los planes ya elaborados indican que, cuando llegue el momento, su cuerpo será sepultado en junto a las tumbas de antiguos reyes y reinas en la Catedral de Roskilde.
A sus 83 años, nadie puede rastrear amargura en el conde cuando mira hacia atrás en su vida. “¡Me alegro de no estar en sus pantalones! He dedicado todo mi tiempo aquí como granjero”, exclamó recientemente.
“Mi relación con la reina es cálida, acogedora y confidencial. Es una alegría cada vez que la reunimos. Tenemos un gran respeto por el trabajo que ella hace. Y eso, creo, es mutuo. No hay rencor, para nada, todo lo contrario”.