El hombre que intentó secuestrar a la princesa Ana está en libertad y “obsesionado” con ella

El hombre que intentó secuestrar a la princesa Ana de Inglaterra en 1974 quedó en libertad y continúa aparentemente “obsesionado” con ella. Ian Ball, que tenía entonces 26 años, acechó a la hija de la reina Isabel II antes de emboscar su limusina y disparar a cuatro hombres que acudieron en su ayuda. Ball fue detenido “sin límite de tiempo” bajo la Ley de Salud Mental británica después de admitir un intento de secuestro y dos intentos de asesinato, pero la prensa informó que el hombre está libre desde 2019, que reside en un albergue psiquiátrico de Broadmoor y que está haciendo campaña para limpiar su nombre.

En una entrevista con The Daily Mail, Ball, que ahora tiene 77 años, dijo: “Soy un hombre inocente y cuerdo porque tenía buenas razones para creer que la pólvora había sido sacada de las balas y que otra chica había sido sustituida por la princesa Ana”. En la entrevista afirmó que fue encarcelado injustamente por las “clases altas”, especulando que la fallecida reina Isabel II era la “cabecilla” y diciendo que habían mantenido a “un hombre inocente y cuerdo en un manicomio criminal porque es un disidente de clase trabajadora muy peligroso y una grave amenaza para su lujosa forma de vida”. Un pariente de Ball dijo: “Parece que realmente no está muy bien y la obsesión con todo esto lo ha superado nuevamente. Sabía que estaba fuera de Broadmoor, pero algunos miembros de la familia no, y será un shock para ellos”.

El audaz intento de secuestro de la princesa Ana el 20 de marzo de 1974 conmocionó al Reino Unido. La hija de la reina y el duque de Edimburgo fue atacada mientras regresaba al Palacio de Buckingham tras asistir a un evento benéfico. A sus 23 años, la princesa Ana, conocida por su carácter resuelto, se convirtió en el centro de un drama que destacó tanto su valentía como las deficiencias en la seguridad real de la época. Este incidente, ocurrido en The Mall, una avenida céntrica de Londres, marcó un antes y un después en los protocolos de protección de la familia real británica.

“Not bloody likely”: el día que la princesa Ana se resistió ferozmente a un secuestro

Secuestro de la Princesa Ana
El audaz intento de secuestro de la princesa Ana el 20 de marzo de 1974 conmocionó al Reino Unido. La hija de la reina y el duque de Edimburgo fue atacada mientras regresaba al Palacio de Buckingham tras asistir a un evento benéfico.

Ian Ball, descrito como un “solitario” con antecedentes de problemas psiquiátricos, había planeado meticulosamente el secuestro durante años, inspirado por la novela El día del chacal. Ball, armado con dos pistolas adquiridas en España, bloqueó el paso del vehículo de la princesa, un Austin Princess, con un Ford Escort alquilado bajo un alias. En el coche viajaban Ana, su entonces esposo, el capitán Mark Phillips, su dama de compañía, Rowena Brassey, y su guardaespaldas, el inspector James Beaton. Cuando Beaton salió a investigar, Ball le disparó en el hombro, iniciando un violento enfrentamiento que dejó heridos a cuatro hombres, incluido el chófer Alexander Callender, un periodista del tabloide The Sun, Brian McConnell, y un policía, Michael Hills, que patrullaba cerca.

Ball intentó forzar a la princesa a salir del vehículo, con la intención de secuestrarla y exigir un rescate de entre 2 y 3 millones de libras, según diferentes fuentes, para donarlo al Servicio Nacional de Salud. Sin embargo, Ana respondió con una frase que se volvió icónica: “Not bloody likely” (“Ni de broma”). En una entrevista con Michael Parkinson en 1980, la princesa relató que mantuvo una actitud “escrupulosamente educada” al principio, discutiendo con Ball sobre su negativa a salir del coche, pero “perdió los estribos” cuando él rasgó su vestido en el forcejeo. Su compostura y temple, atribuidos a su experiencia como amazona y su preparación para lo inesperado, mantuvieron la situación bajo control.

El punto de inflexión llegó con la intervención de transeúntes. Ronald Russell, un exboxeador que pasaba por el lugar, golpeó a Ball en la cabeza, desestabilizándolo. “Vi a un policía herido y pensé: ‘Esto es demasiado’, así que fui por él”, relató Russell años después al Eastern Daily Press. La policía llegó poco después y arrestó a Ball, quien fue encontrado con una carta de rescate, esposas y tranquilizantes en su vehículo. En el juicio en el Old Bailey, Ball se declaró culpable de intento de asesinato y secuestro, y fue internado en el hospital psiquiátrico de Broadmoor tras ser diagnosticado con esquizofrenia, según informó The Guardian en 2019.

El incidente dejó una marca indeleble en la seguridad real. Jim Beaton, quien recibió tres disparos protegiendo a Ana, fue condecorado con la Cruz de Jorge, la máxima distinción civil por valentía en el Reino Unido. Russell y el policía Hills recibieron la Medalla de Jorge, mientras que Callender, McConnell y otro agente, Edmonds, fueron galardonados con la Medalla al Valor de la Reina. La reina Isabel II expresó su gratitud personalmente, e incluso pagó la hipoteca de Russell como gesto de agradecimiento, según The Mirror. “La medalla es de la reina, pero quiero agradecerte como madre de Ana”, dijo la monarca durante la ceremonia de condecoración en 1974.

El suceso también expuso las vulnerabilidades de la seguridad real. Beaton, en una entrevista con el Hull Daily Mail en 2020, señaló que no había vehículos de apoyo ni entrenamiento adecuado en ese momento: “No teníamos nada… el entrenamiento era inexistente”. Como resultado, se implementaron cambios drásticos, incluyendo el aumento de escoltas, mejores armas y entrenamientos especializados, según relató a la BBC en 2024. Apenas 48 horas después del ataque, Ana retomó sus compromisos públicos, demostrando su resiliencia y ganándose el respeto del público británico, que la empezó a ver como una figura de carácter inquebrantable, según comentó la periodista Camilla Tominey en el Telegraph.

Artículo original de Monarquias.com 

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