Categoría: LUXEMBURGO

  • Hace 100 años, murió la gran duquesa María Adelaida, la primera mujer que reinó en Luxemburgo

    “Aunque las noticias que llegaban desde el castillo de Hohenburg desde hacía varios días eran malas, no nos atrevíamos a creer en un desenlace fatal”, escribió el Luxemburger Wort en su edición del viernes 25 de enero de 1924. El periódico dedicaba su portada a la gran duquesa María Adelaida, fallecida el día anterior a la edad de 29 años. A pesar de las oraciones de los luxemburgueses, “la divina Providencia ha decidido otra cosa. El cielo también exigió a María Adelaida el último sacrificio, el de su vida, en el corazón de la adolescencia, donde el sacrificio es más difícil”.

    Quién fue María Adelaida, la primera soberana mujer de Luxemburgo

    El 14 de junio de 1894 nació en el Castillo de Berg la princesa María Adelaida, nieta del gran duque Adolfo I de Luxemburgo, hija del futuro gran duque Guillermo IV y primera soberana nacida en suelo luxemburgués desde Juan el Ciego, en 1296.

    Guillermo IV (1852-1912), sucedió a su padre en 1905 pero pocos años después sus problemas de salud lo obligaron a nombrar regente a su esposa, la infanta portuguesa doña María Ana de Braganza. Muerto en 1912 sin descendencia masculina, se recurrió a un estatuto familia en virtud del cual se declaraba monarca a María Adelaida como la sucesora.

    María Adelaida de Luxemburgo

    María Adelaida era, desde la muerte de la emperatriz María Teresa en 1780, la primera mujer en ocupar el trono de Luxemburgo. El discurso de la joven Gran Duquesa durante su ceremonia de juramento reflejó una concepción del papel de Jefa de Estado muy diferente a la de su padre y declaró su interés por los asuntos políticos y sociales.

    Inspirada en el lema ‘Judicate Juste!’ del emperador Enrique VII de la Casa de Luxemburgo, declaró: “Es el deseo de juzgar de acuerdo con los requisitos de la justicia y la equidad lo que inspirará todas mis acciones. ¡Solo la ley y el interés general me guiarán!”

    María Adelaida de Luxemburgo

    “Juzgar con justicia, ¿no es justicia igual para todos, pero también justicia que protege a los humildes ya los débiles? La creciente desigualdad económica entre los hombres es la grave preocupación de nuestro tiempo. La paz social, tan ardientemente deseada, ha sido hasta ahora un ideal elusivo. ¿No es necesario trabajar por el acercamiento y la solidaridad?”

    Sin embargo, este discurso muy social también indicó que Marie-Adélaïde quería tener voz en la dirección política que estaba tomando el país. La gran duquesa, devota católica, estaba convencida, ante nada, de ser soberana “por la gracia de Dios”.

    María Adelaida de Luxemburgo

    Aunque los historiadores coinciden en que en ningún momento María Adelaida excedió sus derechos constitucionales, la mayoría parlamentaria de izquierda (socialdemócratas y liberales) consideró desde el principio del reinado que su intervención activa en la política era contraria al espíritu de la Constitución.

    En 1914, las tropas alemanas invadieron el pequeño país, y tanto el Gobierno como la gran duquesa María Adelaida, impotentes, se vieron obligados a aceptar la violación de la neutralidad luxemburguesa.

    Los ocupantes alemanes no intervinieron excesivamente en la política interior luxemburguesa, pero María Adelaida decidió participar más directamente en los asuntos políticos, pero, mal aconsejada, quiso imponer un Gobierno de derechas minoritario y se enemistó con la oposición, que la acusó de violar el espíritu de la Constitución.

    María Adelaida de Luxemburgo

    La gran duquesa recibiendo al káiser de Alemania en palacio en plena guerra se convirtió en un símbolo de la cercanía de la clase política luxemburguesa a las fuerzas invasoras, y los Aliados criticaron duramente la actitud complaciente de Luxemburgo hacia Alemania.

    Este país no ha cumplido con su deber y no merece ser mantenido en su estado actual”, protestó el ministro francés Poincaré, mientras el gobierno de Bélgica, a su vez, vio la oportunidad de reiterar sus reclamos sobre el territorio de Luxemburgo.

    La tormenta política arreció Luxemburgo tras la guerra. Las fuerzas antimonárquicas y anexionistas se unieron, mientras los socialistas y liberales exigieron que la gran duquesa y su familia fueran despojados de su poder.

    María Adelaida de Luxemburgo

    María Adelaida fue acusada de haber adoptado una actitud pro-alemana y, tras violentos disturbios antidinásticos, fue sometida a la presión de abdicar. El 9 de enero de 1919 estallaron disturbios revolucionarios en la capital donde la pequeña Compagnie des Volontaires (Compañía de Voluntarios) se amotinó, mientras los liberales y socialistas proclamaban la república. Francia envió tropas a Luxemburgo para restaurar la calma y el orden.

    Para apaciguar los llamamientos a la abolición de la Monarquía, la gran duquesa María Adelaida, que estaba soltera y no tenía hijos, decidió abdicar en favor de su hermana menor, la princesa Carlota. El 28 de septiembre de 1919, el 80% de los luxemburgueses votaron en referéndum a favor del mantenimiento de la Monarquía.

    Después de abdicar, María Adelaida ingresó en un convento en Módena, Italia, donde adoptó el nombre de “María de los Pobres”, aunque finalmente lo abandonó por motivos de salud. La ex soberana comenzó entonces a estudiar medicina en Múnich, pero murió el 24 de enero de 1924 de una forma de gripe en el Castillo de Hohenburg, residencia de la familia gran ducal en Baviera donde también vivía su madre, María Ana. María Adelaida tenía entonces sólo 29 años.

    María Adelaida de Luxemburgo

    En su biografía “Marie-Adelheid. Eine politische Biographie” (publicada en 2019) Josiane Weber relata la muerte de la joven soberana: “…hacia el mediodía, su madre María Ana, su tía, la condesa Bardi, sus hermanas Hilda, Antonia y Sofía y otros miembros de la casa se arrodillaron alrededor de la cama de María Adelaida. Notaron un cambio inesperado en su rostro, que se volvió blanco y brillante. De repente, apretó las extremidades, juntó las manos sobre el pecho, los miró a todos y susurró: ‘No lloren por mí. Sean felices conmigo’. Sus ojos se cerraron y luego vinieron las palabras, como si las hubiera pronunciado sola: ‘Alegría, alegría. ¡Oh felicidad de ser feliz!’. Murió en horas de la tarde, alrededor de las 13.30 horas”.

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  • Nació el príncipe Balthazar: sus títulos reales y lugar en la sucesión al trono de Luxemburgo

    La familia real de Luxemburgo anunció que la princesa Claire y el príncipe Félix tuvieron a su tercer hijo el 7 de enero. Como nieto de los grandes duques, tiene un título real y un lugar en la sucesión al trono.

    El recién nacido, que recibió los nombres de Balthazar Félix Karl, llegó apenas un día después de las celebraciones de la Epifanía, una fiesta cristiana que conmemora la visita de los Reyes Magos en la historia de la natividad.

    Un comunicado compartido en nombre de la pareja en Instagram confirmó la noticia. Decía: “Con gran alegría anunciamos el nacimiento de nuestro hijo. El príncipe nació el 7 de enero de 2024 en la Maternité Grande-Duchesse Charlotte”.

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    Balthasar de Nassau
    El príncipe Balthazar de Nassau con sus padres, el príncipe Félix y la princesa Claire de Luxemburgo, y sus hermanos mayores.

    Qué título real y lugar en la sucesión al trono le corresponden al príncipe Balthazar

    Balthazar ostenta desde su nacimiento el título de “Príncipe de Nassau” y es el séptimo nieto del gran duque Enrique y de su esposa, la gran duquesa María Teresa. 

    Según las reglas hereditarias del gran ducado, que no discriminan entre hombres y mujeres, el tercer hijo del príncipe Félix y la princesa Claire ocupará el séptimo lugar en la sucesión al trono gran ducal.

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    Los padres de Balthasar, el príncipe Felix, de 39 años, y la investigadora de bioética Claire Lademacher, de 38, se conocieron mientras estudiaban en el internado suizo Collège Alpin International Beau Soleil.

    Se casaron el 17 de septiembre de 2013 y vivieron en el sur de Francia, en el Château Les Crostes, una bodega en Lorgues que ha sido propiedad de la familia de Claire, los Lademachers, durante muchos años.

    Quién es quién en la sucesión al trono de Luxemburgo

    La familia real de Luxemburgo
    Reinante en Luxemburgo desde 1890, la casa de Nassau está representada hoy por el gran duque Enrique.

    La línea sucesoria está encabezada por el gran duque hereditario Guillermo, el hijo mayor de los grandes duques, de 42 años, y sus dos hijos, el príncipe Carlos, de 3 años, y el príncipe Francisco, de cuatro meses.

    Cuarto en la sucesión al trono es el príncipe Félix, de 39 años, seguido por sus tres hijos: la princesa Amalia de Nassau, de nueve años, y el príncipe Liam de Nassau, de siete. 

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    A continuación vienen el príncipe Luis, de 37 años, tercer hijo de los grandes duques, y sus dos hijos: el príncipe Gabriel de Nassau, 17 años, y el príncipe Noah de Nassau, 16. 

    La princesa Alejandra, la única hija del gran duque, ocupa el décimo lugar en la sucesión, antes de su hermano menor, el príncipe Sebastian, de 32 años, que actualmente se encuentra actualmente soltero y sin hijos.

    Se espera que el noveno nieto de los grandes duques de Luxemburgo, el primer hijo de la princesa Alejandra y Nicolas Bagory, nazca en la primavera de 2024, y se ubique en el 11° lugar en la sucesión al trono.

  • Nació el príncipe Balthazar: los grandes duques de Luxemburgo fueron abuelos por octava vez

    Los grandes duques de Luxemburgo, Enrique y María Teresa, fueron abuelos por octava vez con el nacimiento de un niño, tercer hijo del príncipe Félix y su esposa, Claire Lademacher. 

    “Estamos felices de anunciar el nacimiento de nuestro hijo, el Príncipe Balthazar Félix Karl”, dijeron los príncipes Félix y Claire en un comunicado. 

    Félix y Claire de Luxemburgo
    Los príncipes Félix y Claire de Luxemburgo tienen ya dos hijos: la princesa Amalia de Nassau, de 10 años, y el príncipe Liam, de 7.

    Los príncipes agregaron que el niño nació el 7 de enero de 2024 en el Hospital de Maternidad Grand Duchess Charlotte, en la capital del gran ducado, y que se encuentra “en perfecto estado de salud”.

    El príncipe Félix y Claire, que se conocieron mientras estudiaban en el Collège Alpin International Beau Soleil en Suiza, se casaron el 17 de septiembre de 2013 en la basílica Sainte Marie-Madeleine de Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, en el sur de Francia. 

    “Estamos felices de anunciar el nacimiento de nuestro hijo, el Príncipe Balthasar Félix Karl”, dijeron los príncipes Félix y Claire, que se casaron en 2013 en Francia.

    Nacida en Alemania, Claire Margareta Lademacher es la segunda hija de Hartmut y Gabriele Lademacher y tiene un hermano mayor, Félix Lademacher. Pasó su infancia con su familia en Useden (distrito de Alto Taunus, Alemania).

    El 15 de junio de 2014 nació en Luxemburgo la primera hija de la pareja, la princesa Amalia Gabriela María Teresa. Dos años después, el 28 de junio de 2016, nació el segundo hijo, el príncipe Liam Henri Hartmut, en la Clinique Générale-Beaulieu en Ginebra.

    Nació el príncipe Balthazar: títulos reales y lugar en la sucesión al trono de Luxemburgo

    Balthasar de Nassau
    Balthazar, octavo nieto del gran duque Enrique de Luxemburgo, tendrá el título de Príncipe de Nassau.

    Según las reglas hereditarias del gran ducado, que no discriminan entre hombres y mujeres, el tercer hijo del príncipe Félix y la princesa Claire ocupará el séptimo lugar en la sucesión al trono gran ducal.

    El príncipe Balthazar y sus hermanos mayores, Amalia y Liam, no son considerados miembros de la Casa Gran Ducal de Luxemburgo, pero ostentan el título de Príncipes de Nassau, como descendientes de la familia real en línea directa.

    Se espera que el noveno nieto de los grandes duques de Luxemburgo, el primer hijo de la princesa Alejandra y Nicolas Bagory, nazca en la primavera de 2024.

    Lea además: Quién es quién en la realeza: el príncipe Félix de Luxemburgo

  • Alejandra de Luxemburgo será madre por primera vez: el bebé nacerá en abril de 2024

    La princesa Alejandra de Luxemburgo y su esposo, Nicolas Bagory, serán padres por primera vez: el bebé nacerá en abril de 2024, anunciaron los grandes duques Enrique y María Teresa este 18 de diciembre.

    “Sus altezas reales el gran duque y la gran duquesa tienen la inmensa alegría de anunciar que la Princesa Alexandra y el Sr. Nicolas Bagory están esperando su primer hijo”, dijo la corte real en un comunicado.

    Alejandra de Luxemburgo y Nicolas Bagory
    El comunicado de la corte real sobre el embarazo de la princesa Alejandra.

    La nota concluía: “El nacimiento está previsto para la primavera. El Gran Duque, la Gran Duquesa y los miembros de las dos familias se unen en esta gran felicidad”.

    Quién es la princesa Alejandra de Luxemburgo: será madre por primera vez en 2024

    Alejandra de Luxemburgo y Nicolas Bagory se casaron en abril de 2023.
    Alejandra de Luxemburgo y Nicolas Bagory se comprometieron en 2021.

    La princesa Alejandra, de 32 años, es la única hija de los grandes duques y tiene cuatro hermanos: el príncipe heredero Guillermo y los príncipes Félix, Luis y Sebastián.

    Educada en la escuela Angelsberg de Luxemburgo y en el Lycée Vauban de Luxemburgo, la princesa estudió posteriormente psicología y ciencias sociales en Estados Unidos, filosofía en París y completó sus estudios en el Trinity College de Dublín. 

    Alejandra de Luxemburgo y Nicolas Bagory
    Boda civil de la princesa Alejandra y Nicolas Bagory en el Ayuntamiento de la ciudad de Luxemburgo.

    Desde 2017, la princesa tiene una maestría en estudios interreligiosos de la Escuela Irlandesa de Ecuménica con especialización en resolución de conflictos. Además de ser una miembro activa de la realeza y sexta en la línea de sucesión al trono, también trabaja como lingüista profesional

    El 29 de abril de 2023, Alejandra, hija de los grandes duques de Luxemburgo, se casó con su novio Nicolas Bagory en la iglesia de Saint Trophyme en Bormes-les-Mimosas siete días después de su boda civil en el ayuntamiento.

    Su esposo, Nicolas Bagory creció en Bretaña (Francia), y, según se informa, estudió ciencias políticas y clásicos en la universidad. Ahora radicado en París, este hombre de 33 años trabaja en proyectos sociales y culturales.

    Alejandra de Luxemburgo y Nicolas Bagory
    Alejandra de Luxemburgo y Nicolas Bagory se casaron en la iglesia de Saint Trophyme en Bormes-les-Mimosas.

    La sucesión al trono de Luxemburgo: el lugar que ocupará el hijo de la princesa Alejandra

    El primer hijo de la princesa Alejandra será el octavo nieto del gran duque Enrique y la gran duquesa María Teresa, que reinan sobre el pequeño gran ducado europeo desde 2000.

    Según las reglas hereditarias del gran ducado, que no discriminan entre hombres y mujeres, el hijo de la princesa Alejandra y Nicolas Bagory ocupará el octavo puesto en la sucesión al trono.

  • Josefina Carlota de Luxemburgo, la princesa belga que “predijo” la muerte de su madre

    La princesa Josefina-Carlota Ingeborg Elisabeth Marie-Jose Marguerite Astrid de Bélgica (o “Pequeña Jo”, como la llamaban en la familia) era la primogénita del rey Leopoldo III y su primera esposa, la princesa Astrid, hija del príncipe Carlos de Suecia. Nació en Bruselas el 11 de octubre de 1927 y los padres eligieron sus nombres en recuerdo de Josefina de Beauharnais, la primera esposa del emperador Napoleón Bonaparte y fuente de fascinación para Astrid, y Carlota, como un homenaje a la gran duquesa de Luxemburgo, una mujer que más tarde jugará un papel importante en la vida de la princesa.

    Leopoldo y Astrid fueron padres comprometidos, estaban fuera de casa durante meses por motivos oficiales. Josefina-Carlota y Balduino siempre se quedaban en Bélgica con un ejército de institutrices y niñeras. Durante las vacaciones, los niños solían visitar a sus abuelos Carlos e Ingeborg en su casa de verano en Fridhem, Suecia. 

    Tres años después del nacimiento de Josefina-Carlota nació su hermano, el futuro rey Balduino. Pero la vida relativamente despreocupada de Leopoldo y Astrid llegó a un abrupto final el 17 de febrero de 1934, cuando el rey Alberto I murió inesperadamente mientras escalaba montañas en Marche-les-Dames. Al instante, Leopoldo y Astrid se convirtieron en los nuevos reyes mientras esperaban a su tercer hijo, el príncipe Alberto.

    Leopoldo III y Astrid heredaron un país que, como el resto de Europa, sufre la Gran Depresión y enfrenta varias crisis gubernamentales. Al mismo tiempo, estaban mal preparados para su tarea porque Alberto I los había mantenido en gran medida al margen de los asuntos estatales. Sin embargo, no se dieron por vencidos. La nueva reina creó un comité que recauda bienes y dinero para las personas afectadas por el malestar económico. Las imágenes la muestran clasificando paquetes de ayuda con la pequeña Josefina-Carlota, el truco de relaciones públicas perfecto. La reina también salía a pasear con sus hijos por Bruselas, para sorpresa de los transeúntes. “Había que comportarse con dignidad en público”, recordó más tarde Josefina-Carlota. “Pero eso fortaleció la vida familiar. Incluso si sus hijos tuvieran que saludar al público, podrían ser niños normales en casa”. 

    La muerte de la reina Astrid cayó como un bomba en la familia

    En 1935, la bella reina Astrid murió en un accidente de coche en Suiza cuando su marido perdió el control del coche. Astrid había sido adorada en Bélgica desde que llegó allí, vestida de blanco, en 1926; su novio corrió a su encuentro y se abrazaron en público (algo que la realeza no había hecho antes). La noticia cae como una bomba: Astrid era inmensamente popular entre gran parte de la población y todo el país se sumergió en un profundo período de luto, compadeciéndose del joven rey viudo y sus tres niños.

    De los tres hijos de Astrid, solo Josefina-Carlota tenía edad suficiente para darse cuenta de lo sucedido. Muchos años después, recordó el momento en que se enteró de la muerte de su madre: “La dama de honor de mi madre, Madame du Roy, a quien adorábamos, era más que una dama de honor, también era amiga de mi madre, vino a verme en el jardín. Corrí hacia ella. Ella dijo: ‘Sabes, tu madre está resfriada. No volverá mañana, tendrá que quedarse en Suiza un poco más’. Le dije: ‘No, Madame du Roy, sé que está muerta’”.

    La noticia también golpeó fuerte a los padres de la reina Astrid, sobre todo cuando unos días después recibieron en Suecia una carta que su hija escribió poco antes de morir en Suiza y en la que revela una macabra predicción de Josefina-Carlota: “La pequeña Josefina encontró un cabello blanco en mi cabeza. Ella me dijo: ‘Ahora te vas a morir, mamá’”. “Mi pobre abuela, la princesa Ingeborg, sólo recibió esa carta cuando mi madre ya estaba muerta. Fue un shock terrible para ella”, recordó años más tarde la gran duquesa.

    La educación de Josefina-Carlota, Balduino y Alberto recayó aún más que antes en manos de institutrices y niñeras mientras la corte de Bruselas profundizaba el luto. Esto no cambió el hecho de que Josefina-Carlota, como hermana mayor, se convirtió espontáneamente en una especie de madre para sus dos hermanos menores. El vínculo que crearon de esta manera es estrecho y durará toda su vida. Más de una vez, Balduino y Alberto recurrieron a su hermana mayor en busca de consuelo o buenos consejos en momentos de duda o adversidad.

    Prisioneros de los nazis y víctimas del frío y el hambre

    Cuando la Alemania nazi invadió Bélgica el 10 de mayo de 1940, la vida de los hijos del príncipe volvió a verse completamente trastocada. Como medida de precaución, Leopoldo III los envió primero a Francia bajo el cuidado del vizconde Gatien du Parc, instructor de los dos príncipes durante varios años, y luego a San Sebastián, España, donde el dictador Francisco Franco se asegura personalmente de que allí sean recibidos con los brazos abiertos. Durante tres meses los niños no tuvieron noticias de su padre, ni él de ellos. 

    Después de una lucha de 18 días, el rey pidió un armisticio, consciente de que no podía hacer más para ayudar a los aliados y ansioso por evitar a sus compatriotas más derramamiento de sangre. Se dejó tomar prisionero por los nazis. El almirante Sir Roger Keyes, que estuvo con el rey en todo momento, confirmó que ésta era la única opción de Leopoldo, pero esto no salvó al rey de una avalancha de abusos venenosos por parte de Paul Reynaud, el primer ministro de Francia, e incluso de Churchill. Durante todo este período, Leopoldo III se negó a colaborar con los alemanes. 

    En agosto de 1940 la costa vuelve a ser suficientemente segura y Josefina-Carlota y sus hermanos regresaron a Bélgica. Un soldado alemán les esperó en la frontera entre España y Francia para llevarlos hasta su país de origen. La princesa no se mostró contenta con ese perro guardián, pero aún así, tuvo que tolerar a los guardias alemanes en su vida durante los próximos dos años, los que pasaron bajo guardia alemana en el Castillo de Ciergnon en las Ardenas mientras Leopoldo permanecía en el Castillo de Laeken, cerca de Bruselas.

    Los belgas se sorprendieron al saber que el rey se había vuelto a casar en 1941 con una mujer inteligente y guapa llamada Liliane Baels. Un periódico llegó incluso a declarar: “Pensábamos que usted compartía nuestro dolor, pero enterró su dolor en los hombros de otra mujer”. Pero con la llegada de la princesa Lilian, los tres hijos de la difunta Astrid pudieron por un tiempo llevar una vida más normal.

    En 1944, el rey, su esposa y sus hijos fueron llevados a Alemania por orden de Himmler en un convoy de 200 hombres de las Waffen SS. Desde junio de 1944 hasta mayo de 1945 estuvieron encarcelados en Hirchstein-on-Elbe, soportando un invierno terriblemente frío en las condiciones más penosas mientras las SS y la Gestapo los vigilaban de cerca. Con poco para comer, Josefina-Carlota se vio obligada a consumir dientes de león en el parque. 

    La Alemania nazi sufrió una derrota tras otra y en febrero de 1945 el Ejército Rojo soviético se había acercado demasiado. Por lo tanto, Hitler envió a Leopoldo III y su familia a Strobl, en Austria, donde les dieron refugio en una villa. Allí también la comida escaseaba y los guardias nazis vigilaban de cerca. No fue hasta el 7 de mayo de 1945 que su terrible experiencia finalmente terminó cuando los soldados estadounidenses del Séptimo Ejército liberaron a los príncipes belgas. Los estadounidenses les proveyeron raciones, incluida mantequilla de maní, de la cual la joven “Jo”, de 18 años, se comió una lata entera y, como resultado, se enfermó violentamente.

    Después de la guerra, el rey y su familia permanecieron exiliados en Suiza durante cinco años más, mientras el país estaba bajo la regencia del excéntrico hermano de Leopoldo, el príncipe Carlos. En principio, el rey podía regresar y hacerse cargo nuevamente, pero se negaba, en parte porque está en desacuerdo con el gobierno y, por extensión, con la política. La población le guardaba resentimiento por haberse vuelto a casar durante la guerra. 

    Durante la llamada “Cuestion Royale”, Leopoldo III, la princesa Lilian y los niños permanecieron voluntariamente en Le Reposoir, una encantadora finca con castillo en Pregny, Suiza. Allí los seis hijos disfrutaron de los años más felices de sus vidas, lejos de la agitación política en Bélgica, y volvieron a convivir en un contexto familiar normal. La princesa Josefina-Carlota se matriculó en la Escuela Universitaria de Ginebra, donde recibió lecciones del famoso pedagogo Jean Piaget.

    En abril de 1949, Leopoldo III envió a Josefina-Carlota a Bélgica, siendo el primer miembro de la familia real que volvió a pisar suelo nacional desde la Segunda Guerra Mundial. La princesa visitó varias ciudades importantes a modo de prueba para ver cómo reacciona la población y pulir la imagen de la monarquía. Era terriblemente tímida, pero le fue muy bien y el público la recibió con cariño, especialmente por el gran parecido físico con su madre que había adquirido. El 12 de marzo de 1950 volvió a Bélgica, esta vez para emitir su voto en el plebiscito que determinó el destino de Leopoldo III.

    Enamorada de un piloto, pero casada con un príncipe heredero

    En 1950, el plebiscito votó a favor del regreso del rey, pero cuando lo hizo se produjeron disturbios que hicieron temer una guerra civil. Al año siguiente, Leopoldo III abdicó en favor de su hijo mayor, Balduino. Josefina-Carlota regresó definitivamente a su país y comenzó a desempeñar funciones oficiales. Su estatus y, por extensión, el de las mujeres en la Corte era tan ambiguo como poco claro, porque desde la muerte de Astrid, Bélgica ya no tiene una reina como tal . Al mismo tiempo, la familia real tiene 3 “primeras damas”: Josefina-Carlota, su madrastra Lilian y su abuela la reina Isabel (viuda de Alberto I), para desempeñar ese papel interinamente mientras que Balduino estaba soltero.

    El 7 de noviembre de 1952, esta difícil situación se resolvió en cierta medida cuando el Palacio anunció que Josefina-Carlota se había comprometido con Juan de Luxemburgo, hijo y heredero de su madrina, la gran duquesa Carlota. La noticia no fue una verdadera sorpresa, ya que los rumores de matrimonio rondaban desde 1948, cuando el príncipe visitó a la princesa mientras ella aún vivía en Pregny. La historia cuenta que Josefina-Carlota en realidad estaba enamorada de un piloto, pero que finalmente acepta la mano de Juan por sentido del deber.

    La boda se celebró en abril de 1953. Unos días antes, Josefina-Carlota se dirigió a los belgas en un mensaje de radio para anunciar que entregaría todas las donaciones que haya recibido a un fondo nacional belga para combatir la parálisis infantil. “Los dejaré dentro de unos días”, concluye. “Entonces tendré nuevas obligaciones que cumplir. Pero nunca olvidaré mi país natal y me siento feliz de seguir viviendo tan cerca de este país y de mi querida familia. Que Bélgica sea siempre próspera y que cada uno de vosotros sea siempre feliz”.

    La ceremonia nupcial se desarrolla con gran pompa. Miles de belgas viajaron a la ciudad de Luxemburgo para saludar a Josefina-Carlota y Juan, que fueron arropados por toda la familia real de Bélgica, al igual que otras cabezas coronadas como la reina Juliana de los Países Bajos. Varios periodistas notaron que Josefina-Carlota se tambaleaba en la iglesia y algunos dijeron que se desmayó. 

    Después de casarse, Josefina y Juan se instalaron en una mansión en Betzdorf, donde formaron tranquilamente una familia. En total tuvieron cinco hijos, incluido el actual Gran Duque, Enrique, otros dos hijos y dos hijas, una de las cuales, la princesa María Astrid, fue propuesta como posible esposa del Príncipe de Gales en la década de 1970.

    El 12 de noviembre de 1964, la gran duquesa Carlota abdicó formalmente en favor de Juan. Josefina-Carlota se convirtió en Gran Duquesa y en la tercera princesa de Bélgica convertida en soberana consorte, después de la princesa Carlota, que fue brevemente emperatriz de México, y de su tía, la princesa María José, que fue brevemente reina de Italia. Además, la princesa Estefanía, segunda hija del rey Leopoldo II, estaba destinada a ser Emperatriz de Austria-Hungría, pero su marido Rodolfo de Habsburgo se suicidó cuando aún era príncipe heredero.

    Durante su reinado de 36 años, Josefina-Carlota y Juan fueron populares en Luxemburgo. Visitaron los 12 cantones del Gran Ducado, visitaron al Papa Pablo VI en Roma y realizaron visitas oficiales a Brasil, Bélgica y Francia. Josefina-Carlota desempeñó perfectamente su papel, aunque siempre reservada, por lo que nunca se ganó realmente el corazón de los luxemburgueses. Ella tampoco llegó a dominar completamente su idioma, aunque recibió muchos elogios, incluso como presidenta de la Cruz Roja de Luxemburgo, de las Niñas Exploradoras y de otras decenas de organizaciones.

    A finales de la década de 197, el príncipe heredero Enrique se enamoró de María Teresa Mestre y Batista, hija de un banquero cubano finales de los años 1970, a quien había conocido mientras estudiaba en la Universidad de Ginebra. La relación y el posterior compromiso, se desarrolló en contra de los deseos de Josefina-Carlota y de su suegra, la gran duquesa Carlota, porque deseaban que el heredero del trono se casara con una mujer de la realeza. Pero el príncipe se mantuvo firme y finalmente se casó con María Teresa en 1981.

    La relación entre Josefina-Carlota y su nuera nunca fue buena, en parte porque las dos mujeres tienen caracteres diferentes. Sin embargo, María Teresa triunfó donde su suegra había fracasado: supo cómo hacerse popular entre la población y aprendió el idioma luxemburgués con fluidez. “Mi suegra quiso destruir mi matrimonio por mi origen plebeyo”, diría María Teresa, al relatar a unos periodistas que su suegra difundió el rumor de que Enrique tiene una aventura con otra mujer y que a su nuera le gustaría regresar a Cuba. Los informes de los diarios belgas Le Soir y Le Quotidien decían que Josefina-Carlota la llamaba de forma despectiva “la criolla” y “la pequeña cubana”.

    En los años siguientes, Josefina-Carlota  permaneció discretamente en un segundo plano. En Bélgica, el público en general apenas la recordaba, pero solía volver en momentos importantes, como el funeral de su padre Leopoldo III en 1983 o la muerte de su hermano Balduino en 1993. En 2020, el gran duque Juan abdicó al trono en favor de Enrique y el matrimonio se retiró al Castillo de Fischbach y desde entonces la salud de la gran duquesa se deterioró. En 2003, la corte anunció que padecía cáncer de pulmón y murió dos años más tarde a los 77 años.

    En 2002 Josefina-Carlota había sorprendido a su familia al aceptar participar en un documental realizado en Dinamarca sobre los descendientes del rey Christian IX de Dinamarca, su antepasado. En el programa, la gran duquesa contó la historia de su primer encuentro con el príncipe Jorge de Grecia, presentado a ella como “Tío Goggi”. Recordó cómo él procedió a quitarse la dentadura postiza y la persiguió por la habitación, intentando dejarla caer por el escote de su vestido de noche.

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  • La dramática vida de la princesa Antonia, que sobrevivió a las torturas de los nazis en los campos de concentración

    Cuando en 1940 las tropas nazis invadieron el gran ducado de Luxemburgo por orden de Adolf Hitler, la gran duquesa Carlota y su familia lograron huir a salvo para instalarse en el Reino Unido y Estados Unidos, donde se formó el gobierno en el exilio. Frecuentemente, la soberana emitió por radio mensajes de esperanza a sus súbditos antes de retornar al país, casi como una heroína de la resistencia. Diferente fue la historia de su hermana, la princesa Antonia, que quedó profundamente afectada de por vida por haber sido encarcelada junto a sus hijas en varios campos de concentración nazis y en las más aterradoras circunstancias.

    La princesa Antonia de Luxemburgo -bautizada como Antoinette Roberte Sophie Wilhelmine- nació el 7 de octubre de 1899 como la cuarta hija del futuro gran duque Guillermo IV y de su esposa la infanta portuguesa María Ana de Braganza. A los diecinueve años, Antonia se comprometió con el príncipe heredero de Baviera, Ruperto, en un enlace que levantó las cejas de muchos en Luxemburgo: en plena guerra contra los alemanes, no fue bien recibido que una de sus princesas se casara con el heredero de un trono alemán que había sido mariscal del ejército del káiser durante la contienda. Por otra parte, Ruperto (hijo del rey Luis III de Baviera) tenía treinta años más que Antonia y era viudo.

    El compromiso fue cancelado al finalizar la Primera Guerra Mundial, cuando Ruperto no era muy apreciado en el gran ducado, donde la gente lo apodó “el verdugo de Luxemburgo”. El rey Luis III abdicó al trono poco antes de que el káiser Guillermo II se exiliara y la monarquía alemana cayera. Baviera se convirtió en una república y por primera vez en 800 años no estaría gobernada por la prestigiosa dinastía Wittlesbach, que había dado a la historia personajes tan célebres y trágicos como el “rey loco” Luis II, gran constructor de castillos, y la emperatriz “Sissi” de Austria. Ruperto siguió siendo el “kronprinz” de un reino que ya no existía.

    A principios de 1921, Antonia volvió a comprometerse con el príncipe Ruperto pese al desagrado internacional. La boda se celebró en el Castillo Hohenberg, la casa de verano de la familia gran ducal en Baviera, y lugar de nacimiento de Antonia. En defensa de Ruperto y su matrimonio, la princesa Antonia dijo: “Lo amo más que a mi vida”, mientras que el príncipe afirmó que su amor por ella lo hizo sentir como un hombre joven nuevamente.

    En los años siguientes la princesa fue madre de seis hijos (Heinrich, Irminggard, Editha, Hilda, Gabrielle y Sophie) y la familia vivió en Baviera, el lugar de nacimiento de Hitler y origen del nacionalsocialismo. Ruperto, que decía estar “convencido de que el Führer estaba loco” se estableció como opositor del líder en auge y mantuvo conversaciones con figuras europeas de alto nivel para analizar la situación a la que llevaría a Alemania.

    Negándose a adornar las residencias de la dinastía Wittelsbach con la cruz esvástica, como exigía Hitler a todas las familias nobles y reales alemanas que, en un principio, se mostraron serviles al fuhrer, el príncipe Ruperto también anhelaba la restauración de la monarquía en Baviera como y continuó siendo respetado por muchos de sus antiguos súbditos. Cuando en 1939 la familia real bávara participó de un complot contra Hitler, y la poderosa Gestapo se apoderó de todas sus propiedades de Wittelsbach y la familia debió escapar a Italia.

    Después de la “Operación Valquiria”, en la que un aristócrata alemán, con el apoyo de personales poderosos, atentó sin éxito contra la vida de Hitler en 1944, Ruperto y su hijo mayor, el príncipe Heinrich, fueron señalados como opositores al régimen nazi y una orden de captura pesó sobre ellos. Se alejaron de la princesa Antonia y del resto de la familia y pasaron a la clandestinidad en Italia.

    Los nazis emplearon el “Sippenhaft”, la noción de responsabilidad familiar y de que toda una familia es responsable de las acciones de uno de los miembros de la familia, para perseguir a todos los Wittenbach. De esta forma, a mediados de 1944 la Gestapo capturó a la princesa Antonia y a sus tres hijas menores en Italia. Algunos relatos dicen que la princesa, que estaba muy enferma, fue abandonada en un hospital de Innsbruck, mientras que sus hijas fueron llevadas al campo de concentración de Sachsenhausen-Oranienburg, a las afueras de Berlín. La princesa Irmingard, su hija mayor, también estaba enferma y fue capturada y llevada al mismo hospital que su madre.

    Existen diferentes versiones sobre lo que sucedió con la familia después, pero lo cierto es que Antonia y sus hijos fueron detenidos por los nazis y recluidos en distintos campos de concentración, como Sachsenhausen, Flossenburg y Dachau, donde fueron torturados cruelmente, hasta 1945. Durante su estancia en Flossenburg, Antonia sufrió torturas a manos de los nazis, que la presionaban para que revelara el paradero de su marido, sin que ella hablara. Según algunas versiones, la princesa Antonia fue encontrada y liberada por los aliados en abril de 1945 en un hospital de Jena, a 30 kilómetros del campo de Buchenwald. Su estado era deplorable y pesaba menos de 40 kilos.

    Los siguientes años fueron difíciles para la princesa luxemburguesa, que nunca recuperó totalmente su salud física y mental después del encierro. La princesa fue llevada por su hermana, la gran duquesa Carlota, a Luxemburgo, donde pasó varios meses antes de marcharse a Italia y luego a Suiza. La última princesa heredera de Baviera juró nunca regresar a suelo alemán, rara vez volvió a hablar con alguien sobre su dolorosa experiencia y murió nueve años después, el 31 de julio de 1954 en la ciudad suiza de Lenzerheide.

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  • El rol del gran duque Enrique en la democracia de Luxemburgo

    El gran ducado de Luxemburgo celebró el domingo 8 de octubre unas elecciones en las que el líder del Partido Popular Socialcristiano de Luxemburgo, Luc Frieden, resultó ganador. Acto seguido, el gran duque Enrique, soberano del país desde hace veintitrés años, ejecutó uno de los más importantes actos que le ordena la Constitución del país: invitó al ganador a formar el próximo gobierno.

    Siguiendo la tradición política, el primer ministro saliente, el liberal Xavier Bettel, presentó la dimisión de su Gobierno al día siguiente de las elecciones ante el monarca. Su partido -una coalición tripartita de liberales, socialistas y verdes- quedó tercero, aunque Bettel permanecerá como encargado del gobierno hasta que se forme el nuevo. 

    Al día siguiente el gran duque Enrique, de 58 años, invitó a los líderes de los partidos al Palacio Gran Ducal para discutir los resultados de la votación y decidió los próximos pasos: anunció que había “invitado a Luc Frieden a una audiencia para nombrarlo líder del nuevo gobierno”, lo que le da al ex ministro de Finanzas grandes posibilidades de suceder a Bettel. 

    Enrique de Nassau ascendió al trono el 7 de octubre de 2000 tras la abdicación de su padre, el gran duque Juan, para convertirse en el sexto monarca de la Casa de Nassau. Como monarca constitucional, el gran duque tiene poderes limitados, pero grandes deberes formales y ceremoniales para representar al país a nivel internacional.

    Como monarca constitucional de Luxemburgo, el Gran Duque tiene poderes limitados, incluidos deberes formales y ceremoniales para representar al país a nivel internacional, otorgar honores oficiales y firmar leyes. El gran duque es también Jefe de Estado, comandante en jefe de las fuerzas armadas y preside el Consejo de Estado de Luxemburgo. En términos de gobernanza diaria, el poder ejecutivo del país recae en el Primer Ministro.

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  • Roberto de Luxemburgo subastará miles de botellas de vino de sus bodegas y donará el dinero a investigación médica

    El príncipe Roberto, primo hermano del gran duque Enrique de Luxemburgo, anunció que subastará más de 4.200 botellas de vino de sus bodegas y donará las ganancias a su fundación caritativa.

    Al frente de un gran imperio bordelés, gracias al Domaine Clarence Dillon fundado por su bisabuelo, que comprende 42 hectáreas de viñedos, el príncipe venderá su colección a través de la casa de subastas de Sotheby’s en Nueva York el 21 de mayo.

    Cualquier postor que tenga la suerte de ganar uno (o varios) de estos lotes sabrá con certeza que disfrutará de algunos de los vinos más finos y raros del mundo, al mismo tiempo que apoyará una causa que finalmente nos ayudará a todos”, dijo el príncipe.

    Sotheby’s subastará un total de 818 lotes con precios que van desde los 50 dólares (unos 47 euros) hasta los 80.000 dólares (casi 76.000 euros). Entre ellos destacan botellas de Château de Haut-Brion de 1906, 1918 y 1919, así como de los años 20, 30 y 40.

    La junta directiva de Domaine Clarence Dillon, así como otras fincas, también sumaron donaciones como experiencias de cata o veladas, estimadas entre 10.000 y 15.000 euros por lote.

    El dinero recaudado será donado a la fundación PolG, fundada por el propio príncipe Roberto para la investigación de los trastornos mitocondriales.

    El príncipe explicó que experimentó de cerca la enfermedad porque su hijo, Frederik de Nassau, sufre una mutación del gen PolG desde los 14 años. Este trastorno hace que ciertos órganos funcionen mal al debilitar las células.

    “En julio de 2016, cuando mi esposa y yo recibimos el diagnóstico de la enfermedad de Frederik, una rara enfermedad mitocondrial degenerativa relacionada con PolG, estábamos absolutamente devastados”, dijo el príncipe, que agregó que quedaron “conmocionados, asustados y desesperados”.

    Al igual que muchos padres que han perdido a un hijo o están cuidando a un niño enfermo, nos sentimos totalmente incapaces de manejar esta situación”, relató en una carta citada por Sotheby’s.

    Y continuó: “Los siguientes cinco años estuvieron compuestos por cuidados continuos, cirugías para el querido Frederik y, por supuesto, una búsqueda frenética de respuestas, terapias y una cura”. “Asistimos a conferencias y seminarios, nos reunimos con fundaciones, nuevas empresas de biotecnología, fondos, grandes farmacéuticas, médicos, investigadores y laboratorios de todo el mundo”, agregó.

    La subasta de sus vinos ayudará a la “aceleración en la investigación mitocondrial y, por lo tanto, un enfoque en una mejor comprensión de la potencia de nuestras células”, explicó.

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  • Luis de Luxemburgo canceló su boda con la abogada francesa Scarlett-Lauren Sirgue

    El príncipe Luis, tercer hijo de los grandes duques de Luxemburgo, y su prometida, la abogada francesa Scarlett-Lauren Sirgue, anunciaron la cancelación de su compromiso y su futura boda, que estaba planeada para este año.

    “No nos vamos a casar. A pesar de ello, no ha habido sombras ni problemas en nuestra pareja, sino diferencias de opinión fundamentales que nos han llevado a tomar la decisión de cancelar nuestro compromiso”, dijo la pareja en un comunicado enviado a la revista francesa Point de Vue.

    “En el momento de nuestro compromiso, obviamente discutimos las cuestiones relacionadas con la entrada de Scarlett en una familia real, con todo lo que eso implica en términos de protocolo. Esto no supuso ninguna dificultad para nosotros. Estuvimos de acuerdo en esto”, dice la nota.

    La declaración finaliza diciendo: “Es una decisión que hemos tomado de mutuo acuerdo y después de una larga consideración. Seguimos unidos por un gran respeto y una admiración genuina hacia el otro”.

    “Estamos de todo corazón con nuestro querido hijo Luis y nuestra querida Scarlett, a la que amamos. Toda la familia está con vosotros. Estamos pensamos en vosotros”, expresó la gran duquesa María Teresa, en la única reacción que la casa real de Luxemburgo tuvo después de la noticia.

    Luis, de 35 años, anunció su compromiso en abril de 2021. Nacida en Burdeos el 8 de agosto de 1991, Scarlett-Lauren es la hija menor de los abogados Pierre Sirgue y Scarlett Sigrue. Al comienzo de su carrera, trabajó junto a su madre en Derecho de Familia, antes de decidirse a centrarse más específicamente en Derecho de Víctimas.

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  • Foto: Estefanía, futura gran duquesa de Luxemburgo, cumplió 38 años

    Estefanía, futura gran duquesa de Luxemburgo, cumplió 38 años este 18 de febrero y la Corte Gran Ducal publicó un nuevo retrato de la princesa en las redes sociales para conmemorar la fecha.

    La princesa, que tiene el título oficial de gran duquesa heredera, es la esposa del gran duque heredero Guillermo y madre del príncipe Carlos, segundo en la sucesión al trono.

    Nacida el 18 de febrero de 1982 y perteneciente a una de las familias aristocráticas más antiguas de Bélgica, creció en el Castillo Anvaing, de estilo gótico-renacentista, construido en el siglo XVI en la región belga de Valonia.

    Estefanía de Lannoy es licenciada en Filología germánica por la Universidad de Lovaina y habla con fluidez francés y alemán, los idiomas del Gran Ducado, además de inglés y ruso.

    Estefanía, hija del conde Philippe de Lannoy y Alix della Faille de Leverghem, se convirtió en princesa de Luxemburgo en 2012, en la Catedral de Nuestra Señora, en una boda religiosa oficiada por el Arzobispo Jean-Claude Hollerich.

    Estefanía y Guillermo aseguraron la línea sucesoria al trono gran ducal en marzo de 2020, cuando fueron padres por primera vez de un niño. El nieto de los actuales grandes duques fue bautizado con el nombre de Carlos.

    Lea además: Quién es quién en la familia real de Luxemburgo