Por Darío Silva D’Andrea, editor de Monarquias.com
El emperador emérito de Japón, Akihito, padre del emperador Naruhito, cumplió 90 años este sábado 23 de diciembre, convirtiéndose en el primero entre los ex emperadores registrados en alcanzar la edad conocida como “sotsuju” en Japón.
El ex emperador Akihito se convirtió en el monarca japonés número 125 en enero de 1989 tras la muerte de su padre, Hirohito. Y durante los siguientes treinta años, el primer emperador que no fue considerado una deidad dedicó todos sus esfuerzos para curar las heridas provocadas por la guerra.
El reinado de 30 años del emperador Akihito, conocido con el nombre de “Heisei” (Paz Exitosa) estuvo marcado por turbulencias económicas y políticas en Japón.
El auge económico de los 80 se desaceleró durante este tiempo y Japón cayó detrás de China como la segunda economía más grande del mundo mientras acumulaba una deuda nacional sin precedentes. La era Heisei también vio a 17 primeros ministros, y solo cuatro duraron más de dos años.
Muchos japoneses se refieren a la era Heisei como las “décadas perdidas”. Pero el emperador Akihito y su esposa, la emperatriz Michiko, proporcionaron una fuente de estabilidad y confiabilidad para la sociedad japonesa durante estos tiempos inciertos.



Los soberanos consolaron a las víctimas de desastres naturales, proporcionaron un ejemplo humanitario y se convirtieron en un símbolo de la conciencia moral de Japón frente a los horrores de la Segunda Guerra Mundial.
“En la era Heisei, este nuevo estilo fue bien recibido a medida que crecía la desigualdad social y muchas personas caían en depresión y perdían la perspectiva de la vida”, dijo Hideya Kawanishi, experto en la monarquía japonesa de la Universidad de Nagoya.
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El emperador Akihito cumplió 90 años: quién fue el 126° “Tenno” de Japón
El príncipe Tsugu nació el 23 de diciembre de 1933 siendo el quinto hijo -y el primero de los varones- de Hirohito y la emperatriz Nagako.
Su nacimiento fue considerado un milagro, ya que los emperadores habían tenido cinco hijas mujeres antes que él.



El pánico reinó en la corte durante años y sus funcionarios ofrecieron a Hirohito la posibilidad de elegir a una concubina para que engendrara un heredero varón. Pero el emperador -hijo de una concubina imperial- amaba demasiado a su esposa y por eso se negó.
Buscando un cambio, Hirohito -el primer emperador que viajó fuera de Japón- intentó emular la monarquía constitucional en Gran Bretaña y contrató la autora estadounidense de libros para niños, Elizabeth Gray-Vining, como la tutora privada de su hijo, con la esperanza de que fuera un monarca moderno.
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Gray-Vining pudo inculcar ideales extranjeros en Tsugu junto con una comprensión europea del sistema monárquico. En sus memorias ella habló luego de la vida “triste y aislada” del “pobre pequeño”.
Con 18 años Tsugu se convirtió en el príncipe heredero y empezó a utilizar su nombre de adulto, Akihito. Viajó por Europa, asistió a la coronación de la reina Isabel II de Inglaterra en 1953 y se graduó en la Universidad de Gakushuin, en Tokio.



Akihito, el primer emperador que se enamoró de una plebeya y la convirtió en emperatriz
En 1959 Akihito sorprendió al mundo y rompió con las tradiciones imperiales al casarse con la hija mayor del presidente de una compañía en 1959, la elegida de su corazón por sobre las 200 candidatas de buena cuna que la corte había apartado para él.
La chica era Michiko Shoda, la primera emperatriz plebeya en los 2.600 años de historia de la monarquía japonesa. Convertida en princesa heredera, decidió criar ella misma a sus tres hijos -el futuro emperador Naruhito, la princesa Sadako y el príncipe Fumihito- lo que le valió la enemistad de su suegra y de los más altos burócratas de la corte.
La presión del estricto protocolo reinante -sumada a la oposición del ala más conservador de la casa imperial- llevaron a Michiko a padecer severos trastornos e incluso perdió el habla durante una larga temporada.



Akihito fue el primer emperador que ascendió al trono como un humano común
Con la muerte de Hirohito, en 1989, tras más de 62 años de reinado, Akihito se convirtió en el 125º emperador del Trono del Crisantemo, la monarquía hereditaria más antigua del mundo.
La tradición nipona dice que los emperadores desciendes de la diosa del Sol, Amaterasu Omikami, y cada emperador era literalmente un “kami” en la Tierra (el concepto para referirse, singular o colectivamente, a lo numinoso o divino), y su obediencia reverencial alcanzaba la categoría de culto religioso. Pero la mitología imperial fue abolida después de que Hirohito, tras la guerra, renunció a su divinidad.
Akihito fue el primer “Tenno” (Príncipe del Cielo) que era coronado como un humano, aunque las tradiciones que rodean la entronización se mantuvieron intactas.
Emperador de la paz, Akihito buscó una mayor cercanía con su pueblo y el mundo

Desde entonces Akihito trató de curar las heridas provocadas por el militarismo japonés en la Segunda Guerra Mundial en Asia.
Viajó en 1990 a Corea del Sur (donde transmitió su “profundo remordimiento” al presidente Roh Tae Woo) y octubre de 1996 (ocasión en que manifestó su “profunda tristeza”), a Tailandia, Malasia e Indonesia en 1991, y en 1992 a China (donde reconoció el “gran sufrimiento” infligido a la población entre 1931 y 1945).
En 2015, 70 años después de la rendición japonesa tras los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, el emperador dijo: “Pensando en los tiempos de paz que han perdurado tantos años después de la guerra, reflexionando sobre nuestro pasado y con un sentimiento de profundo arrepentimiento, espero sinceramente que los desastres de la guerra nunca no se repitan”.
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Más que ningún otro emperador antes que él, Akihito buscó una mayor cercanía con su pueblo y el mundo.
Junto a la emperatriz Michiko, viajó para consolar a las víctimas de catástrofes naturales y visitó residencias de ancianos e instalaciones para discapacitados. También se presentó siempre como un símbolo digno de su país en sus viajes internacionales.
En 2016 visitó Filipinas, escenario de algunas de las batallas más duras entre Japón y EEUU, que causaron la pérdida de numerosas vidas.
“Esto es algo que nosotros, los japoneses, no debemos olvidar nunca y que intentamos mantener grabado en nuestro corazón con nuestras visitas”, dijo Akihito en Manila.
La fragilidad humana del emperador Akihito de Japón

Descendiente de emperadores cuyos rostros nunca fueron vistos y sus voces jamás fueron escuchadas, Akihito fue elogiado por su personalidad cálida y franca.
En marzo de 2011 pronunció por sorpresa un discurso en la televisión tras la catástrofe causada por un terremoto y un tsunami en Fumushima.
Fue la primera vez que se dirigió al público por un acontecimiento específico durante su reinado y volvería a hacerlo cinco años más tarde para reconocer ante una audiencia muy sorprendida que ya no tenía fuerzas para seguir llevando la corona.
En 1995 a Akihito le fue extirpado un pólipo no maligno del intestino delgado. Ocho años después, en enero de 2003, el monarca superó con éxito una intervención quirúrgica para removerle un tumor canceroso en la próstata.
En diciembre de 2008 sobrevino otro accidente de salud, una hemorragia estomacal relacionada al estrés que lo obligó a aligerar su agenda oficial. En 2012 se sometió a una operación de bypass coronario.
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En 2016, en un insólito mensaje televisado, insinuó que consideraba que llegó el momento de dar un paso al costado: “Mis capacidades declinan gradualmente, me preocupa que pueda resultarme difícil desempeñar mis obligaciones como símbolo del Estado con todas mis fuerzas, como lo he hecho hasta ahora”, dijo Akihito.
En 30 de abril de 2019, Akihito pronunció su último discurso como emperador, en el que anunciaba que dejaba el trono voluntariamente a su hijo mayor, Naruhito. Japón no había vivido un episodio de este tipo desde 1817, cuando el emperador Kokaku renunció voluntariamente en favor de su hijo Ninko.
Desde entonces rara vez se ha visto a Akihito, que adoptó el título inédito de Emperador Emérito (“Joko”) y se mudó a una residencia más modesta en la que esperaba pasar sus últimos años de vida con la emperatriz Michiko, el único amor de su vida.
El emperador científico

Hombre de carácter reservado y con inquietudes científicas, Akihito se dio a conocer como un experto en taxonomía, ictiología, historia natural y conservacionismo.
Akihito heredó la pasión científica directamente de su padre, el cual, tras la guerra, había dedicado muchas horas de su vida al estudio de especies biológicas marinas en su laboratorio instalado en el Palacio Imperial.
En 2005 una nueva especie de pez de la familia de los góbidos, en cuya taxonomía Akihito estaba especializado, fue bautizada con el nombre de Exyrias akihito en honor al ictiólogo emperador.
Dos años después, los ictiólogos Watson, Keith y Marquet definieron el nuevo género Akihito de góbidos, exclusivo de las aguas dulces del archipiélago de Vanuatu y la isla de Futuna, y formado por dos especies, Akihito futuna y Akihito vanuatu.





















