Categoría: GRAN BRETAÑA

  • Así será el gran banquete que ofrecerá el rey Carlos III a Donald Trump en Windsor

    El Castillo de Windsor será el escenario de un evento diplomático sin precedentes del 17 al 19 de septiembre de 2025. El rey Carlos III, acompañado por la reina consorte Camilla, el príncipe de Gales, Guillermo, y la princesa de Gales, Kate, recibirá al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a la primera dama, Melania Trump, en una segunda visita de estado, un honor nunca antes otorgado a un mandatario estadounidense.

    El banquete, que se celebrará en el imponente Salón de San Jorge, es una demostración de la “relación especial” entre el Reino Unido y Estados Unidos, cuidadosamente orquestada para combinar pompa real con diplomacia moderna. Los preparativos, que comenzaron meses atrás, reflejan el meticuloso protocolo de la Casa de Windsor, adaptado a las circunstancias actuales, ya que el Palacio de Buckingham permanece en renovación hasta 2027.

    Banquete de Estado en Windsor
    El último banquete estatal ofrecido por Carlos III fue en julio, al presidente francés Emmanuel Macron, en el castillo de Windsor.
    Banquete de Estado en Windsor
    El último banquete estatal ofrecido por Carlos III fue en julio, al presidente francés Emmanuel Macron, en el castillo de Windsor.

    Los banquetes de estado son una tradición centenaria, diseñada para impresionar a los invitados con la grandeza de la monarquía. Para esta ocasión, el Palacio de Buckingham ha confirmado que el equipo de protocolo ha estado trabajando en cada detalle, desde la disposición de la mesa hasta el menú, supervisado personalmente por el rey y la reina consorte, Camilla.

    La planificación comenzó tras la invitación formal entregada por el primer ministro Keir Starmer a Trump en febrero de 2025, durante una reunión en la Casa Blanca, donde una carta de Carlos III proponía un encuentro previo en Escocia para afinar detalles. Este gesto, que incluye la posibilidad de una recepción informal en Balmoral o Dumfries House, subraya la importancia que el monarca otorga a esta visita.

    El Salón de San Jorge, con capacidad para 160 invitados, será el epicentro del banquete. Inspirándose en eventos anteriores, como el ofrecido al presidente sudafricano Cyril Ramaphosa en 2022, se espera que la mesa se extienda a lo largo de 50 metros, decorada con el Gran Servicio de Jorge IV, una colección de plata dorada del siglo XIX que incluye 14 soperas, 20 salseras, 140 fuentes, 288 platos llanos, 12 hieleras, 58 puestos de postres y 107 candelabros. Cada comensal dispondrá de 45 centímetros de espacio, con cubiertos y cristalería —seis copas por persona— dispuestos con precisión milimétrica, medidos por el equipo de protocolo. Más de 2.000 piezas de cubertería de plata serán utilizadas, un estándar establecido en la visita de Trump en 2019 al Palacio de Buckingham.

    El menú, aún no revelado, seguirá la tradición de Carlos III de priorizar ingredientes orgánicos y de temporada, reflejando su compromiso con la sostenibilidad. En el banquete de 2022 para Ramaphosa, se sirvió rémol a la parrilla con champiñones silvestres, faisán de Windsor relleno y un postre inspirado en la flor nacional sudafricana. En 2024, para los emperadores de Japón, el chef real ofreció langostinos escoceses, rodaballo de Cornualles, huevos de codorniz y una bomba de helado con sorbete de melocotón, acompañada de petit fours para fomentar la conversación entre invitados.

    Banquete de Estado en Windsor
    Banquete de Estado en Windsor
    Banquete de Estado en Windsor
    Banquete de Estado en Windsor

    Para Trump, se espera un guiño a la cultura estadounidense, posiblemente con carnes de alta calidad o postres como un pastel inspirado en sabores americanos, aunque evitando frutas exóticas como la piña, que Carlos III ha eliminado de sus banquetes para reducir la huella de carbono. La carta de vinos incluirá selecciones exclusivas, como el Domaine Evremond o un Corton-Charlemagne Grand Cru, similares a los servidos en el banquete para Emmanuel Macron en 2025.

    El protocolo es riguroso. Los caballeros deberán usar frac con pajarita blanca, mientras que las damas, incluidas Melania Trump y la princesa de Gales, lucirán vestidos de gala y tiaras, siguiendo la tradición de eventos como el de 2019, donde Melania destacó con un vestido blanco de Dior. La disposición de los asientos será estratégica: Carlos III presidirá la mesa, con Trump a su derecha como invitado de honor, y Melania junto a la reina Camilla. Un equipo de 80 empleados, organizado en 20 grupos de cuatro (un paje, un lacayo, un mayordomo y un mayordomo de vinos), atenderá a los invitados, una práctica estándar en los banquetes de estado. Una orquesta de cuerda tocará durante la cena, y una banda de gaiteros cerrará la velada, como ocurrió en recepciones previas.

    La decoración será un espectáculo en sí misma. En lugar de las piñas que caracterizaban los banquetes de Isabel II, Carlos III optará por flores de los jardines de Windsor y Buckingham, como rosas, peonías y guisantes de olor, dispuestas en jarrones y cuencos junto a candelabros de plata. En 2024, para los emperadores japoneses, se incluyeron arces japoneses como guiño cultural, y para Trump podría haber un arreglo que evoque la bandera estadounidense o símbolos de la alianza transatlántica. La construcción de la mesa comenzará cinco días antes, con la reina Camilla supervisando los detalles finales, una práctica que Isabel II también seguía.

    El protocolo de interacción será estricto, especialmente tras los faux pas de Trump en visitas anteriores. En 2018, caminó delante de Isabel II durante una inspección de la guardia en Windsor, y en 2019 tocó su espalda durante el banquete, gestos que violaron la norma de no tocar a la monarca a menos que ella lo inicie. Para evitar incidentes, Trump recibirá instrucciones claras: no hablar durante el himno británico, mantener discursos breves y evitar gestos físicos no iniciados por el rey.

    ¿Por qué es importante? Este banquete no es solo un despliegue de lujo, sino un acto de diplomacia estratégica. Refuerza la alianza entre el Reino Unido y Estados Unidos en un momento de tensiones geopolíticas, promoviendo acuerdos comerciales y de seguridad post-Brexit. La elección de Windsor, la participación de la princesa de Gales y el énfasis en la sostenibilidad reflejan la evolución de la monarquía bajo Carlos III, equilibrando tradición con modernidad. Para Trump, esta visita consolida su estatura global, mientras que para la Casa de Windsor, es una oportunidad para proyectar influencia y unidad en un mundo polarizado.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • Tres años de reinado de Carlos III: opinión pública favorable pero con resistencia entre los jóvenes

    A tres años de su ascenso al trono el 8 de septiembre de 2022, tras la muerte de la reina Isabel II, el rey Carlos III enfrenta una opinión pública compleja en el Reino Unido. Encuestas recientes de como YouGov e Ipsos reflejan un respaldo mayoritario hacia el monarca, aunque con diferencias marcadas entre grupos demográficos, influenciadas por su salud, eventos familiares y la imagen de la monarquía. 

    Qué piensan los británicos sobre el rey Carlos III

    Una encuesta de YouGov de agosto de 2025 indica que el 59% de los británicos tiene una opinión favorable del rey Carlos III, mientras que el 31% la tiene negativa. Además, el 62% considera que realiza un buen trabajo como monarca. Sin embargo, solo el 30% de los jóvenes de 18 a 24 años lo ve positivamente, frente al 77% de los mayores de 65 años. Esta brecha generacional destaca un reto para la monarquía británica.

    Por su parte, un sondeo de Ipsos de mayo de 2025, coincidiendo con el segundo aniversario de la coronación, muestra que el 54% de los británicos aprueba al rey, y el 56% valora positivamente su desempeño. Gideon Skinner, de Ipsos, señaló que los británicos desean una monarquía más moderna y menos costosa, con el 44% apoyando una coronación más austera para el próximo monarca. Esta opinión refleja un creciente escepticismo hacia los gastos reales.

    Un artículo de Newsweek de marzo de 2025 reportó que la aprobación neta del rey Carlos III cayó a +25, el nivel más bajo de su reinado, con una disminución de ocho puntos desde diciembre de 2024. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, el 50% lo ve negativamente, con una aprobación neta de -17. Graham Smith, de Republic, afirmó que los británicos se sienten “desinspirados” por Carlos, citando escándalos familiares, como las críticas de Harry y Meghan.

    Un estudio de Censuswide para Slingo, publicado por el Daily Express en marzo de 2025, encontró una caída del 25,42% en el apoyo a la monarquía desde la muerte de Isabel II. En popularidad, Carlos III se sitúa en tercer lugar entre los royals, con un 13% de preferencia, detrás de la princesa de Gales (17%) y el príncipe Guillermo (15%).

    Fuentes como el Impartial Reporter destacan que el tercer año de reinado de Carlos III, en 2025, ha sido el más activo, con numerosos compromisos públicos a pesar de su tratamiento contra el cáncer. Woman & Home describió este período como un “hito agridulce”, resaltando la resiliencia del rey frente a desafíos personales.

    El reinado de Carlos III ha estado marcado por una transición suave hacia una monarquía más accesible y moderna, con énfasis en causas ambientales y sociales que el rey ha defendido durante décadas. 

    Desde su ascenso en septiembre de 2022, ha realizado visitas de estado significativas, como la recepción al presidente sudafricano Cyril Ramaphosa en noviembre de 2022, la primera de su reinado, y ha continuado con compromisos internacionales, incluyendo una visita a Auschwitz en enero de 2025 para conmemorar el 80 aniversario de su liberación. Además, su coronación en mayo de 2023 representó un evento histórico, siendo la primera en siete décadas, y enfocada en la diversidad y la inclusión.

    Entre los logros destacados se encuentran cambios en la gestión de la monarquía, como la apertura de propiedades reales al público y un enfoque en la sostenibilidad, alineado con su legado como defensor del medio ambiente. Publicaciones como Business Insider señalan que Carlos III ha sido más approachable que su madre, implementando reformas graduales sin controversias mayores en su primer año.

    Sin embargo, su reinado no ha estado exento de desafíos, incluyendo su diagnóstico de cáncer en febrero de 2024, que ha demostrado su resiliencia al continuar con los deberes públicos durante el tratamiento.

    Controversias familiares han persistido, con alegaciones de racismo en la familia real y el rift con el príncipe Harry, exacerbado por publicaciones y entrevistas desde 2022. Fuentes como Business Insider destacan protestas anti-monarquía durante eventos clave y escrutinio sobre las finanzas reales, incluyendo donaciones controvertidas a sus caridades. A pesar de ello, el rey ha mantenido un enfoque en la evolución de la institución, priorizando la continuidad con toques modernos para adaptarse a la sociedad contemporánea.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • Vidas reales lejos de la realeza: los hijos de la Duquesa de Kent forjan su propio camino

    George Windsor, Conde de St Andrews

    Nicholas, conde de St. Andrews, y su esposa, Sylvana Tomaselli
    Nicholas, conde de St. Andrews, y su esposa, Sylvana Tomaselli

    George Windsor, conocido formalmente como el Conde de St Andrews, es el heredero del ducado de Kent. Nació en 1962 y, aunque durante años mantuvo una posición relevante en la línea de sucesión al trono, su vida y la de su familia han estado marcadas por decisiones personales que los han apartado de los primeros puestos.

    Duquesa de Kent

    Estudió en la prestigiosa Universidad de Cambridge y trabajó en el sector diplomático y en el de la edición. Sin embargo, su historia es más conocida por la de sus hijos. Su primogénito, Edward Windsor, Lord Downpatrick, se convirtió al catolicismo en 2003, lo que le hizo perder su derecho al trono. Un destino similar ha tenido su hija, Lady Marina Windsor, quien también se convirtió al catolicismo.

    Lady Helen Taylor

    Lady Helen Windsor y su esposo, Timothy Taylor
    Lady Helen Windsor y su esposo, Timothy Taylor

    De los tres hermanos, Lady Helen Taylor es quizás la más conocida públicamente. Apodada cariñosamente “la duquesa de la moda” por la prensa británica, ha forjado una exitosa carrera en el mundo del arte y del diseño.

    A principios de los años 80, Lady Helen fue un ícono de estilo y una figura habitual en las páginas de las revistas de moda, ganándose el apodo de “Melons” por parte de los tabloides. Con el tiempo, transformó su interés en el arte en una profesión. Trabajó como embajadora de la prestigiosa casa de subastas Christie’s y se convirtió en una mecenas de la escena artística de Londres.

    Los duques de Kent se casaron en 1951 y tuvieron tres hijos: George, Helen y Nicholas
    Los duques de Kent se casaron en 1951 y tuvieron tres hijos: George, Helen y Nicholas

    Casada con el marchante de arte Timothy Taylor, Lady Helen ha demostrado ser una fuerza influyente en el mundo de la alta sociedad londinense, combinando su herencia real con una pasión genuina por las artes.

    Lord Nicholas Windsor

    Lord Nicholas Windsor, el hijo menor de los duques de Kent (izquierda)
    Lord Nicholas Windsor, el hijo menor de los duques de Kent (izquierda)

    Lord Nicholas Windsor, el hijo menor de la Duquesa de Kent, ha protagonizado uno de los eventos más significativos para su rama de la familia real. Al igual que su madre, Nicholas se convirtió al catolicismo, un evento que tuvo repercusiones directas en la línea de sucesión al trono británico.

    Nacido en 1970, estudió en Cambridge y ha trabajado en el sector financiero y en la banca. Sin embargo, en 2001, su conversión a la fe católica se hizo pública. Según la Ley de Establecimiento de 1701, esta decisión lo apartó formalmente de la línea de sucesión. Un acto que fue visto como un eco del propio camino espiritual de su madre, quien también se convirtió al catolicismo años antes.

    Su matrimonio con Paola Doimi de Lupis de Frankopan en la Ciudad del Vaticano fue un evento histórico, la primera vez que un miembro de la realeza británica se casaba allí. El matrimonio y su posterior decisión de criar a sus hijos en la fe católica reafirman su compromiso con su vida privada y sus creencias, más allá de la obligación real.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • El Cementerio Real de Frogmore, el lugar elegido para el entierro de la Duquesa de Kent

    El Cementerio Real de Frogmore, ubicado en el Home Park de Windsor, a media milla del castillo de Windsor, será el lugar de descanso final de la duquesa de Kent, Katharine, tras su funeral el 16 de septiembre. Este cementerio, consagrado el 23 de octubre de 1928 por el obispo de Oxford, es un enclave sereno que alberga las tumbas de numerosos miembros de la familia real británica, exceptuando a los monarcas y sus consortes, quienes tradicionalmente descansan en la Abadía de Westminster o la Capilla de San Jorge. 

    La duquesa Catalina de Kent, la decana de la familia real británica, falleció la noche del jueves a los 92 años, anunció el Palacio de Buckingham. Nacida Katharine Worsley en una familia aristócrata de Yorkshire, contrajo nupcias en 1961 con el primo de la reina Isabel II, el príncipe Eduardo, duque de Kent, que sigue siendo un miembro activo de la familia real con sus 89 años. La elección de Frogmore como lugar de descanso final para la duquesa refleja su importancia dentro de la realeza británica.

    Duquesa de Kent
    “Con profundo pesar, el Palacio de Buckingham anuncia la muerte de Su Alteza Real la Duquesa de Kent -dice el comunicado oficial este 5 de septiembre.- Su Alteza Real falleció pacíficamente anoche en el Palacio de Kensington, rodeada de su familia”.

    La historia del Royal Burial Ground comienza en un contexto de necesidad práctica. Hacia 1928, el Cripta Real bajo la Capilla de San Jorge en Windsor estaba alcanzando su capacidad, con 23 entierros desde 1810. El rey Jorge V autorizó la creación de este cementerio para albergar a futuros miembros de la familia real, reservando el Royal Vault para soberanos y herederos directos. 

    Desde entonces, Frogmore se ha convertido en el lugar de descanso de figuras reales prominentes, manteniendo un diseño sobrio con lápidas discretas bajo la sombra de árboles como el plátano que resguarda las tumbas del duque y la duquesa de Windsor. El cementerio, rodeado por los jardines de Frogmore y cercano al Mausoleo Real de la reina Victoria y el príncipe Alberto, es parte de un paisaje histórico diseñado en el estilo pintoresco por la reina Carlota en 1792, con lagos sinuosos y estructuras como el Gothic Ruin y el Indian Kiosk.

    Entre los personajes notables sepultados en Frogmore destaca el duque de Windsor, anteriormente rey Eduardo VIII, quien abdicó en 1936 para casarse con Wallis Simpson, ambos enterrados allí en 1972 y 1986, respectivamente. Sus tumbas, apartadas bajo un árbol, simbolizan su exclusión de la línea principal de la realeza. También descansan allí el príncipe Jorge, duque de Kent, padre del actual duque, fallecido en un accidente aéreo en 1942, y su esposa, la princesa Marina, enterrada en 1968.

    Otros miembros de la realeza sepultados en Frogmore son a la princesa Alicia, duquesa de Gloucester (2004), y su esposo, el príncipe Enrique, duque de Gloucester (1974), así como Sir Angus Ogilvy (2005), esposo de la princesa Alejandra. La princesa Luisa, duquesa de Argyll, hija de la reina Victoria, fue trasladada allí en 1940 tras ser cremada, marcando un hito como la primera cremación real. La reina María de Yugoslavia, bisnieta de Victoria, estuvo enterrada en Frogmore desde 1961 hasta 2013, cuando sus restos fueron trasladados a Serbia.

    Duquesa de Kent

    El cementerio también alberga a miembros de familias extendidas, como el conde de Athlone (1957), hermano de la reina María, y su esposa, la princesa Alicia, condesa de Athlone (1981), la última nieta de Victoria en fallecer. La princesa Victoria, hija de Eduardo VII, descansa allí desde 1935, conocida por permanecer soltera bajo la influencia de su madre, la reina Alejandra.

    El príncipe Arturo de Connaught (1938) y su padre, el duque de Connaught (1942), hijo de Victoria, también están enterrados en Frogmore, junto con la princesa Helena de Schleswig-Holstein (1923) y su hijo, el príncipe Harald (1928). Estas figuras, muchas trasladadas desde el Royal Vault en 1928, reflejan la diversidad de la realeza sepultada en este lugar, desde príncipes y princesas hasta consortes y descendientes de líneas colaterales.

    El entierro de la duquesa de Kent en Frogmore sigue una serie de ceremonias que subrayan su fe católica y su lugar en la historia real. El 15 de septiembre, su féretro descansará en la capilla privada del Palacio de Kensington, donde se llevará a cabo una velación familiar íntima. Posteriormente, será trasladado en coche fúnebre a la catedral de Westminster, donde se realizará el Rito de Recepción, que incluye la aspersión con agua bendita, seguido de las Vísperas oficiadas por el obispo James Curry, auxiliar de Westminster. El féretro reposará durante la noche en la capilla de la Virgen de la catedral. 

    El 16 de septiembre, a las 14:00 (hora de Londres), se celebrará una misa de réquiem presidida por el cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster, con la participación del deán de Windsor, en el primer funeral católico de un miembro real en la catedral desde su construcción en 1903. Este evento refleja la conversión de la duquesa al catolicismo en 1994, un hito aprobado por la reina Isabel II, marcando su ruptura con la tradición anglicana. Tras la misa, el féretro será transportado a Frogmore para su entierro, en presencia del rey Carlos III, la reina Camilla y otros miembros de la familia real, quienes han decretado un período de luto real hasta el día del funeral.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • La Catedral de Westminster, el sitio del funeral católico de la duquesa de Kent

    El Palacio de Buckingham ha anunciado los detalles del funeral de Su Alteza Real la duquesa de Kent, Katharine, quien falleció pacíficamente el jueves 4 de septiembre a los 92 años en su residencia del Palacio de Kensington.

    El servicio fúnebre, programado para el martes 16 de septiembre en la Catedral de Westminster, representará un hito histórico como el primer funeral católico para un miembro de la familia real británica en la era moderna. Este evento será privado y reunirá a varios miembros de la realeza, incluido el rey Carlos III y la reina Camilla, junto con el duque de Kent, esposo de la duquesa, y sus hijos.

    La ceremonia será una misa de réquiem presidida por el cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster, con la participación del deán anglicano de Windsor, lo que subraya el carácter ecuménico del acto. Además, el rito de recepción y las vísperas serán oficiados por el obispo James Curry, obispo auxiliar de Westminster. 

    Previo al funeral, el féretro de la duquesa permanecerá en la capilla privada del Palacio de Kensington, donde se llevará a cabo una velación familiar. La víspera del servicio, el 15 de septiembre, el ataúd será trasladado en coche fúnebre a la Catedral de Westminster, donde se realizará el rito de recepción –que incluye la aspersión con agua bendita– seguido de las vísperas vespertinas. Posteriormente, reposará durante la noche en la capilla de la Virgen, configurando una capilla ardiente privada que permitirá a la familia y allegados un último homenaje antes de la misa principal.

    Duquesa de Kent

    Aunque no se decretó un período de luto nacional, la casa real expresó un duelo profundo, con el rey Carlos III, como jefe de la Iglesia de Inglaterra, asistiendo al servicio católico en un gesto de respeto interconfesional. 

    Tras la ceremonia, el féretro será transportado por carretera al Royal Burial Ground en Frogmore, Windsor, aproximadamente a 40 kilómetros de Londres, para su entierro definitivo en un entorno reservado para miembros de la realeza. Este sitio, parte de los terrenos del castillo de Windsor, alberga los restos de numerosos miembros de la Casa real británica, entre ellos los anteriores duques de Kent, suegros de la fallecida duquesa.

    La elección de la Catedral de Westminster para el funeral refleja la profunda fe católica de la duquesa, quien se convirtió al catolicismo en 1994 en una ceremonia privada oficiada por el cardenal Basil Hume, entonces arzobispo de Westminster. Esta conversión marcó un precedente significativo, ya que fue la primera miembro senior de la familia real en adoptar esta religión desde el Acta de Establecimiento de 1701, que excluye a los católicos de la sucesión al trono. 

    La decisión contó con la aprobación expresa de la reina Isabel II, y la duquesa expresó que su fe le proporcionaba consuelo y fortaleza en su vida pública y privada. Históricamente, este funeral es el primero de un miembro real en la catedral de Westminster desde su construcción en 1903, y el primero católico en la historia moderna del Reino Unido, destacando la evolución de las tradiciones religiosas en la monarquía.

    La duquesa, nacida Katharine Worsley en 1933, fue conocida por su discreción y dedicación al servicio público tras su retiro de los deberes reales en 2002. Se involucró en causas como la música, enseñando en una escuela primaria en Hull bajo el nombre de “Mrs. Kent”, y fue una figura destacada en el tenis, particularmente en Wimbledon. 

    Tributos familiares han subrayado su legado: el príncipe y la princesa de Gales la describieron como una “miembro muy extrañada de la familia” que “trabajó incansablemente para ayudar a los demás y apoyó muchas causas, incluyendo a través de su amor por la música”. El primer ministro Sir Keir Starmer elogió su “compasión, dignidad y toque humano en todo lo que hacía”. Sobrevivida por su esposo, dos hijos y una hija, su partida deja un vacío en la familia real, pero su fe y contribuciones perdurarán como testimonio de una vida dedicada al bien común.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • Un destello de compasión en Wimbledon: cuando la Duquesa de Kent consoló a Jana Novotna

    La final femenina de Wimbledon en 1993 se convirtió en uno de los episodios más emotivos en la historia del tenis, no solo por el dramático desarrollo del partido entre la checa Jana Novotna y la alemana Steffi Graf, sino por el gesto de consuelo que siguió en la ceremonia de premiación. Novotna, entonces de 24 años y en su primera final de Grand Slam, había mostrado un tenis agresivo y efectivo, caracterizado por su servicio y volea, su revés cortado y sus frecuentes subidas a la red, lo que la posicionaba como una amenaza real para la campeona defensora.

    El encuentro comenzó con Graf ganando el primer set en un tie-break por 7-6, pero Novotna respondió con autoridad en el segundo, dominando 6-1. En el tercer set, la checa tomó una ventaja de 4-1, pareciendo destinada a un triunfo histórico. Sin embargo, los nervios la traicionaron: un doble falta en un punto clave permitió a Graf romper el servicio, y a partir de allí, Novotna no ganó otro juego, cayendo finalmente por 6-4 en el set decisivo. Este colapso repentino, descrito como uno de los más desgarradores en décadas recientes en la cancha central, dejó a Novotna visiblemente destrozada.

    Duquesa de Kent

    El clímax emocional ocurrió durante la ceremonia de trofeos en la cancha central, donde la Duquesa de Kent, Katharine, una presencia constante en Wimbledon desde la segunda mitad del siglo XX, entregaba los premios. Conocida por su dignidad discreta y su empatía, la Duquesa había roto protocolos en ocasiones previas, como abrazando al ganador Pat Cash en 1987 o acompañando a Martina Navratilova en sus nueve victorias.

    Al ver a Novotna luchando por contener las lágrimas mientras recibía su plato de subcampeona, la Duquesa se acercó, colocó un brazo alrededor de sus hombros y permitió que la tenista apoyara la cabeza en su hombro, llorando abiertamente. En ese instante, susurró palabras de aliento: “No te preocupes, Jana, sé que puedes hacerlo”. Novotna recordaría después: “Quería manejarme bien, pero cuando ella me sonrió, simplemente me solté“.

    Duquesa de Kent

    Este gesto, capturado por las cámaras y reproducido innumerables veces, trascendió el deporte, destacando una conexión humana genuina entre una royal y una atleta en medio de la formalidad real y la rigidez del torneo. Annabel Croft, ex número uno británica, comentó sobre la vulnerabilidad de Novotna: “Porque era tan implacable en la cancha y tan competitiva, ese momento en la cancha central cuando rompió en llanto mostró un lado realmente vulnerable, alguien utterly crushed y devastated por estar tan cerca de ganar”. Virginia Wade, campeona de Wimbledon en 1977, agregó: “Sé que ese estallido emocional con la Duquesa de Kent, nadie lo olvidará jamás”.

    El impacto de este episodio se extendió más allá de 1993. Cinco años después, en 1998, Novotna regresó a Wimbledon y conquistó el título al derrotar a Nathalie Tauziat, convirtiéndose en la ganadora de Grand Slam más longeva en su primer triunfo en la era abierta, a los 29 años y nueve meses. Durante la ceremonia, la Duquesa de Kent, nuevamente presentando el trofeo, sonrió con orgullo y le dijo: “Te lo dije, lo harías”. Esta redención completó un arco narrativo conmovedor, transformando la derrota de 1993 en un símbolo de perseverancia. 

    Duquesa de Kent

    Periodistas como Simon Briggs de The Telegraph reflexionaron: “Pocos atletas han tocado los corazones de extraños en la medida en que Jana Novotna lo hizo en la cancha central de Wimbledon, hace 24 años”. Christopher Clarey de The New York Times elogió su estilo: “Arqueaba profundamente la espalda antes de sacar y hacía frecuentes incursiones a su terreno de caza favorito en la red; fluía más que jugaba”. Mike Dickson del Daily Mail la describió como “una fina jugadora de singles pero una verdadera gran exponente de dobles, bendecida con una amplia gama de habilidades sutiles en las manos”.

    La muerte de Novotna en 2017 a los 49 años, tras batallar contra el cáncer, revivió el recuerdo de ese momento. La Duquesa de Kent emitió un tributo: “Jana Novotna era una dama valiente y dulce, con un maravilloso sentido del humor. Estoy muy entristecida por la noticia de su muerte y todos mis sentimientos están con su familia. Wimbledon no será lo mismo sin ella”. Este gesto no solo humanizó a Novotna, conocida por su competitividad callada y su talento, sino que también resaltó el rol de la Duquesa como una figura humana en la realeza británica, fusionando tradición con calidez genuina. A lo largo de los años, el abrazo de 1993 ha sido incluido en montajes y coberturas de la BBC, recordándonos que en el tenis, como en la vida, la compasión puede ser tan impactante como la victoria.

    Artículo original de Monarquias.com

  • Los planes para el funeral católico de la Duquesa de Kent: un tributo a su vida y fe

    La familia real británica se prepara para despedir a Katharine, Duquesa de Kent, con un servicio fúnebre según el ritual católico, en línea con sus deseos personales y su fe adoptada hace décadas. Según anuncios oficiales, el funeral será un evento privado, con detalles específicos como la fecha y el lugar aún por confirmar, aunque se anticipa que podría celebrarse en aproximadamente una semana. 

    Este será el primer funeral católico para un miembro de la familia real en la historia moderna del Reino Unido, marcando un hito en las tradiciones reales. Fuentes citadas por medios británicos indican que se espera una asistencia completa de los miembros senior de la realeza, incluyendo al rey Carlos III y la reina Camilla, así como otros familiares cercanos. 

    Como parte de los preparativos iniciales, se estableció un período de luto oficial que durará hasta el día del funeral inclusive, con medidas como el izado de banderas a media asta en el Palacio Buckingham y la colocación de un aviso formal en las rejas del palacio. Además, se abrirá un libro de condolencias en línea para que el público pueda rendir tributos.

    De Su alteza real la duquesa de Kent a “Mrs. Kent”

    Duquesa de Kent
    Katharine casó con el príncipe Eduardo, Duque de Kent, en la Catedral de York en 1961.

    La duquesa, nacida como Katharine Lucy Mary Worsley en 1933 en una familia aristocrática de Yorkshire, fue una figura única en la realeza británica por su humildad y dedicación al servicio público. Se casó con el príncipe Eduardo, Duque de Kent y primo de la difunta reina Isabel II, en una ceremonia grandiosa en la Catedral de York en 1961. Fue la primera boda real celebrada en York desde el año 1328.

    La pareja tuvo tres hijos: George, Conde de St. Andrews; Lady Helen Taylor; y Lord Nicholas Windsor, y enfrentaron tragedias personales, como un aborto inducido por rubéola en 1975 y un nacimiento de un hijo muerto en 1977. Conocida por su empatía, la duquesa ganó corazones al consolar públicamente a la tenista Jana Novotna durante la final de Wimbledon en 1993, un gesto que simbolizó su enfoque humano en los deberes reales. 

    Duquesa de Kent
    “Con profundo pesar, el Palacio de Buckingham anuncia la muerte de Su Alteza Real la Duquesa de Kent -dice el comunicado oficial este 5 de septiembre.- Su Alteza Real falleció pacíficamente anoche en el Palacio de Kensington, rodeada de su familia”.

    Apasionada por la música, tocaba piano, órgano y violín, y fundó la organización benéfica Future Talent para apoyar a jóvenes músicos de bajos recursos. En 2002, se retiró de los compromisos públicos, renunciando a su título de Alteza Real para enseñar música de manera anónima en una escuela primaria estatal en Hull durante 13 años, bajo el nombre de “Mrs. Kent”.

    La elección de un ritual católico para su funeral se debe directamente a su conversión al catolicismo en 1994, un paso audaz que la convirtió en la primera miembro de la realeza británica en hacerlo públicamente desde el Acta de Establecimiento de 1701. Esta decisión, discutida previamente con la reina Isabel II quien la aprobó, no afectó la línea de sucesión de su esposo ya que ocurrió después de su matrimonio. 

    La duquesa expresó que la fe católica le proporcionó guía y consuelo, especialmente tras sus pérdidas personales, y marcó un cambio en su vida que influyó en sus acciones posteriores, incluyendo su dedicación a causas caritativas y educativas. Aunque se separó temporalmente de su esposo en los años posteriores, nunca se divorciaron, y se reconciliaron tras un derrame cerebral de él en 2013. En sus últimos años, su salud declinante la mantuvo alejada de eventos reales como el Jubileo de Platino de Isabel II y su funeral en 2022 y la coronación de Carlos III en 2023.

    Los preparativos para el funeral incluyen consideraciones logísticas, como la posible presencia del príncipe Harry, quien estará en el Reino Unido la próxima semana, aunque su esposa Meghan se quedará en Estados Unidos. Tributos de figuras como el Primer Ministro Keir Starmer destacan su “compasión, dignidad y toque humano”, recordando su rol como una de las royals más trabajadoras. El Arzobispo de York, Stephen Cottrell, la elogió como defensora del bienestar infantil y mentora de jóvenes músicos. 

    Artículo original de Monarquias.com

  • Quién es el duque de Kent, el primo fiel de Isabel II que se niega a jubilarse

    Primo hermano de la reina Isabel II, el duque de Kent nació el 9 de octubre de 1935 en la casa de su familia en el número 3 de Belgrave Square, Londres. El secretario del Interior, Sir John Simon, estuvo presente para verificar el nacimiento, como era tradición en la monarquía inglesa desde finales del siglo XVII.

    El niño, nieto del rey Jorge V, fue bautizado en la Capilla Privada del Palacio de Buckingham el 20 de noviembre de 1935 por el arzobispo de Canterbury Cosmo Lang, y sus padrinos fueron sus abuelos paternos Jorge V y la reina María, su abuelo materno, el príncipe Nicolás de Grecia; su tío el Príncipe de Gales ; su tía la princesa María; su tío bisabuelo el duque de Connaught (hijo de la reina Victoria); y su tía bisabuela la princesa Luisa, duquesa de Argyll (también hija de Victoria).

    El padre del príncipe Eduardo fue el príncipe Jorge, duque de Kent (1902-1942) y su madre fue la princesa Marina, hija del príncipe Nicolás de Grecia y de la gran duquesa Elena Vladimirovna de Rusia, lo cual es descendiente de los reyes de Grecia y Dinamarca y de los zares de Rusia. La familia de los duques de Kent se amplió un año más tarde, con el nacimiento de la princesa Alejandra, y en 1942 nació el último hijo, el príncipe Miguel. En 1942, su padre, el príncipe George, entonces duque de Kent, murió en un accidente aéreo durante la guerra cerca de Caithness en Escocia mientras estaba en servicio activo. Fue entonces cuando el príncipe Eduardo, de 6 años de edad, heredó los títulos de duque de Kent, conde de St. Andrews y Barón Downmpatrick.

    El duque fue a la escuela preparatoria Ludgrove en Berkshire (a la que más tarde también asistió el príncipe Harry) y luego pasó a estudiar en Eton, donde le gustaba remar. Su madre, la duquesa viuda de Kent, perdió su asignación oficial y debió mudarse al campo con sus tres hijos, donde fueron criados de forma muy simple. La princesa Marina quedó sumergida en una pobreza refinada, pero continuó con su trabajo como Comandante del Servicio Naval Real de Mujeres, o Wrens, hasta su muerte en 1968. Los únicos lujos que la familia podía darse eran los que compraban con el dinero que la abuela, la reina María, enviaba a sus nietos de sus fondos privados. Posteriormente, el joven pasó a estudiar en Le Rosey en Suiza, donde fue capitán del equipo de esquí de regimiento en los campeonatos del Ejército.

    Cuando su tío, el rey Jorge VI, murió en 1952, el duque de Kent caminó en la procesión detrás del ataúd del monarca durante el funeral de estado. Un año después, en 1953, asistió a la coronación de su prima, la reina Isabel II, y por tener el rango de Duque real durante el servicio de coronación hizo una promesa de lealtad al soberano, después del príncipe Felipe y de su tío, el duque de Gloucester. Ese año, el joven duque acompañó a la princesa Marina en una gira de un mes por el Lejano Oriente y posteriormente se unió a la Royal Military Academy Sandhurst en Surrey, donde ganó el premio Sir James Moncrieff Grierson de idiomas extranjeros y se graduó como intérprete de francés.

    En 1961, el duque de Kent se comprometió con la señorita Katharine Worsley, una joven maestra hija de una familia burguesa que conoció a su novio mientras él tenía su base en la base del ejército de Catterick Camp en Yorkshire. Una espectacular boda se celebró en la ciudad de York el 8 de junio del mismo año en presencia de toda la familia real británica y representantes de otras monarquías, como el príncipe heredero Harald de Noruega, la princesa heredera Margarita de Dinamarca, Irene de Holanda, el heredero del trono griego, Constantino, con su hermana Sofía, la reina viuda Victoria Eugenia de España con su hijo, don Juan, y su nieto Juan Carlos, la reina madre Helena de Rumania, entre otros.

    Sir Richard Buckley, quien fue secretario privado del Príncipe Eduardo durante 28 años, recuerda a Katharine como “una novia de cuento de hadas”.

    Los Kent se establecieron en Anmer Hall en Sandringham Estate de la reina, ahora hogar del duque y la duquesa de Cambridge, que era el lugar ideal para criar a sus hijos tres hijos (George, conde de St Andrews, Lady Helen y Lord Nicholas). Sir Richard describió al duque como un padre “devoto” y, en su ancianidad, sigue siendo un hombre de familia comprometido y, como fotógrafo entusiasta, disfruta fotografiándolos a todos juntos.

    En años reciente, sin embargo, hubo informes que indicaban que la duquesa podía ser agorafobia y que estaban sufriendo problemas maritales, ninguno de los cuales fue comprobado. Sir Richard Buckley fue testigo de la influencia positiva de Katherine sobre su esposo, quien, cuando asumió sus cargos reales en el extranjero, era bastante tímido. Katharine, que era “una duquesa muy moderna y una gran fan de Pink Floyd”, le dio confianza al príncipe Eduardo. Actualmente el duque, que prefiere ser conocido como “Príncipe Eduardo”, aún es patrocinador, presidente o miembro activo de más de 100 organizaciones benéficas y organizaciones.

    Actualmente, los duques viven en Wren House, una casa ubicada dentro del palacio londinense de Kensington, y en Oxfordshire. El duque cuenta la música y la ópera; ingeniería, innovación y ciencia; e historia militar entre sus intereses. A la vez, mantiene estrechos vínculos con el ejército en la actualidad y tiene varios nombramientos de alto nivel y visita sus regimientos con regularidad. También realizó varias visitas tanto a Irak como a Afganistán para visitar sus regimientos cuando estaban involucrados en operaciones de combate en esas regiones.

    Según Sir Richard, el duque “nunca pierde los estribos ni se enoja”, tiene buen ojo para los detalles y una memoria excelente, a menudo recuerda los nombres de las personas a las que solo vio una vez. La reina, que eligió al duque de Kent como compañero en el desfile de su cumpleaños cuando su esposo no pudo estar, siente una gran admiración y respeto por su primo.

    Artículo original de Monarquias.com

  • ¿Un Buckingham sin reyes? El futuro incierto del palacio como “hogar” de la realeza británica

    El Palacio de Buckingham, símbolo y sede oficial de la monarquía británica durante casi dos siglos, podría estar cerca de una transformación significativa. En un contexto de modernización y preferencias personales de los actuales y futuros soberanos, surge la posibilidad de que este icónico edificio deje de servir como hogar permanente de los reyes y se convierta exclusivamente en un centro para actividades oficiales, recepciones estatales y eventos públicos. Esta evolución reflejaría un cambio en las dinámicas de la realeza, priorizando la eficiencia, la accesibilidad pública y una imagen más accesible, mientras se mantienen sus funciones administrativas y ceremoniales.

    Construido originalmente en el siglo XVIII como una casa privada y ampliado progresivamente, Buckingham no se convirtió en la residencia oficial de los monarcas hasta 1837, cuando la reina Victoria accedió al trono y se mudó allí, convirtiéndose en la primera soberana en habitarlo de manera permanente. Antes de su reinado, los reyes preferían otros palacios como St. James’s. Victoria, quien heredó un edificio incompleto con problemas estructurales como chimeneas defectuosas y falta de mobiliario básico, impulsó reformas significativas junto a su esposo, el príncipe Alberto, incluyendo la adición de un ala adicional en 1847 para acomodar a su creciente familia. 

    Durante su reinado, el palacio evolucionó de un espacio desorganizado a un centro administrativo eficiente, con un personal doméstico restructurado que incluía roles clave como ama de llaves y vestidoras principales, estableciendo precedentes que persisten hasta hoy. La fachada actual, con su balcón icónico utilizado por primera vez por Victoria en 1851 durante las celebraciones de la Gran Exposición, se completó en 1913 con piedra de Portland, consolidando su estatus como sede de eventos nacionales.

    En contraste, la reina Isabel II representó el cierre de esta era residencial. Aunque residió en Buckingham durante gran parte de su reinado, dando a luz allí a varios de sus hijos y utilizando el palacio para ceremonias clave como investiduras y banquetes estatales, su preferencia cambió en los últimos años. 

    Desde el inicio de la pandemia de COVID-19 en marzo de 2020, Isabel II se instaló permanentemente en el Castillo de Windsor, donde encontró mayor comodidad y proximidad a familiares como el príncipe Andrés y el príncipe Eduardo. Esta decisión, influida por la edad avanzada de la monarca y el deseo de un entorno más privado tras la muerte de su esposo, el príncipe Felipe, en abril de 2021, implicó que no regresara a vivir en Buckingham. A pesar de ello, el palacio mantuvo su rol central en eventos nacionales, como el Jubileo de Platino en 2022, con conciertos y desfiles que culminaron en apariciones en el balcón. Así, Isabel II se convirtió en la última soberana en habitar el palacio de forma habitual.

    En la actualidad, el rey Carlos III ha optado por no residir en Buckingham, prefiriendo Clarence House, su hogar desde 2003 junto a la reina Camilla. Esta elección se debe en parte a las extensas renovaciones del palacio, un proyecto de £369 millones iniciado en 2017 y programado para concluir en 2027, destinado a actualizar instalaciones obsoletas como el cableado eléctrico instalado antes de la Segunda Guerra Mundial. 

    Sin embargo, fuentes cercanas indican que Carlos III, quien se refiere a Buckingham como “la gran casa” y lo considera poco adecuado para la monarquía moderna, probablemente no se mudará allí incluso tras la finalización de las obras, influido también por su estado de salud y preferencia por un entorno más íntimo. Clarence House, más compacto y personal, se alinea mejor con su visión, mientras Buckingham funciona como su oficina principal para audiencias y reuniones oficiales.

    Mirando hacia el futuro, el príncipe heredero Guillermo, parece consolidar esta tendencia. Esta semana se informó que Guillermo y su esposa, la princesa Catalina, junto a sus tres hijos, planean hacer de Forest Lodge su hogar definitivo, incluso después de que él ascienda al trono. Esta mansión georgiana de grado II, construida en la década de 1770 y ubicada en el Gran Parque de Windsor, cuenta con ocho dormitorios, un salón de baile con candelabros, una cancha de tenis y extensos jardines, representando una mejora respecto a su actual residencia, Adelaide Cottage.

    La mudanza, prevista para finales de este año, se financia privadamente sin costo para los contribuyentes y se ve como un “nuevo comienzo” tras desafíos recientes, incluyendo el fallecimiento de Isabel II en 2022 y diagnósticos de cáncer para Carlos III y Catalina en 2024. Forest Lodge, cerca de la escuela de sus hijos en Lambrook, ofrece un estilo de vida más familiar y relatable, alejado del esplendor palaciego.

    Ubicado en el corazón de Windsor Great Park, un vasto terreno de 4.800 acres, Forest Lodge representa un paso adelante en comodidad y espacio respecto a su actual residencia en Adelaide Cottage, combina un rico pasado histórico con toques de modernidad, ofreciendo un refugio privado en medio de la agitada vida pública de la familia real. Según reportes del Daily Mail, la mudanza está prevista para finales de 2025.

    En 2001, Forest Lodge experimentó una renovación significativa valorada en 1,5 millones de libras, destinada a prepararla para el alquiler comercial a un precio de 15.000 libras mensuales. Esta intervención preservó su esencia georgiana mientras incorporaba actualizaciones modernas, transformándola en una opción atractiva para arrendatarios de alto perfil. Actualmente, bajo la supervisión de los Príncipes de Gales, se están llevando a cabo reformas menores internas y externas, financiadas personalmente por la pareja, que incluyen la remoción de una ventana, trabajos en una chimenea y ajustes en techos y pisos, según permisos aprobados por el consejo local.

    Esta decisión de Guillermo implica que es “improbable” que viva en Buckingham como rey, potencialmente convirtiéndolo en el primero desde Victoria en no usar un palacio o castillo como residencia principal en Londres. En su lugar, el Palacio de Kensington permanecerá como base oficial en la capital para oficinas y estancias ocasionales, mientras Anmer Hall en Norfolk se retiene como retiro vacacional. Las implicaciones para Buckingham son profundas: podría abrirse permanentemente al público, incrementando el acceso turístico para generar ingresos y reducir gastos públicos, reservándose solo para ocasiones estatales mayores como coronaciones o visitas diplomáticas. Esto alinearía con la estrategia de Carlos III de mayor transparencia, similar a aperturas en Balmoral y Sandringham.

    Artículo original de Monarquias.com

  • El protocolo de la visita de Trump al Reino Unido, una cita clave del reinado de Carlos III

    En septiembre de 2025, el presidente estadounidense Donald Trump realizará una visita de Estado sin precedentes al Reino Unido, la segunda en su carrera política, invitado por el rey Carlos III. El evento se llevará a cabo del 17 al 19 de septiembre en el Castillo de Windsor, rompiendo con la tradición de utilizar el Palacio de Buckingham, que está siendo sometido a renovaciones. La visita, cargada de simbolismo diplomático y ceremonial, refleja la importancia de la “relación especial” entre el Reino Unido y Estados Unidos, pero también promete ser un espectáculo de pompa real cuidadosamente orquestado. 

    La invitación a Trump, entregada personalmente por el primer ministro Keir Starmer en el Despacho Oval el 27 de febrero de 2025, marcó un hito. Carlos III propuso en su carta, firmada a mano, un encuentro previo en Escocia, en Dumfries House o el Castillo de Balmoral, para planificar la visita. Este gesto, descrito como “sin precedentes” por Starmer, subraya la excepción de otorgar una segunda visita de Estado a un presidente estadounidense, ya que los presidentes en segundo mandato suelen ser invitados a un té o almuerzo en Windsor, como ocurrió con George W. Bush y Barack Obama. Trump aceptó de inmediato, declarando que era un “gran honor” y que esperaba “honrar al rey y al país”.

    El protocolo de la invitación, conocida como “Manu Regia”, siguió la tradición británica, con el rey actuando a instancias del Gobierno. La carta, que Trump mostró a las cámaras, enfatizaba la oportunidad de “fortalecer la relación especial” entre ambos países.

    El ceremonial de la recepción al presidente Donald Trump en Windsor

    El ceremonial de la recepción al presidente Donald Trump en Windsor

    El ceremonial de la visita se centrará en el Castillo de Windsor, un cambio significativo respecto a las visitas de Estado tradicionales en el Palacio de Buckingham. La elección de Windsor responde a las renovaciones en curso en el palacio londinense, pero también permite un entorno más controlado, evitando el riesgo de protestas masivas como las de 2018 y 2019, que movilizaron a decenas de miles en Londres y costaron 14 millones de libras en seguridad.

    El programa incluirá una bienvenida ceremonial en el Cuadrángulo de Windsor, con una Guardia de Honor que Trump y Carlos III inspeccionarán juntos. Este acto estará acompañado por el despliegue de banderas y honores militares, siguiendo el modelo de la reciente visita del presidente francés Emmanuel Macron. Sin embargo, a diferencia de la visita de Macron, no habrá un desfile en carruaje por Windsor, una decisión que la prensa británica atribuye a preocupaciones de seguridad del Servicio Secreto estadounidense, que teme riesgos como francotiradores en ventanas altas.

    El punto culminante será un banquete de Estado en el Salón de San Jorge, un evento descrito por la BBC como un despliegue de “pompa y circunstancia” con discursos, vajilla de plata y la presencia de altos miembros de la familia real, incluidos probablemente el príncipe Guillermo y la princesa Catalina. La reina Camilla también desempeñará un papel clave, recibiendo a la primera dama Melania Trump, quien acompañará al presidente. Este banquete, con su estricta etiqueta —que incluye vestimenta de gala y el posible uso de tiaras por parte de las royals—, busca proyectar la “diplomacia blanda” británica, según The Guardian.

    El protocolo de esta visita estará marcado por las lecciones de los encuentros previos de Trump con la realeza británica. Durante su visita de Estado en 2019, como invitado de la reina Isabel II, Trump generó controversia al incumplir el protocolo al caminar delante de la reina durante una inspección de la Guardia de Honor. Este incidente, junto con su negativa a hacer una reverencia en 2018, fue ampliamente criticado. Los medios sugieren que el Palacio de Buckingham diseñó un itinerario más estructurado para evitar errores similares. La elección de Windsor, un lugar menos expuesto que Londres, y la exclusión de un discurso en el Parlamento —imposible durante el receso por las conferencias de los partidos— reflejan un enfoque cauteloso.

    La visita de Trump también incluye reuniones con líderes políticos, como Starmer, y posibles visitas a sitios de interés, aunque el itinerario final aún está en negociación. La presencia de Trump en Escocia, donde posee campos de golf, podría incluir un encuentro informal con Starmer durante la apertura de un nuevo resort en Aberdeenshire, aunque no con el rey Carlos, debido a restricciones protocolarias que prohíben reuniones privadas antes de una visita de Estado.

    La visita, aunque ceremonial, no está exenta de tensiones. El diario The Guardian destacó que la decisión de programarla durante el receso parlamentario evita un discurso de Trump ante el Parlamento, una perspectiva que algunos diputados habían instado a rechazar. Además, la relación de Trump con la familia real, aunque cálida —describió a Carlos III como un “hombre maravilloso”—, se ve matizada por su historial de comentarios polémicos, como su ataque al alcalde de Londres, Sadiq Khan, en 2019, al que llamó “perdedor absoluto”. Las protestas, que en visitas anteriores incluyeron un globo gigante de Trump como bebé, podrían reaparecer, aunque el entorno de Windsor las hace menos probables.

    Artículo original de Monarquias.com