Categoría: EUROPA

  • Quién es quién en la realeza: Jorge y Victoria Romanov, protagonistas de la primera boda real en Rusia desde la Revolución

    A poco más de un siglo del Octubre Rojo y la consecuente furia bolchevique que llevó al asesinato del zar Nicolás II junto con su esposa y sus cinco hijos, se celebró en San Petersburgo la primera boda imperial de un descendiente de los Romanov, el gran duque Jorge Mikhailovich. El heredero del trono ruso, trono que en verdad es puramente simbólico, se casó ante el altar de la catedral de San Isaac con su novia, la italiana Rebeca Virginia Bettarini, en presencia de un nutrido grupo de nobles y personalidades, como suele ser en ocasiones semejantes para las bodas de la realeza, en ejercicio o no.

    Jorge nació en Madrid en 1980 y es el único hijo de la gran duquesa María Romanova y el príncipe prusiano Francisco Guillermo de Hohenzollern, quien adoptó el nombre de Mihail cuando se convirtió a la fe ortodoxa. Su madre es considerada por muchas y una parte de los descendientes de la dinastía Romanov como la heredera del gran duque Kirill Vladimirovich, un primo hermano de Nicolás II que huyó de Rusia durante la revolución y se declaró emperador en el exilio. Se erige, por lo tanto, en jefa de la dinastía, un puesto que le es disputado por otros Romanov.

    EL GRAN DUQUE JORGE MIKHAILOVICH ROMANOV

    Las conexiones del gran duque Jorge con la realeza europea son realmente intensas. A través de su padre puede contar como sus antepasados al último emperador de Alemania, Guillermo II, y a la reina Victoria de Inglaterra, mientras a través de su madre es descendiente del emperador Alejandro II de Rusia y de Catalina II la Grande. Su bisabuelo, el gran duque Kiril Alejandrovich, era primo hermano de Nicolás II, el último zar ruso.

    El gran duque Jorge fue bautizado en Madrid, ahijado de los reyes de España, del ex rey de Grecia y del ex rey de Bulgaria, y pasó la mayor parte de su vida en España y Francia, antes de visitar Rusia por primera vez en 1992, con su abuelo el gran duque Vladimir Kirillovich, dos años antes de que este falleciera. Fue viaje que el heredero del trono recordó como “lleno de emociones”.

    LA PRINCESA VICTORIA ROMANOVNA CON SU PADRE, EL DIPLOMÁTICO ITALIANO ANTONIO BETTARINI

    Los Romanov disfrutaron de una vida de prosperidad aparentemente interminable y gobernaron una sexta parte de la superficie de la Tierra a principios del siglo XX. Nicolás II gobernó desde 1894 hasta que se vio obligado a abdicar después de la Revolución de febrero de 1917, y al año siguiente el exmonarca y su familia fueron encarcelados por los bolcheviques y ejecutados al año siguiente. Fue una época de agitación social, guerra y descontento que finalmente conduciría a la caída de la dinastía Romanov de 300 años.

    Después de completar sus estudios, Jorge trabajó en el Parlamento de la Unión Europea y luego en la Agencia Europea de Energía Atómica. Posteriormente ocupó cargos ejecutivos en Norilsk Nickel, antes de fundar Romanoff & Partners, empresa en la que sigo participando en la mejora de las relaciones de las empresas rusas en Europa. Desde 2017 pasa la mayor parte del tiempo en Rusia, donde lidera la Junta Directiva de Foodbank Rus y participa en varios proyectos benéficos.

    LA GRAN DUQUESA MARÍA VLADIMIROVNA, CONSIDERADA JEFA DE LA DINASTÍA ROMANOV

    Fue durante su período en el Parlamento europeo cuando el gran duque conoció en Bruselas a Rebecca Bettarini, hija del embajador italiano en Bélgica, Roberto Bettarini, con un pasado de escritora y lobbista, y que ahora dirige la Fundación Imperial Rusa. En una entrevista previa a la boda, Jorge Romanov dijo que Rebecca “habla cinco idiomas con fluidez y tiene una mentalidad abierta excepcional” y la definió como “una mujer independiente y moderna”. Se conocieron en Bruselas en 2012, mientras trabajaban en instituciones europeas, y el gran duque le pidió matrimonio en un aeropuerto, casi desierto a raíz de la pandemia.

    Actualmente, el gran duque y Rebecca viven juntos en Moscú, donde piensan establecerse definitivamente ahora que se han casado. “Me encanta vivir en Moscú. Esta ciudad vibra con una energía que es peculiar de sus habitantes. Me gusta caminar por el río Moskva helado, descubrir estaciones de metro que parecen palacios o museos. Y los moscovitas son amables y muy hospitalarios. Son muy curiosos tan pronto como hablas su idioma”, dijo Rebecca en una reciente entrevista con la revista francesa Point de Vue.

    Paso obligado para que el gran duque Jorge no perdiera su derecho dinástico, Rebecca se convirtió a la fe ortodoxa rusa y adoptó un nuevo nombre, el de Victoria Romanovna Bettarini. “La fe es muy importante para mí. Crecí en una familia con fuertes valores cristianos”, dijo. Durante mis estudios universitarios, mi padre trabajó con Rusia y estuvo asociado con la construcción de la Iglesia Ortodoxa de Santa Catalina en Roma”. Su conversión tuvo lugar en la Catedral de San Pedro y San Pablo, en San Petersburgo, donde están enterrados los restos de todos los zares de Rusia.

    Tras su boda, Rebecca pasó a ser conocida como la Princesa Victoria Romanovna, pero la gran duquesa María ha hecho valer su papel de jefa dinástica y estableció que el matrimonio de su hijo no sería considerado dinástico, ya que las reglas vigentes en la familia Romanov, promulgadas por el zar Alejandro I, dicen que “si una persona de la Familia Imperial contrae matrimonio se casa con una persona de un estado desigual al suyo (…) no puede transmitir a la otra persona los derechos que pertenecen a los miembros de la familia imperial”.

    A la espera de poder revertir esa situación cuando le toque ser jefe de la dinastía, el gran duque Jorge ahora trabaja en varios proyectos de caridad con Moscú como su residencia oficial. En entrevistas previas a la boda dijo que cree que los miembros de la realeza europea y rusa podrían ayudar a Moscú y Occidente a reparar los lazos que se desgastan y dijo que él y su ahora esposa pueden ser “embajadores de buena voluntad”. “Está comenzando un nuevo capítulo de nuestro libro de vida juntos. Como escritor, espero que el viaje que tenemos por delante esté lleno de amor, suspenso y aventura, como lo fue la primera parte del libro de nuestra vida”, escribió ella.

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  • Esplendor imperial: la boda de Jorge de Rusia y Victoria Romanova Bettarini en 35 fotos

    El gran duque Jorge de Rusia, considerado el heredero del último zar de Rusia, se casó este viernes (1 de octubre) en San Petersburgo en presencia de varios invitados de la realeza de Europa. El gran duque, de 40 años, se casó con la italiana Rebecca Bettarini, de 39 años, en una brillante ceremonia en la catedral de San Isaac, en el corazón de la antigua capital imperial.

    Más de 1.500 personas asistieron a la boda, entre ellas el ex rey Simeón II de Bulgaria y su esposa la reina Margarita. La lista de invitados incluyó, además, representantes de las familias reales de Portugal, Georgia, Egipto, Albania, Bulgaria, Bélgica y pretendientes a las coronas de Francia e Italia.

    El gran duque Jorge Romanov, descendiente del zar Alejandro II, conoció su prometida en Bruselas, donde ambos trabajan para instituciones europeas. Rebecca Bettarini, hija de un diplomático, se convirtió a la religión ortodoxa y fue rebautizada como Victoria Romanovna. Instalado en Moscú desde hace tres años, cerca del Kremlin, el gran duque afirma consagrarse a proyectos caritativos. 

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  • La realeza europea asistió a la boda real en Rusia, pero Vladimir Putin no felicitó a los novios

    Rusia celebró el viernes su primera boda real desde que la revolución bolchevique de 1917 derrocó a la monarquía Romanov, con miembros de la realeza y la nobleza llegados desde toda Europa para la fastuosa ceremonia.

    El gran duque Jorge Mikhailovich Romanov y la italiana Rebecca Virginia Bettarini, se casaron en la catedral de San Isaac en la antigua capital imperial de San Petersburgo.

    Cientos de invitados extranjeros viajaron a la segunda ciudad de Rusia para la ceremonia cristiana ortodoxa, entre ellos el ex rey Simeón II de Bulgaria y su esposa la reina Margarita y el ex rey Fuad II de Egipto.

    En la extensa lista de asistentes reales también se encontraban la princesa Lea de Bélgica, los duques de Braganza y su hijo el príncipe de Beira (Portugal), el príncipe Leka y la princesa Elia de Albania y el príncipe Irakli Bagration de Georgia, los príncipes Felipe e Isabelle de liechtenstein, así como el príncipe Rodolfo y la princesa Tilsim de Liechtenstein y los duques de Anjou, de la casa real francesa.

    Otros representantes de familias reales europeas que asistieron a la boda fueron el príncipe Emanuel Filiberto de Saboya y su esposa Clotilde, los duques de Aosta, la princesa heredera Miriam de Bulgaria y su hijo mayor Boris, el príncipe Mohammed Ali y la princesa Noal Zaher de Egipto, los príncipes David e Irina Bagration-Mukhransky de Georgia, el príncipe Wenzel de Liechtenstein y la princesa Désiree de Prusia.

    La lista de invitados de 1.500 personas también incluía otros nombres prominentes como el primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, y Konstantin Malofeyev, un monárquico y multimillonario cercano al Kremlin, además de la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, Maria Zakharova.

    Antes de la boda, Romanov dijo que la pareja decidió casarse en San Petersburgo porque era el primer lugar del país donde la familia regresó a principios de la década de 1990. La pareja se mudó a Rusia hace tres años, instalándose primero en los suburbios de Moscú antes de trasladarse al centro de la ciudad junto al Kremlin.

    El gran duque Romanov, de 40 años, ahora trabaja en varios proyectos de caridad y dijo que cree que la realeza europea y rusa podrían ayudar a Moscú y Occidente a reparar los lazos que se desgastan: “Creo que podemos ser embajadores de buena voluntad”, dijo en una entrevista.

    Sin embargo, el portavoz del presidente Vladimir Putin el viernes vertió agua fría sobre la idea de que un Romanov se convierta en un actor en la vida política rusa: “El presidente no planea felicitar a los recién casados”, dijo Dmitry Peskov a los periodistas. “Este matrimonio no pertenece a nuestra agenda de ninguna manera”.

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  • El longevo rey Simeón de Bulgaria, presente en la boda de su ahijado Jorge de Rusia

    El último rey de Bulgaria, Simeón II, viajó este viernes hasta San Petersburgo, la antigua capital imperial rusa, para asistir a la boda de su ahijado el gran duque Jorge Mihailovich, con Rebecca Bettarini, ahora reconocida oficialmente como la princesa Victoria Romanova.

    Simeón II, de 84 años, ocupó un sitio destacado en la Catedral de San Isaac, cerca de la ubicación de la madre del novio, la gran duquesa María Vladimirovna. Cuarenta años atrás, la cercanía del exmonarca búlgaro con la casa real rusa, dos familias exiliadas en España, hizo que Simeón II fuera elegido como uno de los padrinos del bautismo del gran duque Jorge.

    Simeón II, último rey de Bulgaria, en la Catedral de San Isaac (San Petersburgo).

    Simeón II, nacido en 1937, ascendió al trono a los seis años de edad después de que su padre, Boris III, muriera en un accidente. Reinó bajo un consejo de regencia hasta que en 1946 fue derrocado por los comunistas y exiliado. Desde entonces, Simeón II, su madre y su hermana María Luisa vivieron en España y Portugal, donde entablaron relaciones con otras familias reales sin reino.

    Simeón II viajó a San Petersburgo acompañado por su esposa, la española Margarita Gómez-Acebo, su nuera la princesa Miriam (viuda del fallecido príncipe heredero Kardam) y su nieto mayor, el príncipe Boris de Bulgaria. A la boda asistieron 1.500 invitados, entre ellos decenas de miembros de las casa reales de Europa y África.

    Nacido en 1980 en Madrid, el gran duque Jorge es el único hijo de la gran duquesa María Vladimirovna Romanova, autoproclamada heredera del trono imperial de Rusia, y bisnieto del gran duque Kirill, primo de Nicolás II, el último zar ruso que fue ejecutado junto con su esposa y cinco hijos por los bolcheviques en 1918.

    Jorge Mikhailovich fue bautizado en Madrid en mayo de 1981. El gran duque también es ahijado del reydon Juan Carlos I y la reina doña Sofía de España, y del último rey de Grecia, Constantino II. y el rey Simeón de Bulgaria, exmonarcas que no pudieron viajar a Rusia para la boda de su ahijado presumiblemente por sus avanzadas edades y las restricciones de viajes imperantes en Europa.

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  • Boda de Jorge de Rusia y Rebecca Bettarini: sus hijos no tendrán derecho al trono ruso

    La gran duquesa María Vladimirovna Romanova, considerada por muchos rusos como la legítima heredera del trono de Rusia, declaró el matrimonio de su hijo, el gran duque Jorge, con Rebecca Bettarini como no dinástico, por lo que previsiblemente los descendientes de la pareja no tendrán derecho sucesorio y títulos imperiales.

    De acuerdo a las leyes de la dinastía Romanov, los miembros de la familia imperial en sucesión al trono deben contraer matrimonio con personas de sangre azul para perpetuar sus derechos sucesorios a sus descendientes. Al no ser un matrimonio dinástico, Rebecca Bettarini, convertida a la ortodoxia con el nombre de Victoria Romanovna, no será Gran Duquesa de Rusia y sus hijos no gozarán el estatus de Alteza Imperial.

    Desde la ejecución de Nicolás II, en 1918, los descendientes del gran duque Kirill -su hijo Vladimir, fallecido en 1994, y su nieta María Vladimirovna- se autoproclaman herederos legítimos de la Casa Romanov.

    Nacido en Madrid, el gran duque Jorge Mihailovich Romanov es único hijo de la gran duquesa María Vladimirovna. Por vía maternal, el gran duque de 40 años es bisnieto del gran duque Kirill Alejandrovich, primo de Nicolás II, el último zar ruso que fue ejecutado junto con su esposa y cinco hijos por los bolcheviques en 1918, y tataranieto del zar Alejandro II, fallecido en 1881.

    Los Romanov disfrutaron de una vida de prosperidad aparentemente interminable y gobernaron una sexta parte de la superficie de la Tierra a principios del siglo XX. Su último jefe, Nicolás II, gobernó desde 1894 hasta que se vio obligado a abdicar después de la Revolución de febrero de 1917. Él y su familia fueron encarcelados por los bolcheviques y ejecutados al año siguiente.

    Nacido en Madrid en 1980, el gran duque Jorge Mihailovich Romanov es único hijo de la gran duquesa María Vladimirovna y su exesposo, el gran duque Mikhail de Rusia (nacido príncipe de Prusia).

    Desde entonces, los descendientes del gran duque Kirill -su hijo Vladimir, fallecido en 1994, y su nieta María Vladimirovna- se autoproclaman herederos legítimos de la Casa Romanov, entrando en disputa con otros miembros de la familia. El gran duque Jorge, que ahora vive en Rusia y trabaja en varios proyectos de caridad, heredará la jefatura de la dinastía a la muerte de su madre, con lo que podría revertir la decisión de la gran duquesa y declarar legítimos a su matrimonio y su descendencia.

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  • Esplendor imperial: Jorge y Victoria Romanov, primera boda real en Rusia en más de un siglo

    La antigua capital imperial de Rusia fue escenario hoy (1 de octubre) de la boda de un descendiente de la familia real rusa, en lo que constituyó el primer evento de este tipo en más de un siglo. El gran duque Jorge Mikhailovich Romanov, uno de los pretendientes del trono ruso, se casó con la italiana Victoria Romanovna en la Catedral de San Isaac en San Petersburgo en una elaborada ceremonia religiosa con la asistencia de cientos de invitados extranjeros.

    Victoria Romanovna lució un vestido italiano con “guiños” a Rusia, como la tiara Lacis de 438 diamantes de la casa Chaumet, una revisión moderna del tradicional kokoshnik (tocado) ruso. “Que la gente vea no solamente la Rusia de 1800. Anna Karénina y todas esas cosas. Que se vea lo que es hoy Rusia, que es muy diferente de lo que se piensa”, había adelantado.

    La última boda real celebrada en Rusia fue la de la gran duquesa María Pavlovna (1890-1958) con el príncipe Guillermo de Suecia, que se casaron en San Petersburgo en 1908. Una década después, el último zar de Rusia, Nicolás II, su esposa Alejandra y cinco hijos fueron asesinados por un pelotón de fusilamiento revolucionario en el sótano de la casa de un comerciante en Ekaterimburgo, una ciudad a 1.450 kilómetros al este de Moscú.

    Este fue el primer lugar en Rusia al que regresamos”, dijo Jorge Mikhailovich, de 40 años, al sitio web de noticias Fontanka.ru sobre la elección de San Petersburgo para su boda. “Esto es muy, muy cercano a la familia”. “Es un gran honor. ¿Quién hubiera pensado que algún miembro de la familia se casaría en Rusia? Hace 20 ó 30 años no lo imaginaba nadie”, afirma afirmó el gran duque en otra entrevista.

    Descendiente de la dinastía Romanov, que reinó en Rusia entre 1603 y 1917

    El gran duque Jorge nació en 1981 en España como único hijo de la gran duquesa María Vladimirovna de Rusia, autoproclamada heredera del trono imperial de Rusia, y su esposo, un príncipe prusiano convertido a la ortodoxia con el nombre de Mihail Pavlovich. Descendiente del zar Alejandro II, cuya dinastía reinó entre 1603 y 1917, Jorge vivió en Francia y España la mayor parte de su vida.

    Su bisabuelo, el gran duque Kirill Vladimirovich, logró escapar de la violencia bolchevique durante la revolución de 1917 en Finlandia. Más tarde, él y su familia se mudaron a Europa Occidental. Su abuelo Vladimir Kirillovich, siguiente pretendiente al trono, regresó a Rusia en 1992 acompañado por su hija y su nieto Jorge, quien ahora vive en Moscú, donde trabaja en varios proyectos de caridad.

    Rebecca Bettarini, la hija de de 39 años de un diplomático italiano, se convirtió a la fe ortodoxa rusa el año pasado y tomó el nombre de Victoria Romanovna, al que desde ahora agrega el título de “Princesa”. “Yo me estoy casando con la mejor compañera de viaje que he encontrado en mi vida. Y la única persona que me soporta y me sigue empujando a ir adelante”, se confesó Jorge de Rusia días atrás.

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  • El gran duque Jorge y Rebecca Bettarini protagonizarán la primera boda real en Rusia en 113 años

    Este viernes 1 de octubre el gran duque Jorge Mihailovich de Rusia, descendiente del zar Alejandro II, y la italiana Rebecca Bettarini (ahora conocida como Victoria Romanovna) protagonizarán la primera boda imperial celebrada en Rusia después 113 años. El pasado 24 de septiembre la pareja se casó civilmente en Moscú.

    La ceremonia, que promete ser fastuosa, tendrá lugar en la Catedral de St. Isaac, en la antigua capital imperial, San Petersburgo. La pandemia obligó a los novios a aplazar sus planes, que no se retomaron hasta recibir el visto bueno de las autoridades sanitarias, ya que a la boda han sido invitadas 1.500 personas.

    En una entrevista para la revista francesa Paris Match, Jorge y Victoria manifestaron su deseo de casarse, como los antepasados del gran duque, en San Petersburgo, “esa fascinante Venecia del Norte, que sigue siendo el símbolo de la grandeza del Imperio Ruso”. En esa ocasión, habían adelantado que su boda sería “tradicional real, tradicional rusa” y con “mucho protocolo”.

    El pasado 24 de septiembre, el gran duque Jorge Mihailovich y Rebecca Bettarini se se casaron civilmente en Moscú.

    La pareja hizo oficial el compromiso en diciembre de 2020, después de obtener el permiso de la madre de Jorge, María Vladimirovna, considerada por gran parte de los Romanov como la jefa de la Casa Imperial. Sin embargo, esperaron hasta enero para hacer pública la noticia y el gran duque dijo que estaban considerando mantenerlo en privado indefinidamente debido a la pandemia.

    En su boda religiosa, Rebecca lucirá un vestido italiano con “guiños” al país donde tendrá lugar la ceremonia, como la tiara Lacis de 438 diamantes de la casa Chaumet, una revisión moderna del tradicional kokoshnik (tocado) ruso. “Que la gente vea no solamente la Rusia de 1800. Anna Karénina y todas esas cosas. Que se vea lo que es hoy Rusia, que es muy diferente de lo que se piensa”, dijo en una entrevista.

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    María Pavlovna de Rusia y Guillermo de Suecia, protagonistas de la última boda real celebrada en suelo ruso, en 1908.

    Jorge Mihailovich Romanov (1981) es el único hijo de la gran duquesa María y su ex esposo, el príncipe Francisco Guillermo de Prusia. Rebecca Bettarini, hija de un diplomático italiano, es conocida con el nombre de Victoria Romanovn Bettarini desde su conversión a la fe ortodoxa rusa a principios de 2021.

    El aclamado “zarévich” recordó en una entrevista que será el primer miembro de la familia imperial rusa en casarse en su país de origen desde la Revolución de 1918, que resultó en el asesinato del zar Nicolás II, su esposa y sus hijos, después de más de un año de estar cautivos por la policía secreta bolchevique.

    La última boda imperial celebrada en Rusia fue la de la gran duquesa María Pavlovna, prima hermana del duque de Edimburgo, con el príncipe Guillermo de Suecia. Nacida en 1890, María era la hija del gran duque Pablo, un primo del último zar, y de la princesa Alejandra de Grecia, quien falleció muy joven después de dar a luz a su segundo hijo, Dimitri, uno de los asesinos de Rasputin.

    La boda ortodoxa de María y Guillermo se celebró el 3 de mayo de 1908 en el palacio de Tsarskoie Seló, San Petersburgo, y a ella asistieron la emperatriz viuda María Feodorovna, además de los zares Nicolás II y Alejandra, y fue la última celebración nupcial de la dinastía Romanov antes de la ejecución de los Romanov y la caída de la monarquía.

    Pese a que fue extraordinariamente celebrada, para la gran duquesa María su matrimonio con el príncipe Guillermo resultó en un fracaso total. Su tía y madre adoptiva, la gran duquesa Ella (hermana de la zarina) había organizado el matrimonio, con la aprobación del zar, sin siquiera consultar con la novia.

    María solo tenía dieciséis años y se enteró de su boda por un telegrama que su tía dejó sin querer sobre una mesa. Una vez casada, encontró a su marido frío, tímido y negligente. Por el contrario, logró hacerse querer por la familia real sueca, que apreciaba su personalidad.

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  • La boda de la princesa Marie-Astrid de Liechtenstein en 20 fotos

    El príncipe Hans Adam II de Liechtenstein, los príncipes herederos de ese país y un nutrido número de príncipes y princesas de ese país se unieron a diversos “parientes” de la realeza europea para celebrar el matrimonio de la princesa Marie-Astrid con el empresario estadounidense Ralph Worthington.

    Marie-Astrid de Lichtenstein, de 35 años, se casó en una ceremonia religiosa en la catedral de Orbetello, Italia, con Worthington, de 36 años y bisnieto del fundador de Metropolitan Oil. La princesa es hija del príncipe Nicolás de Liechtenstein y por lo tanto sobrina del soberano de su país, y de la princesa Margarita de Luxemburgo, hermana del gran duque Enrique.

    Además de los grandes duques hereditarios de Luxemburgo, Guillermo y Estefanía, los monarcas luxemburgueses también estuvieron representados por sus hijos el príncipe Luis y su prometida Scarlett-Lauren Sirgue, la princesa Alejandra y el príncipe Sebastián.

    La lista de invitados “reales” incluía a las princesa Ekaterina de Hannover, el príncipe Christian y la princesa Alessandra de Hannover, la princesa Mafalda de Hesse, el archiduque Lorenz de Austria (esposo de Astrid de Bélgica) con sus hijos, Luisa María, Joaquín y María Laura de Bélgica.

    El príncipe Jean-Christophe Napoleón con su esposa, el príncipe Amadeo de Bélgica y su esposa Elisabetta de Austria, los príncipes Henri y Gabriella de Borbón-Parma, Juan de Luxemburgo con su esposa e hijos, María-Astrid de Luxemburgo con su esposo Carl-Christian de Austria y la Nora de Liechtenstein. Asistieron además varios miembros de las casas de Habsburgo, Windisch-Graetz y Fürstenberg.

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  • Diarios de un astrofísico revelan el gran interés del príncipe de Liechtenstein por los OVNI

    El príncipe soberano Hans-Adam II de Liechtenstein cree desde hace muchas décadas que los extraterrestres visitan la Tierra periódicamente y aportó grandes sumas de dinero para la investigación de los OVNI, según revelaron los diarios privados del astrofísico Jacques Vallée, que ofrecen un vistazo al interés de la familia real por los avistamientos de objetos voladores y las teorías de conspiración.

    El francés Jacques Vallée, considerado una autoridad líder en la investigación de ovnis, es actualmente una de las pocas fuentes confiables en la investigación de la vida extraterrestre. También un financista del Silicon Valley y cofundador de Arpanet, el precursor de Internet. Sus diarios íntimos, titulados Ciencia Prohibida, proporcionan una detallada y a veces despiadada visión del curioso mundo de la investigación de los ovnis.

    Discusiones sobre ovnis y “fenómenos paranormales” en el palacio

    Hans Adam II es el príncipe de Liechtenstein desde 1989, aunque en 2004 cedió sus funciones a su hijo, el príncipe heredero Alois.

    Los tres volúmenes de los diarios de Vallée comienzan en 1957 y la última edición data de 1999. El príncipe de Liechtenstein aparece principalmente en los escritos dedicados a los años de 1980 a 1990 y en sus páginas el científico francés describe una visita al Castillo de Vaduz en noviembre de 1989: “Almorzamos en un comedor bastante pequeño con la familia: la esposa, la hermana y dos de los hijos del príncipe. El café se sirvió en una sala de estar”, consigna Jacques Vallée. Las discusiones sobre los ovnis y otros “fenómenos paranormales” habrían durado hasta altas horas de la noche.

    En sus diarios el científico dice que investigador de ovnis llamado Dick Haines le informó sobre una conversación que mantuvo con Hans Adam II en la que este último le dijo que había observado un ovni desde los jardines del castillo y que el objeto volador había desaparecido detrás de los árboles y había volado en dirección de Suiza. El príncipe también le dijo directamente a Vallée que su interés en los ovnis provenía del hecho de que su tía había visto uno en Múnich en los años 50. Un primo del príncipe también habría tenido un encuentro con un ovni, según escribió Vallée en 1989.

    “Hay un poder extraterrestre que vigila y controla los esfuerzos de la humanidad para conquistar el espacio”

    Según Jacques Vallée, el príncipe Hans Adam II, de 75 años, patrocinó la investigación internacional sobre ovnis durante décadas, manteniendo un estrecho contacto con personas como Robert Bigelow, magnate dueño de una empresa aeroespacial, a quien encargó un estudio de US$ 200.000 para determinar cuántos estadounidenses habían sido abducidos por extraterrestres. Gran parte de este patrocinio real se destinó a Estados Unidos y se dedicó a reuniones de investigadores y estudios.

    Según los diarios de Vallée, Hans-Adam II también quería investigar el fenómeno de los ovnis para encontrar nuevas fuentes de energía y propulsión porque el soberano cree que los ovnis vienen de planetas distantes y son controlados por extraterrestres tecnológicamente muy avanzados. “Hay un poder extraterrestre que vigila y controla los esfuerzos de la humanidad para conquistar el espacio”, según una cita del príncipe recogida por Jacques Vallée. El príncipe agregó que “parece también que una raza de extraterrestres genéticamente degenerados visita la Tierra para secuestrar a seres humanos sanos y poder curarse”.

    El príncipe Hans-Adam II vive ahora en Viena y enviudó en agosto de la princesa Marie, tras 54 años de matrimonio. En 2004, el soberano confió a su hijo, el príncipe hereditario Alois, el ejercicio de los derechos soberanos principescos, pero sigue siendo jefe de Estado de Liechtenstein. Desde entonces, se consagra a la gestión del patrimonio familiar, que, según la revista de negocios Bilanz, se estima entre 9 y 10.000 millones de francos. Si hubiera podido elegir su profesión, probablemente se habría convertido en físico o arqueólogo, según declaró al periódico Liechtensteiner Vaterland el pasado mes de noviembre.

    Monarquias.com / Con información de Swiss Info / NY Times

  • Jorge Romanov y Rebecca Bettarini: “Nuestra boda va a simbolizar la gran historia de Rusia”

    El gran duque Jorge de Rusia, considerado el heredero de la dinastía Romanov, espera que su boda con la italiana Rebecca Bettarini (Victoria Romanova tras la conversión a la Ortodoxia) el próximo 1 de octubre en la antigua capital imperial, San Petersburgo, sirva de puente entre Rusia y Europa.

    “Esta boda es una gran oportunidad para poder abrir Rusia más al mundo”, dijo en una entrevista concedida en su residencia en el centro de Moscú a la agencia Efe.

    “Yo me estoy casando con la mejor compañera de viaje que he encontrado en mi vida. Y la única persona que me soporta y me sigue empujando a ir adelante”, dijo el hijo de la gran duquesa María, principal pretendiente del trono zarista.

    La entre el gran duque, de 40 años, y Victoria Romanova Bettarini, de 39, será la primera boda de un miembro de la casa imperial en territorio ruso en más de un siglo. “Es un gran honor. ¿Quién hubiera pensado que algún miembro de la familia se casaría en Rusia? Hace 20 ó 30 años no lo imaginaba nadie”, afirma el gran duque.

    Victoria dijo que será “una boda tradicional rusa” que tendrá lugar en la Catedral de San Isaac, elección en la que contribuyó la Iglesia Ortodoxa Rusa, la gran abanderada de la monarquía en este país.

    “Yo creo que va a simbolizar la gran historia de Rusia y su gran cultura”, resaltó Victoria, que ya se casó civilmente el viernes 24 de septiembre en Moscú.

    Victoria Romanova adelanta que en su boda religiosa llevará un vestido italiano con “guiños” al país donde tendrá lugar la ceremonia, como la tiara Lacis de 438 diamantes de la casa Chaumet, una revisión moderna del tradicional kokoshnik (tocado) ruso.

    “Que la gente vea no solamente la Rusia de 1800. Anna Karénina y todas esas cosas. Que se vea lo que es hoy Rusia, que es muy diferente de lo que se piensa“, dijo la futura princesa.

    La pandemia obligó a los novios a aplazar sus planes, que no se retomaron hasta recibir el visto bueno de las autoridades sanitarias, ya que a la boda han sido invitadas 1.500 personas.

    “Nosotros nos queremos y estamos contentos de casarnos. Obviamente no pensábamos que sería una cosa así de grande e importante. Pensábamos que nos casaríamos como todo el mundo”, explicó.

    Los novios defienden la necesidad de reparar los lazos entre Rusia y Europa: “Políticamente hablando estamos de acuerdo en que hay puentes rotos. Pero hay puentes en los que podemos trabajar. La cultura, lo social, el cine (…) la cristiandad. Ahí tienes una vía de cooperación”.

    El gran duque Jorge ve la dinastía Romanov -derrocada en 1917 y en gran parte ejecutada en 1918- como un “conducto para restablecer un poco las relaciones” con Europa.

    Eso sí, siempre “al margen de la política”. La casa imperial mantiene una relación “cordial” con el Kremlin, pero se limita a actividades culturales e históricas.

    “A nosotros no nos volverán a pillar haciendo política. Creo que ya lo hemos hecho bastante tiempo. Les toca a ellos”, apunto el gran duque.

    Victoria Romanovna, por su parte, cree que la presencia de tantos invitados es una inmejorable ocasión para organizar “un intercambio cultural entre Europa y Rusia” y abrir un diálogo desde Moscú a Bruselas. “Y que por un día no se hable de Rusia por motivos políticos”, remarcó.

    Sobre restitución de la monarquía

    La familia del último zar, Nicolás II, fue asesinada por los bolcheviques en 1918, más de un año después de que él abdicara del trono tras la Revolución de Febrero.

    “La memoria está, pero las heridas se van cerrando. Ya tuvimos la canonización de la familia de Nicolás II. Si eso no es forma de cicatrizar las heridas (…)”, señaló el heredero.

    Jorge de Rusia no quiere ni oír hablar de “revisionismo” o “revanchismo”, y ve la misión de los representantes de la dinastía Romanov a imagen y semejanza de la monarquía parlamentaria española. “El mayor embajador de un país es el rey“, opinó.

    Ser “la vela” que conserva la memoria, los valores y las tradiciones del pasado imperial, y ejercer de “embajador de buena voluntad” de Rusia, resume su función.

    “Si restablecemos o no la monarquía en Rusia es una decisión del pueblo ruso. Yo espero estar a la altura de servir como pueda a mi país, a mi patria”, concluyó.

    Monarquias.com / Efe