Categoría: EUROPA

  • Sobrino de Margarita II se casó tras desafiar una ley dinástica que le prohibía hacerlo

    El príncipe alemán Gustav zu Sayn-Wittgenstein-Berleburg, sobrino de la reina Margarita II de Dinamarca, se casó finalmente con su novia, la escritora de orígenes suecos y mexicanos Carina Axelsson, después de una relación de 19 años.

    Gustav y la flamante princesa tienen 53 años y tuvieron que esperar casi dos décadas para formalizar su relación a causa de una histórica y controvertida prohibición dinástica que le prohibía al príncipe casarse con esta mujer plebeya, católica, que trabajaba como modelo y se convirtió en ilustradora de cuentos infantiles.

    Quiénes asistieron a la boda en Alemania

    La boda del príncipe alemán, a la que asistieron los príncipes herederos de Dinamarca y otros miembros de la familia, se celebró en la capilla del castillo de Berleburg, el hogar ancestral de esta antigua familia noble en el estado alemán de Renania del Norte-Westfalia.

    Entre los invitados se encontraban los príncipes herederos daneses Federico y Mary, Joaquín de Dinamarca y su esposa Marie, primos del novio.

    Por qué el príncipe Gustav no podía casarse con Carina Axelsson

    El problema surgió hace más de 70 años, con el abuelo de Gustav, Gustav Albrecth zu Sayn-Wittgenstein-Berleburg (1907-1969) desaparecido en combate en el frente ruso en 1944 y dado definitivamente por muerto en 1969.

    El noble dejó estipulado en su testamento que ninguno de sus herederos podría casarse con una mujer que no fuera de sangre real y de raza aria (la raza que los nazis consideraban superior).

    Gustav Albrecht era un alto general del ejército alemán con estrecha relación con el nazismo y, para evitar que la sangre familiar se diluyese, prohibió los matrimonios “desiguales” de sus descendientes bajo pena de perder el título y la jefatura de la Casa de Sayn-Wittgenstein Berleburg.

    La casa principesca no reveló por qué se celebrará la boda, ya que en el pasado un tribunal alemán se negó a anular la condición del testamento. La revista danesa Billed-Bladet sugiere que la pareja puede sentirse empoderada por un fallo de 2020 que establece que Gustav es el propietario legítimo de Berleburg desde la muerte de su padre.

    El primogénito de Gustav Albrecth, el príncipe Richard (actual jefe de la Casa principesca) cumplió con la voluntad familiar y se casó en 1967 con la princesa Benedicta de Dinamarca, hija del rey Federico IX y hermana menor de la reina Margarita II.

    Tuvieron tres hijos, de los cuales Gustav (nacido en 1969) es el actual jefe de la casa noble.

    La princesa Benedicta enviudó en 2017, año en que el príncipe Gustav se convirtió en el heredero de la casa de Sayn-Wittgenstein Berleburg. Desde entonces, reside entre Dinamarca, donde ayuda regularmente a su hermana Margrethe, y Alemania, donde vive en el castillo de Berleburg.

    La Casa de Sayn-Wittgenstein-Berleburg remonta sus orígenes al siglo XII y rigió un pequeño feudo ubicado al norte de Frankfurt. Desde el año 1607, el territorio fue gobernado por Condes, que fueron ascendidos al rango de Príncipes en 1792, bajo el reinado de Christian Heinrich.

  • Fotos: el tesoro real de la desaparecida monarquía portuguesa ahora se exhibe al público

    Las joyas de la corona portuguesa, obras de arte de oro, esmeraldas o diamantes creadas por los más conocidos orfebres europeos, se exhiben al público por primera vez en el nuevo Museo del Tesoro Real de Lisboa.

    Ubicado en Palacio de Ajuda, que fue residencia de la familia real portuguesa en el siglo XIX, el nuevo museo exhibe una colección formada por más de 1.000 obras, con miles de diamantes y piedras preciosas procedentes de Brasil.

    “Es una colección muy diversa e intentamos en sus núcleos mostrar en qué contexto eran usadas estas piezas”, dijo el director del museo, José Alberto Ribeiro, citado por Swiss Info.

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    “El Palacio de Ajuda fue el lugar ideal para crear este museo porque ya albergaba parte de esta colección. Todo el edificio fue diseñado para evitar sorpresas desagradables en cuanto a hurtos o robos”, explicó Ribeiro.

    “Luego del trauma del terremoto y maremoto de 1755, la realeza decidió instalarse aquí, lejos del río y en una zona menos expuesta a la actividad sísmica”.

    El objetivo es mostrar un tesoro escondido durante décadas y que pertenece a todos los portugueses. Una colección que se creó durante siglos y que, por razones de seguridad, nunca ha tenido la oportunidad de mostrarse al público desde 1910”.

    El collar de la reina consorte de España e infanta portuguesa María Bárbara de Braganza, con diamantes de 24 quilates y dos esmeraldas colombianas clasificadas como “gotas de aceite”, y la tiara de la reina María II, de oro, plata, cinco zafiros y 1.400 diamantes, son protagonistas.

    Entre las obras más valiosas también se encuentra la corona de oro de Brasil encargada por Juan VI, un toisón también de oro, mantos reales y la tabaquera pedida por José I a la orfebrería de Luis XV de Francia en el siglo XVIII, considerada la más espectacular de las realizadas en Europa, con un peso de casi 30 quilates.

    Expuestas en muestras temporales y guardadas en las cajas fuertes del Banco de Portugal hasta ahora, las piezas forman parte del tesoro de la corona y abarcan desde el siglo XVI hasta la caída de la monarquía en Portugal, en 1910.

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    Parte del patrimonio real se perdió en el Gran Terremoto de Lisboa, en 1755, en el incendio que destruyó el palacio de madera de los monarcas, en 1794, en robos, guerras y en el traslado de la corte a Brasil, pero aún se conservan piezas únicas.

    El Museo del Tesoro Real, con medidas de seguridad extremas, es una gigantesca caja fuerte con puertas blindadas y cristales a prueba de bala a que protegen un espacio de 40 metros de ancho, por 10 de largo y 10 de alto. Su creación costó 31 millones de euros.

    La visita se desarrolla en un ambiente oscuro, incluso incómodo según los relatos de algunos visitantes, pero que alternativamente resalta los mayores símbolos del poder real portugués: coronas, cetros, insignias y medallas, además de otros objetos preciosos como pepitas de oro o diamantes del Brasil.

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  • Qué título tendrá el futuro bebé Romanov, descendiente del zar Alejandro II y la reina Victoria

    La gran duquesa María Vladimirovna Romanov, jefa de la casa imperial rusa, recibió “con gran alegría” la noticia de que será abuela por primera vez.

    El gran duque Jorge de Rusia y su esposa, la princesa Victoria Romanova, anunciaron que esperan para “el otoño de este año” el nacimiento de su primer hijo.

    Se espera que el nuevo miembro de la dinastía Romanov sea el primero nacido en Rusia desde la Revolución que derrocó a la monarquía en 1917.

    Sin embargo, al niño o niña por nacer no le espera un título imperial pese a que será considerado un eslabón clave en la pretensión de la familia al trono de Rusia, que disputan otras ramas familiares.

    La gran duquesa María es considerada por muchos la legítima heredera de la jefatura de la dinastía como descendiente del zar Alejandro II -asesinado en 1881-.

    Su único hijo, el gran duque Jorge, de 40 años, es el primero en la línea sucesoria.

    Pero el matrimonio de Jorge con la plebeya Rebecca Bettarini, hija de un diplomático italiano, es considerado “morganático” (desigual) por la gran duquesa.

    De esta forma, Rebecca, que fue rebautizada Victoria Romanova cuando se convirtió a la fe ortodoxa rusa, no tiene el título de ‘gran duquesa’ sino de “princesa”.

    De acuerdo a la regla impuesta por la casa imperial, los hijos de los matrimonios morganáticos no son “grandes duques”, por lo que el primer hijo de la pareja tendrá el estatus de “Su Alteza Serenísima” con el título de Príncipe o Princesa.

    El niño, al igual que su madre, ostentarán sus títulos principescos hasta el fallecimiento de la gran duquesa María. Y recién cuando el gran duque Jorge se convierta en jefe de la dinastía, podrá titular Gran Duquesa a su esposa y otorgar el rango imperial a sus hijos.

    Los orígenes imperiales del futuro bebé Romanov

    La rama de la dinastía Romanov liderada hoy por la gran duquesa María, de 68 años, desciende del zar Alejandro II, quien fue asesinado en 1881 y era, a su vez, bisnieto de Catalina la Grande.

    El abuelo de María, el gran duque Kirill (1876-1938), era primo de Nicolás II, el último zar de la dinastía Romanov, que reinó más de 300 años en Rusia hasta la ejecución de la familia imperial.

    María se autoproclamó jefa de la dinastía en 1994, tras la muerte de su padre el gran duque Vladimir Kirillovich, pero su cargo es impugnado por otros Romanov, que claman que la ley dinástica prohíbe desde el siglo XIX que una mujer ostente la corona.

    El gran duque Jorge es el único hijo de la gran duquesa María y del príncipe Francisco de Prusia (quienes se divorciaron en la década de 1980) y se casó en 2021 con Bettarini en San Petersburgo.

    De esta forma, aunque el hijo de Jorge no tendrá un título imperial, contará en su árbol genealógico con ancestros como Catalina la Grande, la reina Victoria de Inglaterra o el último káiser alemán, Guillermo II.

  • La dinastía Romanov de Rusia espera “con gran alegría” el nacimiento de un nuevo miembro

    El gran duque Jorge de Rusia y su esposa, la princesa Victoria Romanova, anunciaron que esperan para “el otoño de este año” el nacimiento de su primer hijo.

    La princesa Victoria, nacida Rebecca Bettarini, goza de “excelente salud” y de momento no cancelará sus compromisos, agregó la cancillería de la Casa Imperial.

    Se espera que el bebé miembro de la dinastía Romanov sea el primero nacido en Rusia desde la Revolución que derrocó a la monarquía en 1917.

    El gran duque Jorge, de 40 años, es el único hijo de María Vladimirovna Romanov, considerada por muchos la legítima heredera de la jefatura de la dinastía como descendiente del zar Alejandro II.

    El padre de María, el gran duque Kirill, era primo de Nicolás II, el último zar de la dinastía Romanov, que reinó más de 300 años en Rusia hasta la ejecución de la familia imperial.

    En un comunicado, la casa imperial dijo que la pretendiente al trono, la gran duquesa María -madre de Jorge- “recibió estas noticias con gran alegría y gratitud a Dios”.

    El heredero del último zar de Rusia se casó en San Petersburgo en octubre con Rebecca, hija de un diplomático, que se convirtió a la fe ortodoxa y fue rebautizada como Victoria Romanovna.

    La ceremonia tuvo lugar en la catedral de San Isaac, en el corazón de la antigua capital imperial, en noroeste del país, en lo que constituyó la primera boda imperial celebrada en suelo ruso desde 1908.

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  • Quién es el príncipe Felipe, el joven estadounidense que es el nuevo heredero del trono de Serbia

    El príncipe Felipe de Serbia no esperaba tener un rol protagónico en la historia de la dinastía Karadjorgevich, pero la inesperada renuncia de su hermano mayor, Pedro, a sus derechos al trono, lo ubicó recientemente en el primer plano.

    El príncipe Pedro, de 42 años, renunció a finales de abril a la herencia real en favor de su hermano menor. Ambos son hijos del príncipe Alejandro II, hijo del último rey de Yugoslavia y actual pretendiente al trono de Serbia.

    Felipe nació el 15 de enero de 1982 en Fairfax (Virginia, EEUU), con lo cual tiene ciudadanía estadounidense. Su madre es la princesa María da Gloria de Orleans-Bragança, descendiente de los emperadores de Brasil y reyes de Portugal, y su hermano gemelo es el príncipe Alejandro.

    Bautizado en el rito ortodoxo, Felipe tuvo como padrinos al ex rey Constantino II de Grecia y a la reina Sofía de España, ambos primos del príncipe Alejandro.

    Criados en EEUU, Felipe y Alejandro se mudaron a Sevilla (España) cuando eran pequeños y crecieron después en Londres, donde asistieron a una de las mejores escuelas preparatorias del Reino Unido, The King’s School Canterbury.

    A los 18 años finalmente regresó con su familia a Serbia, donde habían reinado sus antepasados. Por decisión del gobierno de la república, la familia real vive desde 2001 en el Palacio Real de Belgrado, antigua residencia de la dinastía Karadjorgevich.

    Felipe -que habla inglés, español, francés y serbio- se graduó posteriormente en la University College London (UCL) con una licenciatura en humanidades y luego trabajó para Landsbanki en la ciudad de Londres. Además, terminó la École hôtelière de Lausanne (EHL) Suiza y trabajó en el Hotel Ritz de Londres.

    Hijos de una familia real sin un papel público, Felipe y sus hermanos tuvieron que estudiar y ganarse la vida como tres jóvenes comunes. De esta forma, el príncipe trabajó para IKOS, un fondo de cobertura sistemático global, en Chipre y ahora trabaja con un reconocido administrador de activos globales en Londres.

    En octubre de 2017, Felipe contrajo matrimonio con Danica Marinkovic, hija de un prestigioso pintor impresionista nacida en Belgrado que, al igual que el príncipe, estudió en el Reino Unido y se graduó en el Chelsea College of Arts de Londres antes de emprender una exitosa carrera como diseñadora.

    Danica, que asumió el título de princesa real de Serbia, había estudiado diseño gráfico y comunicación visual en la Academia de Artes Aplicadas de París, así como en Literatura Comparada y Estudios Eslavos en la Universidad Sorbonne-Paris. En Londres, obtuvo su Maestría en Diseño Gráfico y Comunicación en el Chelsea College of Art and Design.

    La pareja tiene un hijo, el príncipe Stefan, primer miembro de la dinastía Karadjorgevich nacido en suelo serbio en 90 años.

    A finales de abril de este 2022, Felipe y Danica se convirtieron en los primeros en la línea sucesoria dinástica por la renuncia del príncipe Pedro, firmada en Sevilla, donde vive con su madre, la duquesa de Segorbe.

    “El interés de la dinastía es que el príncipe heredero viva en Serbia junto a nuestro pueblo, y mi hermano, el príncipe Felipe, se ha establecido con su familia en nuestra patria, donde hace nueve años nació su primogénito, el príncipe Esteban. Yo continuaré mi vida en Sevilla, como hasta ahora”, rezaba el comunicado del príncipe Pedro.

    El príncipe Alejandro reaccionó no sin indignación, al recordar que la renuncia “no se siguió correctamente, de acuerdo con la tradición y las reglas de la Familia Real, y el Libro de Reglas de la Familia” y que debió concretarse en su presencia y el suelo serbio.

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  • La antigua residencia de verano de la familia real de Serbia será restaurada tras 70 años de abandono

    La familia real de Serbia anunció que muy pronto será restaurada la antigua residencia de verano de la dinastía Karadjorgevich en Han Pijesak, una localidad de la República Srpska (Bosnia-Herzegovina).

    La mansión de verano del rey Alejandro, penúltimo monarca de la dinastía, se construyó después de la Primera Guerra Mundial, entre 1922 y 1924, siguiendo los planos de arquitectos vieneses.

    A principios del siglo XX, se había medido la concentración de ozono en Han Pijesak y los expertos llegaron a la conclusión de que este lugar era un balneario de aire natural, y que el anciano emperador Francisco José retirar allí a descansar. Jamás lo hizo debido a la situación política y la guerra.

    El rey Alejandro de Yugoslavia, coronado en 1918 y asesinado en 1934, comenzó a retirarse allí cada verano con sus hijos y recibía a altos funcionarios, concedía audiencias y revisaba asuntos de Estado.

    La mansión fue propiedad de la familia real Karadjordjevic hasta 1941 y al año siguiente se convirtió en un hospital para el ejército yugoslavo, que participaba de la Segunda Guerra Mundial.

    “Más tarde, pasó a manos de los alemanes, por lo que los partisanos y este complejo fueron dañados significativamente durante la Segunda Guerra Mundial. Fue renovado en 1947 y 1948, y luego la apariencia original del edificio cambió significativamente”, explicó la historiadora local Milijana Okilj.

    Posteriormente, el dictador yugoslavo Tito utilizó la residencia y los habitantes de Han Pijesak lo llamaban “el castillo de Tito”. Contaba con un búnker que ahora está completamente cubierto de arbustos.

    La prensa serbia reportó que la mansión real es ahora “espeluznante”, con ventanas rotas, paredes derribadas y grafitis. Además, fue víctima de un feroz incendio en 2005 que derrumbó gran parte de la construcción.

    Cuando se permitió la entrada de expertos en conservación de sitios históricos, se informó que la residencia real estaba “en buenas condiciones”, contaba con algunos muebles antiguos, estufas de barro y obras de arte fue fueron trasladadas posteriormente a la biblioteca de Han Pijesak.

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  • La familia real de Italia busca recuperar las joyas, conservadas en una bóveda bancaria desde 1946

    La familia real de Italia busca recuperar las joyas que le pertenecieron y que están guardadas en una bóveda de seguridad del Banco de Italia desde junio de 1946. Se trata de un tesoro compuesto por 6.732 brillantes y 2.000 perlas, de diferentes tamaños, montados en collares, pendientes, diademas y broches que fueron utilizados por varias generaciones de la Casa de Saboya.

    Los representantes legales de la familia real mantuvieron un encuentro con representantes del Banco de Italia, el primer ministro italiano y el Ministerio de Economía para abordar la cuestión a pedido del príncipe Víctor Manuel, hijo del último rey italiano, y sus hermans las princesas Maria Gabriela, María Pía y María Beatriz.

    “Si al final de la mediación las partes no llegan (como es probable) a una solución, la familia Saboya, representada también por el abogado Orlandi, procederá a demandar al Estado con la intención de recuperar las joyas”, informó el diario romano “Il Corriere”.

    La propiedad de las joyas -valuadas en alrededor de 300 millones de euros-, a diferencia de otros bienes inmuebles y muebles pertenecientes a la dinastía Saboya en territorio italiano hasta la caída de la monarquía 1946 son una cuestión abierta y controvertida en Italia.

    Tres días después del Referéndum de junio, un representante del rey Umberto II entregó las joyas al entonces gobernador del Banco de Italia, Luigi Einaudi, futuro presidente de la República. En el informe de entrega de 1946 consta: “Los objetos preciosos que representan los llamados gozos de dotación de la Corona del Reino se encomiendan a la caja registradora central para que se mantengan a disposición de quienes tienen derecho”.

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  • Subastarán gemas y diamantes de la familia imperial rusa que escaparon de la Revolución

    Las joyas reales rusas sacadas de contrabando del país durante la Revolución de 1917, junto con diamantes de colores raros, se ofrecerán en una subasta la próxima semana en Ginebra (Suiza).

    Un diamante naranja-rosa que pesa 25,62 quilates, estimado en US$ 3,9 millones a $ 5,9 millones, engastado en un anillo, es el lote estrella en la venta de joyas semestral de la casa de subastas Sotheby’s en la ciudad suiza que se celebrará el próximo 10 de noviembre.

    “Un cristal hermoso, es de un color fantástico con un poco de naranja pero no demasiado, por lo que es un color muy sutil”, dijo Olivier Wagner, jefe de ventas y experto en joyería de Sotheby’s Ginebra, citado por la agencia Reuters.

    “El mercado es actualmente muy dinámico y, después de la pandemia, la gente está muy interesada en comprar joyas hoy y comprar algo tangible que puedan disfrutar”, agregó el experto.

    También serán subastados un gran zafiro ovalado y un broche de diamantes y pendientes a juego del joyero de la gran duquesa María Pavlovna, tía del último emperador ruso Nicolás II, a la que el experto recuerda como “la reina de la vida social en San Petersburgo” y poseedora de “una colección fantástica de joyas”.

    El conjunto de joyas reales, confiado por la gran duquesa a su amigo el diplomático británico Albert Henry Stopford, quien los llevó a Londres para custodiarlos junto con otras joyas durante la Revolución, se estima en US$306.000-525.000.

    María Pavlovna escapó con vida de la revolución y murió en Francia en 1920. Su broche y pendientes están siendo vendidos por una familia principesca europea que los compró en una subasta en 2009, dijo la casa de subastas.

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  • Fotos: así luce el Palacio Alejandro, de los zares de Rusia, tras su restauración

    Después de un extenso y millonario trabajo de restauración que comenzó en 2015, los apartamentos privados del emperador Nicolás II y la emperatriz Alejandra Feodorovna fueron abiertos al público en el Palacio Alejandro, ubicado en Tsarskoye Selo (Rusia).

    Construido para el nieto de Catalina la Grande, fue la última residencia de Nicolás II -ejecutado junto a su familia por los bolcheviques en 1918- y el único palacio ruso que no fue destruido por los nazis después de la invasión en la II Guerra Mundial.

    La primera etapa del proyecto de restauración palacio “es el resultado del colosal trabajo de cientos de personas, entre diseñadores, arquitectos, restauradores, trabajadores de museos y decenas de organizaciones”, informó tsarnicholas.org.

    Según la directora del Museo Estatal de Tsarskoye Selo, Olga Taratynova, las obras iniciadas en 2015 continuaron adelante durante la pandemia de Covid-19, aunque retrasaron un año la fecha de apertura al público. Los trabajos de restauración y reconstrucción costaron 30 millones de dólares (2.200 millones de rublos).

    Los visitantes ahora tendrán la oportunidad de ver el renovado despacho de Nicolás II, su baño morisco, la sala de recepción, la sala del valet, la sala de dibujo, la sala de estar de palisandro (palisandro), el boudoir malva, la sala de recepción de la zarina, el dormitorio imperial, las bibliotecas y el salón de mármol.

    Está programado que el ala oeste del Palacio Alejandro se complete en 2024 y, una vez finalizada la obra completa, la residencia imperial se convertirá en un complejo museístico multifuncional, que incluirá salas de exposiciones, salas para exposiciones temporales, salas para trabajos de investigación y conferencias, así como una biblioteca y un centro infantil.

    El sótano albergará una taquilla, una tienda del museo, una cafetería, un guardarropa, un mostrador de información turística, así como instalaciones técnicas y auxiliares, según informa tsarnicholas.org.

    El palacio se encuentra en San Petersburgo, fundada por Pedro el Grande en 1703, que fue la capital de Rusia entre 1712 y 1918. Los emperadores de la dinastía Romanov vivían en esta grandiosa ciudad, geográficamente cercana a Europa, y desde aquí gobernaban el país. La ciudad se construyó en un momento en el que Rusia se acabó por transformar en una potencia europea. La ciudad se convirtió en un símbolo del cambio y del giro de Rusia hacia la cultura occidental.

    San Petersburgo, una de las ciudades más bellas del mundo, debe su excelencia arquitectónica no solo a los arquitectos rusos sino también a los franceses e italianos. Crearon obras maestras completamente intrínsecas a San Petersburgo y se quedaron aquí por el resto de sus vidas”, explica la filóloga Irina Arnold en su ensayo Identidad del pueblo de San Petersburgo.

    El palacio, considerado una de las mejores obras del arquitecto italiano Giacomo Quarenghi, fue construido a finales del siglo XVIII para el futuro emperador Alejandro I, el nieto de Catalina la Grande, y se convirtió en la residencia permanente del último zar ruso en 1905. “El Palacio de Alejandro es un lugar especial”, explicó Olga Taratynova, directora del Museo Tsarskoe Selo. “Fue construido para la vida privada de la familia imperial, que estaba muy bien guardado”.

    A diferencia de otros palacios, el Palacio de Alejandro no fue destruido por los invasores nazis durante la Segunda Guerra Mundial y albergó el comando militar y una prisión, mientras el patio fue utilizado como cementerio para los soldados de las SS.

    Fue desde esta residencia que el zar Nicolás II y su familia fueron enviados al exilio a Tobolsk en Siberia en agosto de 1917. Posteriormente, la familia fue trasladada a Ekaterimburgo, donde fueron ejecutados, junto con sus criados y el médico, en julio de 1918.

    Monarquias.com / Fotografías: Tsarnicholas.org

  • Ex príncipe rumano habló de su relación con la familia real: “Necesitan evolucionar y modernizarse, de lo contrario morirán”

    El ex príncipe Nicholas de Rumania (Nicholas Medforth-Mills de Rumania) cree que la familia real de su país debe modernizarse y conectarse con la sociedad si quiere cumplir un papel importante en la sociedad y sobrevivir. En una entrevista en la que ahondó sobre su tensa relación con la familia, afirma, además, que no necesita el título de príncipe, que le fue retirado por desavenencias con su familia, para desempeñar un rol importante entre los rumanos.

    “Cualquier familia real tiene que usar cada generación para modernizarse, avanzar y estar conectada con la sociedad. Y esto tiene que suceder en Rumania”, dijo Nicholas, quien a pesar de no ser formalmente un miembro de la familia real y haber sido retirado de la sucesión al trono, es acaso el más popular de los descendientes del fallecido rey Miguel (1921-2017), el último monarca constitucional del país balcánico.

    Desearía que su actitud fuera mucho más abierta y mucho más orientada hacia la unidad en lugar de tratar de dividir a la familia”, dijo Nicholas en una entrevista con el medio rumano Universul.net. En la misma aseguró: “No necesito un puesto en la familia real y un título para hacer lo que quiero hacer en Rumania y beneficiar a la sociedad”.

    Nicholas,único hijo varón de la princesa Elena de Rumania (hija del rey Miguel) y del británico Robin Medforth-Mills, nació en Suiza en 1985 y se mudó a Rumania, a instancias de su abuelo, en 2012, cuando comenzó a asumir un papel activo como posible heredero. En 2015, sin mediar explicaciones, el anciano rey lo despojó de su título y derecho dinástico, y en 2017 su familia -hoy liderada por la princesa Margarita- le impidió acercarse al lecho de muerte de su abuelo para despedirse.

    Traté de involucrarme en proyectos que beneficien a la sociedad… tal vez me volví demasiado popular, tal vez no. Hubo un cambio de actitud que fue inexplicable”, dijo Nicholas. “Adopté a Rumanía y Rumanía me adoptó a mí… y de la noche a la mañana las cosas cambiaron”, agregó el ex príncipe. Insiste en que, incluso cuando se hizo popular, no tenía intenciones de despojar a la princesa Margarita de su derecho al trono: “Realmente nunca quise derrocarlos y presionarme como número 1…”

    Refiriéndose a su tía y jefa de la familia, la princesa Margarita, Nicholas dijo que fue como madre para él cuando era un adolescente y en la época en que sus padres se divorciaron. “Mis abuelos fueron figuras constantes desde el primer día, especialmente mi abuelo. Margarita fue muy positiva y muy alentadora…” Ahora segura que no tiene contacto con su tía desde que fuera desheredado en 2015.

    Nicholas, que al parecer fue despojado de la línea sucesoria después de que una mujer reclamara que era padre de una niña a la que no quiso reconocer, describe la relación con otros miembros de la familia real como “delicada y complicada”. “Desearía que su actitud fuera mucho más abierta y mucho más orientada hacia la unidad en lugar de tratar de dividir a la familia”.

    “Mi misión y mis puntos de vista no han cambiado. Creo que tengo un papel que desempeñar y quiero servir al país en todas las circunstancias que pueda ”, agregó Nicholas, que hoy está casado con una periodista rumana y tiene una hija, María Alexandra. “Cualquier familia real tiene que usar cada generación para modernizarse, avanzar y estar conectada con la sociedad. Y esto tiene que suceder en Rumanía”.

    “Desafortunadamente, no hay opción de reconciliación” en este momento, reconoce el ex príncipe, quien sin embargo no descarta arreglar las cosas con Margarita y su esposo, el príncipe Radu, apuntado por muchos como la eminencia gris de la familia real. “Soy optimista, tengo tiempo libre. Tengo paciencia y esto es lo que se necesita”, opina el nieto del rey Miguel en Universul.

    La familia es la familia y no me gusta hablar negativamente sobre la familia”, dijo. “Margarita tiene que estar conectada e involucrada en la sociedad, y ellos tienen que evolucionar y modernizarse, de lo contrario morirán. Si miramos a Bélgica, Reino Unido, Holanda, España, estas cosas han estado sucediendo”. En su opinión, su tía “tiene que hacer lo posible para estar conectada con la generación más joven, modernizarse y estar abierta al público”, y finalizó: “Estoy aquí. Yo soy la próxima generación. Tengo tiempo de mi lado. Mi misión continúa, le guste o no a la gente”.

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