Categoría: EFEMÉRIDES

  • Sonia, la primera reina plebeya de Noruega, cumplió 85 años con el prestigio intacto

    La reina Sonia, consorte del rey Harald V, cumplió 85 años con el prestigio intacto pese a que, en los años 60, se dudó de que aquella joven plebeya, de orígenes burgueses, pudiera ser la reina consorte adecuada en el futuro.

    Nacida en Oslo el 4 de julio de 1937, la reina es hija de Dagny (1898-1994) y de Karl August Haraldsen (1889-1959) y fue criada en el barrio de Vinderen en Oslo.

    Sonia, una empleada de una tienda de Oslo, conoció al príncipe heredero Harald en 1959, pero su commpromiso tuvo que esperar nueve años hasta que el rey Olav (padre de Harald), el gobierno, el parlamento y la iglesia de Noruega aceptaron que el futuro monarca rompiera la tradición y se casara con una mujer de orígenes plebeyos.

    En marzo de 1968 llegó la noticia de que el rey Olav había dado su permiso para que el príncipe heredero se casara, pero el anuncio del compromiso dio lugar a un debate intenso sobre el futuro de la monarquía en Noruega, que había sido fundada por el rey Haakon VII y la reina Maud en 1905.

    El 29 de agosto de 1968, la boda tuvo lugar en la Catedral de Oslo y Sonja Haraldsen se convirtió en la Princesa Heredera de Noruega y desde entonces fue bien recibida por los noruegos, que se mostraron orgullosos de la modernidad de su casa real. La pareja tuvo dos hijos, la princesa Martha Luisa y el actual príncipe heredero Haakon.

    Sonia se convirtio en la primera reina plebeya de la historia de Noruega en 1991, al morir su suegro Olav V y ascender al trono su esposo, Harald V.

    La reina acompañó al rey cuando prestó juramento a la Constitución en el Parlamento el 21 de enero de 1991, siendo además la primera reina consorte de Noruega tras 53 años en que el cargo estuvo vacante (la reina Maud murió en 1938 y la esposa de Olav V, Martha de Suecia, murió antes de que su marido ascendiera al trono).

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  • El príncipe Guillermo cumple 40 años: su papel en la transición de la monarquía al siglo XXI

    Desde que la reina Isabel II, de 96 años, comenzó a reducir sus compromisos oficiales por motivos de salud, su nieto el príncipe Guillermo incrementó su presencia. Cuando la reina faltó al “discurso del trono” que inaugura la nueva sesión parlamentaria en mayo, el joven príncipe acompañó a su padre, príncipe heredero, que sustituyó a la monarca.

    Al cumplir 40 años este 21 de junio, Guillermo interviene en decisiones importantes, según la prensa británica, como cuando por ejemplo se opuso a la participación del príncipe Andrés, su controvertido tío sumido en un escándalo sexual, en la tradicional ceremonia de la Orden de la Jarretera en junio.

    El duque de Cambridge y su esposa Kate Middleton “son el futuro de la monarquía“, dice el experto de la realeza Richard FitzWilliams, “como lo demuestra su aparición en el balcón (del palacio de Buckingham)” junto a la reina durante las fiestas del jubileo de platino.

    Guillermo fue “formateado” por su abuela, una reina “tradicional”, durante los almuerzos dominicales con ella en Windsor, cuando estudiaba en el elitista Eton College, señala Marc Roche, autor de varios libros sobre la monarquía británica. Pero también tiene “dada su generación, quizá por la influencia de su madre, una gran sensibilidad hacia la diversidad y la ecología”, agrega.

    El príncipe no suele mostrar sus sentimientos, pero defendió a la familia real tras la impactante entrevista que dieron su hermano Enrique y su esposa Meghan a la televisión estadounidense, asegurando que no son “racistas” como se les habían acusado.   

    El príncipe, sin embargo, reconoce la necesidad de modernizar una institución milenaria para que sobreviva después de Isabel II, cuando la idea de una república gana terreno entre los jóvenes. Esta toma de conciencia se acentuó tras una gira en marzo con Catalina por el Caribe, donde la monarquía fue criticada por sus tintes colonialistas.

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  • El príncipe Guillermo, el “rey millennial” de Inglaterra, cumple 40 años

    El príncipe Guillermo, nieto de la reina Isabel II, cumple 40 años, una etapa importante para esta figura imprescindible de la familia real británica, deseoso de conciliar modernidad y tradición, llamado a convertirse un día en rey.

    Nacido el 21 de junio de 1982 y segundo en la línea de sucesión al trono, el duque de Cambridge entra en el club de los cuadragenarios pocos meses después de su esposa Catalina, en enero, con la que forma una pareja muy popular que encarna el futuro de la monarquía.

    “Es una etapa muy importante para él porque, junto con su padre, el príncipe Carlos, está aumentando su respaldo a la reina y sigue forjando una identidad como futuro rey”, explica el comentarista real Richard FitzWilliams.

    “Una de las cosas que preocupan especialmente a Guillermo es la imagen de la monarquía y cómo puede avanzar”, quiere convertirla en una institución “relevante” y “contemporánea”, agregó.

    Con los años, Guillermo se ganó el corazón de los británicos, muchos de los cuales incluso quieren que suceda directamente a su abuela, en lugar del menos popular Carlos, de 73 años. Según el gabinete de sondeos YouGov, es el miembro de la realeza más popular tras Isabel II, con 66% de opiniones favorables.

    Dedicado de lleno en su papel de segundo heredero de la corona, Guillermo prevé mudarse con su familia del palacio londinense de Kensington a Adelaide Cottage, una casa de campo de cuatro dormitorios en los terrenos del castillo de Windsor, donde reside ahora Isabel II.

    Se trata de una transición importante, que le permitirá acercarse a la reina y reforzará el pequeño núcleo de la familia real en torno a ella.

    Pero al tiempo que cumple con sus obligaciones monárquicas, Guillermo también se esfuerza por ofrecer una vida relativamente normal a sus tres hijos de entre 4 y 8 años, después de haber tenido él mismo una infancia marcada por el divorcio de sus padres y la muerte de su madre, la princesa Diana, en un accidente de tráfico en 1997 en París, cuando él tenía 15 años.

    El duque se muestra como un hombre moderno, por ejemplo ayudando a sus dos niños mayores con los deberes durante los confinamientos.

    También quiere aparecer con alguien cercano al pueblo, como su madre, la fallecida Diana Spencer. En junio se le vio en Londres vendiendo The Big Issue, la revista británica de las personas sin hogar, una causa cercana a su corazón, como también lo son el medio ambiente y la salud mental.

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  • La duquesa de Gloucester cumplió 76 con elogios a su discreción y “sentido del deber”

    Muy pocos conocen a la duquesa de Gloucester. Y es que su nombre, al igual que el de su marido, no son asiduos en los titulares de la prensa. Pero Birgitte van Deurs, de origen danés, es un miembro de la familia real británica muy valorado por la reina Isabel II.

    Su Alteza Real aborda su trabajo con gran entusiasmo y sentido del deber”, dice la casa real.

    Nacida el 20 de junio de 1946 en Odense (Dinamarca) la duquesa es esposa del príncipe Ricardo, duque de Gloucester, nieto del rey Jorge V y primo hermano de la reina Isabel II. Se casaron en 1972, dos años antes de que el príncipe heredara el ducado de su padre.

    Birgitte es un miembro trabajador a tiempo completo de la familia real”, explica la casa real en su sitio web. “Su Alteza Real se enorgullece del trabajo que realiza para sus muchas organizaciones benéficas y organizaciones, así como de sus deberes en apoyo de la reina”.

    Madre de tres hijos -Alexander, vizconde de Ulster, lady Rose y lady Davina- la duquesa viaja mucho por el Reino Unido y el extranjero para realizar cientos de compromisos cada año. Muchos están relacionados con las más de 60 organizaciones con las que está conectada, a través de las artes, las fuerzas armadas, el deporte, la salud, el bienestar y la educación.

    La duquesa de Gloucester también participa en muchas organizaciones benéficas y fundaciones, que abarcan diversos intereses y causas, que van desde la Lawn Tennis Association hasta The Children’s Society, Friends of St Paul’s Cathedral, Parkinson’s UK, Hope for Youth Northern Ireland y Scottish Opera.

    Como miembros de la familia real y en nuestra vida pública, el duque y yo tenemos el enorme privilegio de encontrarnos continuamente con personas muy comprometidas con su trabajo con causas benéficas, muchas personas que son voluntarias, realizan todo tipo de buenas obras, dedican su tiempo, talentos y experiencia”, dijo la duquesa sobre su trabajo.

    Lectura recomendada

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  • Guillermo IV, el más impopular de los reyes británicos, murió hace 185 años

    El 20 de junio de 1837, hace 185 años, el rey Guillermo IV de Inglaterra murió en el Castillo de Windsor, siendo el último hombre de la Casa de Hannover que ocupó el trono británico.

    A las 5 de la mañana de ese día, el arzobispo de Canterbury y el Lord Chambelán, Francis Conyngham, llegaron al Palacio de Kensington para anunciar a la princesa Victoria que, por la muerte de su tía, ahora era la nueva reina.

    Alejada de la vida mundana por su madre, Victoria apenas tenía 18 años y siempre mantuvo buenas relaciones con su tío, aunque opinaba que era “raro, muy raro y extraño”.

    Durante mucho tiempo, antes de ser rey, Guillermo IV, titulado duque de Clarence durante su juventud, fue ridiculizado por todos: la corte, el gobierno y hasta su familia. Fue considerado el más maleducado, irritante y vulgar de los reyes ingleses.

    Coronado Rey a los 65 años, en 1830, al morir su hermano mayor Jorge IV, había pasado toda su vida exclusivamente dedicado a jugar, comer, beber y satisfacer sus deseos más bajos.

    Durante su juventud se enamoró de una actriz llamada Dorothy Jordan, con la que tuvo la escandalosa cifra de diez hijos ilegítimos, y nunca demostró interés en sus obligaciones reales hasta que, ya en los cincuenta, notó que estaba muy cerca del trono.

    A los veinte años envió desde Alemania una desagradable carta a su hermano en la que se quejaba desesperadamente de la falta de mujeres con las que mantener relaciones y decía que se vería forzado a “poner a una mujer cualquiera de la ciudad contra la pared o a tomar una en medio de un desfile”.

    En la misma carta, el joven príncipe brindaba “por Inglaterra y por todas las muchachas de Westminster, al menos por aquellas que no me abofetearon ni me pegaron la sífilis…”.

    En 1818, el Parlamento lo convenció de dejar a su amante para casarse con una princesa y tener hijos. La elegida fue Adelaida de Sajonia-Meiningen, a la que un contemporáneo definió como “sin dudas la mujer más fea de sus dominios”.

    Cuando llegó el momento de su coronación, en 1831, Guillermo IV era un hombre obeso con frecuentes estallidos de ira. Bebía sin límites y eructaba en los banquetes de Estado.

    Durante mucho tiempo había sido ridiculizado por todos (la corte, la nobleza, su familia incluso), y todos se reían a sus espaldas con el apodo que se le había impuesto: “Coconut”, por la forma ovalada de su cabeza.

    La reina Adelaida no tuvo hijos sobrevivientes (su única hija había fallecido a la edad de cuatro meses), por lo que el 20 de junio de 1837, al fallecer Guillermo, fue su sobrina la heredera de la corona. La princesa Victoria reinaría durante los siguientes 64 años.

    Guillermo IV fue enterrado en la capilla de San Jorge, del castillo de Windsor. La reina Adelaida murió el 2 de diciembre de 1849 y fue enterrada con él.

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  • Hace 46 años murió Knud de Dinamarca, el príncipe amargado que no pudo ser rey

    En la milenaria dinastía danesa, una línea genealógica ininterrumpida conformada por medio centenar de monarcas, la reina Margarita II ocupa un lugar muy especial: es la primera mujer que reina de verdad.

    Su predecesora y homónima, Margarita Valdemarsdotter (1353-1412) reinó en nombre de su hijo, Oluf II. Durante siglos, el ascenso de una mujer al trono danés estuvo vetado, hasta que en pleno siglo XX el rey Federico IX dio el primer paso hacia la igualdad sexual.

    La nueva “Ley de Sucesión al Trono” promulgada el 27 de marzo de 1953, permitió la sucesión al trono de la princesa Margarita, la mayor de las tres hijas de Federico IX, y desplazó a un segundo lugar al hermano menor del rey.

    El rey Christian X con sus hijos, el futuro Federico IX y Knud.

    El príncipe destronado

    El hermano menor, el príncipe Knud (1900-1976), estaba llamado a ser el siguiente rey danés. De hecho, en 1947 le fue otorgado el título de Príncipe Hereditario, ocupando desde entonces el primer lugar en la sucesión al trono, debido a que el rey Federico IX y la reina Ingrid solo habían tenido tres hijas mujeres.

    En 1933 contrajo matrimonio con su prima hermana, la princesa Carolina Matilde (1912-1995), junto a la que llevó una activa vida social, muchas veces en representación de los reyes Federico e Ingrid. El matrimonio tuvo tres hijos. La princesa Elisabeth fue la mayor, nacida en 1935. En 1940 nació el príncipe Ingolf, destinado a ser el siguiente rey. En 1942 nació el príncipe Christian.

    Los reyes Christian X y Alejandrina con sus hijos Federico y Knud.


    En 1947, al llegar al trono Federico IX, se hizo evidente que la reina Ingrid no tendría más hijos. Los nuevos monarcas tenían tres hijas -Margarita, Benedicta y Ana María- y las leyes danesas indicaban que solo los hombres podían reinar.

    Se nombró príncipe heredero a Knud, pero los daneses demandaron que la princesa Margarita fuera la siguiente reina. La necesidad de la nueva ley de sucesión separó al rey Federico de su hermano, y creó entre ellos una rivalidad que duraría toda la vida.

    En 1933 Knud se casó con su prima hermana Carolina Mathilde de Dinamarca.


    El referéndum de mayo de 1953 en el que la población danesa podía aprobar la sucesión femenina se convirtió en una elección entre la elogiada y muy inteligente familia del rey Federico y la familia del príncipe Knud, ridiculizada por “fea y estúpida”. El referéndum aprobó la nueva Constitución y la Ley de Sucesión recibió el apoyo del electorado.

    En una entrevista concedida en 2010, el príncipe Ingolf recordó que fue ridiculizado al día siguiente del referéndum por todos sus compañeros en la escuela: había perdido la posibilidad de ser rey y eso era motivo de burla. La nueva Constitución y la Ley de Sucesión recibieron la aprobación real en un Consejo de Estado que tuvo lugar en el palacio de Christiansborg el 5 de junio de 1953.

    Knud y Carolina Mathilde tuvieron tres hijos (Elisabeth, Ingolf y Christian)


    Una enemistad que duró décadas

    El entonces primer ministro Erik Eriksen dijo más tarde el historiador Tage Kaarsted que el príncipe Knud trató de sabotear la firma de la Constitución que le arrebataría el trono. Al salir de la reunión, el príncipe heredero Knud era apenas el cuarto en la línea de sucesión, por detrás de sus tres sobrinas, lo que consideró una traición por parte de su hermano.

    A pesar de que ya no era el heredero de la Corona, se le otorgó el título de “Príncipe Hereditario”, lo que podía parecer irónico, ya que estaba claro que iba a heredar nada. Los hermanos casi no volvieron a hablarse y el príncipe Knud conservó toda su vida el dolor de haber sido despreciado por los daneses.

    Knud y Carolina Mathilde tuvieron tres hijos (la princesa Elisabeth, única sobreviviente, y los fallecidos Ingolf y Christian)


    “Creo que mis padres sólo vieron al rey Federico y la reina Ingrid cuando se reunían en las actividades oficiales”, recordó el príncipe Ingolf. El rey murió en enero de 1972 y su hermano Knud le sobrevivió unos años. “Le hubiera gustado mucho ser rey durante esos años”, dijo Ingolf, quien agregó que su padre “murió como un hombre amargado” durante el reinado de su sobrina Margarita II.

    El príncipe Ingolf perdió su título cuando se casó con una plebeya en 1968 y adoptó el de “Conde de Rosenborg”. Recibe anualmente 1,5 millones de coronas danesas de la Lista Civil, como una especie de “compensación” por haber perdido el trono. Después de la muerte de su padre, sintió que era hora de poner fin al conflicto familiar y se acercó a su prima, la reina Margarita II, muy en contra de la voluntad de su madre.

    El conde la convenció de que los problemas de la vieja generación no debían interferir en la relación de la generación joven, y desde entonces Ingolf y sus hermanos apoyaron a la reina en sus labores oficiales. Tras la muerte de Knud en 1976, Carolina Matilde salió poco de su residencia, y su frágil salud le impidió asistir a muchos acontecimientos familiares, pero tuvo tiempo de reconciliarse con la reina Ingrid antes de morir, en 1995.

    Quién fue el príncipe Knud. Titulado príncipe hereditario, nació el 27 de julio de 1900 y fue bautizado Knud Christian Frederik Michael. Casado con la princesa Caroline-Mathilde de Dinamarca, prima hermana suya (1912-1995), tuvo tres hijos: la princesa Elisabeth, Ingolf y Christian, que perdieron sus títulos principescos por sus matrimonios, adoptando los títulos de Condes de Rosenborg. La familia vivió durante muchos años en el castillo de Sorgenfri y en Klitgaarden en Skagen. Knud murió el 14 de junio de 1976.

  • La desdichada reina Sofía de Grecia, bisabuela del rey Felipe VI, nació hace 152 años

    Pocas reinas europeas del siglo XX atravesaron tantas penurias como las que le tocó vivir a Sofía de Grecia, una princesa alemana despreciada por su familia que contempló con impotencia varios golpes de Estado, maltratos y tragedias personales.

    Se trata de Sofía Dorothea Ulrike Alice, nacida princesa de Prusia el 14 de junio 1870, una de las cinco nietas de la reina Victoria de Gran Bretaña que fue soberana consorte en un país europeo. Fue, además, abuela de los últimos reyes de Grecia y Rumania, de la reina Alejandra de Yugoslavia y de la reina Sofía de España, y por lo tanto, bisabuela del actual monarca, Felipe VI.

    Hija del káiser Federico III y hermana de Guillermo II, último monarca de Alemania, su matrimonio con el príncipe Constantino, de fe ortodoxa, la enfrentó a su familia.

    La boda de 1889, sin embargo, fue muy celebrada por el pueblo griego, debido a que una antigua leyenda local decía que el país recuperaría gloriosamente sus posesiones de Constantinopla, y el esplendor del Imperio Bizantino sería restaurado el día que un príncipe griego se casara con una princesa del Norte.

    Sofía tuvo seis hijos, tres varones y tres mujeres: el mayor sería el rey Jorge II, después de cuyo nacimiento la madre se convirtió a la fe Griega Ortodoxo, para disgusto del káiser Guillermo II; el segundo hijo, el rey Alejandro I, murió trágicamente cuando era muy joven después de ser mordido por un mono rabioso; el tercero sería el rey Pablo I.

    Sofía y Constantino también tuvieron tres hijas: Helena fue la esposa de Carol II de Rumania; Irene fue duquesa consorte de Aosta al casarse con un descendiente de los reyes de Italia; y Catalina se convirtió en una lady británica por matrimonio.

    El reinado de Constantino I y Sofía fue muy caótico. Ascendieron al tono en 1913, después de que el rey Jorge I fuera asesinado. Un año después estalló la Primera Guerra Mundial y puso a la reina Sofía en la mira de la indignación popular debido a su origen alemán.

    La situación de la familia real se volvió todavía más peligrosa a medida que avanzó la guerra y, por a su negativa a unirse a los Aliados, los reyes y sus hijos fueron expulsados del país. Solo el príncipe Alejandro se quedó Atenas, donde fue entronizado como un rey títere del primer ministro. A Alejandro no se le permitió contactar a su familia a menudo durante su breve y turbulento reinado, lo cual amargó aún más el penoso exilio de Constantino I y Sofía.

    Después de la dolorosa muerte de Alejandro I lejos de su familia (solo se permitió la presencia de su abuela, la reina Olga), sus padres fueron invitados a regresar a Grecia para volver a ocupar el trono. Sin embargo, el segundo reinado no fue exitoso debido a la mayor inestabilidad política y el fervor nacionalista de la región.

    En 1922, el rey abdicó por segunda vez a favor del príncipe heredero Jorge, quien se convirtió en Jorge II. Constantino y Sofía partieron con escasas posesiones personales rumbo a Italia, donde el ex rey murió el 11 de enero de 1923, con el corazón destrozado por tantas emociones.

    “Unidos en la desgracia, el rey y la reina Sofía daban desde hacía varios años un conmovedor ejemplo de fidelidad conyugal; pero no siempre había sido así”, escribió el historiador Ghislain de Diesbach.

    “Se contaba que, de joven, la reina Sofía, que tuvo que quejarse a menudo de los cambios de conducta de su marido, fue a preguntar a su suegro qué actitud convenía adoptar en semejante circunstancia. El viejo rey, cuya vida conyugal no había sido, según parece, del todo irreprochable, le respondió con una sutil sonrisa: ‘Pregúntaselo a tu suegra, ella podrá darte sobre esto los mejores consejos’”.

    A la reina Sofía nunca se le permitió regresar a Grecia, y desafortunadamente no logró reconciliarse con su hermano, el ex káiser, que vivía en Holanda. La ex reina de Grecia murió el 13 de enero de 1932 a la edad de sesenta y un años en Frankfurt a causa de un cáncer y su cuerpo fue enviado a Florencia para ser enterrado junto al féretro de su esposo.

    Mucho después, los restos de Constantino I y Sofía fueron enviados a Grecia para descansar en el Cementerio Real del palacio Tatoi, cerca de Atenas. Ocho años después nació su nieta, Sofía, princesa de Grecia llamada a ser reina de España.

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  • A 104 años de la ejecución del gran duque Miguel de Rusia, su cuerpo continúa desaparecido

    El gran duque Miguel de Rusia, hermano menor del último zar, Nicolás II, fue ejecutado el 13 de junio de 1918 por los revolucionarios que derrocaron a la dinastía Romanov.

    Desde entonces, los restos del gran duque han sido buscados intensamente en los alrededores de la ciudad rusa de Perm, cerca de los montes Urales, pero hasta el momento los investigadores no tuvieron éxito.

    Miguel Alejandrovich, hijo menor de Alejandro III y la zarina María, fue ‘de jure’ el último zar ruso desde que el 2 de marzo de 1917 Nicolás II abdicó a favor de su hijo Alexis y luego, en nombre de él, a favor de su hermano.

    Un día después, Miguel no rechazó por completo la corona, como suele creerse. En cambio, consciente de la “pesada tarea” que le encomendó el zar, emitió una declaración escrita afirmando que la aceptaría solo si ese era “el deseo de nuestro gran pueblo” mostrado “por medio de un plebiscito, a través de sus representantes” en la Asamblea Constituyente.

    Pero en plena Guerra Mundial agotando los recursos de Rusia, y los bolcheviques luchando por el poder, la asamblea que Miguel imaginó nunca se llevó a cabo, por lo que, en efecto, fue zar solo por un día o incluso unas horas antes de que se aboliera la monarquía.

    El gran duque se encontraba en el palacio imperial de Gatchina, cerca de San Petersburgo, hasta que los bolcheviques lo deportaron a Perm junto a su secretario privado, Nicholas Johnson.

    El 13 de junio de 1918, tanto Miguel como Johnson fueron capturados por agentes de la Cheka -el servicio secreto soviético- que los mataron en un lugar hasta ahora nunca identificado.

    Miguel fue alcanzado por la primera bala, luego Johnson recibió un disparo y resultó herido de muerte, según relatos de los revolucionarios. Después de acudir en ayuda de Johnson, el herido gran duque recibió un disparo en la cabeza a quemarropa.

    Estos asesinatos fueron los primeros de una orgía de ejecuciones contra los miembros de la dinastía Romanov que no lograron escapar a tiempo de Rusia. En total, 18 miembros de la Familia Imperial fueron ejecutados en los siguientes meses, incluidos Nicolás II y sus hijos.

    En 2009, el gran duque Miguel y su secretario fueron rehabilitados oficialmente por el gobierno ruso, después de haber sido tildados de “enemigos del pueblo” durante la Revolución.

    “El análisis de los materiales de archivo antiguos lleva a la conclusión de que estas personas fueron objeto de persecución en forma de arresto, exilio y vigilancia por parte de la Cheka sin ser acusadas de ningún delito específico, debido a su clase y condición social”, dijeron.

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  • Hace 350 años nació Pedro el Grande, el zar que cambió Rusia

    El 9 de junio de 1672 nació en Moscú el zar Pedro I de Rusia, apodado “el Grande”, hijo del zar Alejo I y de su segunda esposa Natalia Naríshkina. Este miembro de la dinastía Romanov fue uno de los gobernantes más destacados de la historia de Rusia.

    Su reinado fue uno de los más largos de la historia de Rusia y se prolongó 42 años y nueve meses, desde 1682 hasta 1725. Sin embargo, falleció a los 52 años de edad. Pedro el Grande es conocido sobre todo como el promotor de San Petersburgo, ciudad que fundó en 1703 y que está muy unida a su fundador. La nueva capital se levantó en un pantano del río Nevá y la intención del zar era acercarse a Occidente, abrir una “ventana a Europa”.

    Durante las cuatro décadas de mandato, fueron muchos los cambios en el país. El más destacado es que en 1721 Rusia se convirtió en el Imperio ruso, y el zar Pedro pasó a ser el Emperador Pedro el Grande. Este cambio se produjo tras la victoria en la guerra del Norte, que hizo que Rusia superara a Suecia como potencia dominante en Europa del Este.

    La conquista de amplios territorios en la zona del Báltico, el establecimiento de una fortaleza en la región, la creación de un ejército y armada fuertes, hicieron que Rusia pasara a convertirse en una nueva fuerza a tener en cuenta en el Viejo Continente. La guerra del norte terminó en 1721 pero la clave fue la victoria en la batalla de Poltava en 1709.

    Y es que Pedro el Grande destacó también por la reorganización del ejército ruso, que renovó siguiendo los estándares europeos de la época y usando tecnología occidental. Fue él quien creó la Armada rusa, y soñó con hacer de su imperio un poder marítimo en el mundo.

    Al mismo tiempo, destacó por su fascinación por Occidente. En 1697, Pedro emprendió un viaje de 18 meses con un séquito de 250 personas. La visita a Holanda fue la más influyente de todas. Adquirió conocimientos técnicos, y aprendió cómo vivían los europeos. Pedro trató de llevar costumbres occidentales a Rusia. Obligó a que los hombres se cortaran la barba, llevó arquitectos italianos para construir la capital y cambió el modo de alimentación.

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  • Hace 100 años: Yugoslavia celebró la primera gran boda real después de la Primera Guerra Mundial

    El 8 de junio de 1922, hace 100 años, el rey Alejandro I de Yugoslavia se casó con la princesa María de Rumania, en lo que constituyó el primer gran evento de este tipo en Europa después de la Primera Guerra Mundial y despertó un gran interés mediático.

    Su matrimonio tal vez comenzó como un matrimonio de estado, muy a menudo con muchos miembros de la realeza europea de la época, pero fue mucho más que eso”, dijo el príncipe heredero Alejandro de Serbia, nieto de Alejandro I y María.

    El jefe de la dinastía Karadjorgevich continuó diciendo: “Su unión trajo mucho bien para nuestro país y la región porque se convirtió en uno de los puentes más fuertes entre dos países y el símbolo de la amistad sincera entre las naciones del Reino de Yugoslavia y el Reino de Rumania”.

    “Mucha gente de esa época también dice que, cuando mis abuelos se conocieron, fue amor a primera vista. Amor que superó los límites del interés estatal, amor que fue coronado con respeto mutuo, aprecio y atención, y por supuesto, con sus tres hijos”, finalizó.

    La boda del rey Alejandro I y con la princesa María (apodada “Mignon”) fue de una enorme importancia para la dinastía Karadjorgevich, que gobernaba una de las regiones más turbulentas de Europa, precisamente por los lazos de la novia con las grandes cortes de Europa.

    La princesa era hija del rey rumano Fernando I considerada una de las princesas más bellas y cultas de Europa en ese momento, aunque sus modales dejaban mucho que desear y preocupaban a su madre, la popular reina María, nieta de la reina Victoria de Inglaterra.

    La boda fue propiciada por la reina María de Rumania, una gran estratega política, que esperaba estrechar los lazos de su país con Yugoslavia, un reino en expansión que había sorteado grandes inconvenientes en las primeras décadas del siglo XX.

    “De mediana estatura, hombros angostos, pálido y miope, Alejandro era el monarca menos imponente del siglo XX”, escribió Hannah Pakula en una biografía de la reina rumana. “Su apariencia, sin embargo, era engañosa”.

    “Muy inteligente, ambicioso y políticamente hábil, Alejandro había tomado las riendas del gobierno serbio de manos de su achacoso padre y de un hermano mayor, desequilibrado, a comienzos de la Primera Guerra Mundial”.

    “Cuando aún no había cumplido 30 años, actuando como regente del reino, Alejandro había dirigido personalmente a sus soldados en las heroicas luchas de la guerra. Y había emergido de la Conferencia de Paz de París con sus territorios originarios, además de Croacia, Eslovaquia, partes de Macedonia y la totalidad de Montenegro. En 1921, el rey Alejandro era un poder importante de los Balcanes”.

    A la boda asistieron más de 20.000 personas, con la presencia de delegaciones oficiales de todo el mundo. El modesto rey hizo grandes esfuerzos para regalar a su futura reina una diadema y un collar de esmeraldas que habían pertenecido a la bisabuela de Mignon, la consorte del zar Alejandro II de Rusia. Después de la boda, la joven reina exclamó desde el balcón del Palacio Viejo: “¡Os lo agradezco desde el fondo de mi corazón!”.

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