Autor: dsilvadandrea@gmail.com

  • “Otra vida, por fin”: los planes de Enrique de Luxemburgo tras su abdicación

    Luxemburgo se prepara para un relevo histórico el 3 de octubre de 2025. A las puertas de su abdicación, el gran duque Enrique ha explicado cómo será su “capítulo” posterior: más familia, continuidad en causas cívicas y alguna aventura largamente aplazada. “Octubre llega muy pronto y estamos extremadamente aliviados de poder llevar otra vida”, declaró en un podcast difundido por la Casa Gran Ducal.

    En conversación con la revista Paris Match, Enrique reconoció que se siente “cada vez mejor” a medida que se acerca la libertad completa y que confía plenamente en su hijo Guillermo, quien asumirá como jefe de Estado el mismo 3 de octubre. Allí también deslizó sus planes más personales: viajes por carretera por Europa junto a la gran duquesa María Teresa y, en su caso, rutas en moto por el Himalaya. “Esperamos con ilusión nuestra nueva libertad”, resumió.

    Esa búsqueda de libertad tiene un trasfondo emocional. Según recogieron medios luxemburgueses a propósito de la entrevista, Enrique comparó la vida del monarca con “una jaula dorada”, expresión que permite entender por qué el retiro supone una descompresión: “Vivir bajo un escrutinio constante no siempre ha sido fácil”, admitió.

    Gran Duque Enrique y la Gran Duquesa María Teresa de Luxemburgo
    Gran Duque Enrique y la Gran Duquesa María Teresa de Luxemburgo (Foto: Corte Gran Ducal)

    La familia ocupará el centro. En su intervención ante estudiantes de la Escuela Europea de Mamer, Enrique fue explícito: “Nos sentimos extremadamente aliviados de poder llevar otra vida. Y esa vida estará centrada en nuestra familia… también están los nietos, que necesitan de sus abuelos”. Añadió: “Nos alegra mucho tener una cierta libertad y poder hacer otras cosas… tenemos muchos planes”.

    La gran duquesa María Teresa, por su parte, afirmó que ambos mantendrán sus compromisos sociales, especialmente en la protección del medioambiente y en el movimiento olímpico, además de soñar con viajes en carretera por Europa. Son líneas de continuidad respecto de su agenda como soberanos, pero con otro ritmo y un foco más familiar.

    Más allá de lo íntimo, Enrique no pierde de vista el contexto europeo. En sus respuestas públicas recientes, el gran duque subrayó los cambios demográficos y económicos del país durante su reinado y animó a los jóvenes a buscar su propia felicidad: “¡Encuentren el camino en el que puedan ser felices!”. También defendió el anclaje de Luxemburgo en la Unión Europea ante un entorno geopolítico “complicado”.

    El reinado de Enrique de Luxemburgo terminará el 3 de octubre

    Siguiendo el ejemplo de su madre Carlota, el gran duque Juan de Luxemburgo abdicó en 2000 tras 36 años de reinado. Fue sucedido por su hijo Enrique.
    Siguiendo el ejemplo de su madre Carlota, el gran duque Juan de Luxemburgo abdicó en 2000 tras 36 años de reinado. Fue sucedido por su hijo Enrique.

    Nacido el 16 de abril de 1955 en el Castillo de Betzdorf, Enrique es el hijo mayor de los cinco hijos del Gran Duque Juan y la Princesa Josefina Carlota de Bélgica. Completó su educación secundaria en Luxemburgo y Francia, obteniendo su bachillerato en 1974, y posteriormente se formó en la Academia Militar Real de Sandhurst en Gran Bretaña, donde alcanzó el rango de oficial en 1975. 

    Enrique se casó el 14 de febrero de 1981 con María Teresa Mestre en la Catedral de Notre-Dame de Luxemburgo, con quien tiene cinco hijos: Guillermo (heredero al trono), Félix, Luis, Alexandra y Sebastián. Ascendió al trono el 7 de octubre de 2000, tras la abdicación de su padre después de un reinado de 36 años, jurando defender la Constitución y promover valores como la solidaridad, la justicia y la tolerancia en su discurso inaugural. Durante su juventud, Enrique presidió misiones económicas internacionales desde 1978 hasta 2000, promoviendo la imagen del Gran Ducado y atrayendo inversiones.

    En su reinado, que ha durado más de dos décadas, el Gran Duque Enrique ha enfatizado la sostenibilidad ambiental y social, realizando visitas regulares a instituciones, empresas y eventos culturales para mantenerse informado sobre la sociedad luxemburguesa. Ha llevado a cabo visitas de estado clave, como a Francia y Alemania inmediatamente después de su ascenso, fortaleciendo los lazos con países vecinos. 

    Sin embargo, su reinado incluyó controversias, notablemente en 2008 cuando rechazó firmar una ley que legalizaba la eutanasia, lo que resultó en una enmienda constitucional que eliminó la necesidad de su aprobación formal en las leyes, reduciendo sus poderes legislativos. Además, la familia ha enfrentado escándalos, como el divorcio complicado de su hijo Luis en 2017 y tensiones públicas con su suegra en 2002, lo que generó comentarios mediáticos sobre la gestión de la publicidad de la corte.

    Recientemente, el Gran Duque Enrique ha iniciado el proceso de transición, anunciando en junio de 2024 su intención de abdicar en favor de su hijo Guillermo, delegando poderes como Representante Teniente en octubre de 2024, con la abdicación formal programada para el 3 de octubre de 2025.

    En una entrevista en abril de 2024, con motivo de su 69 cumpleaños, expresó planes familiares para su retiro, destacando la importancia de dar perspectivas a las generaciones más jóvenes. Su reinado ha coincidido con un período de prosperidad económica para Luxemburgo, y ha sido elogiado por su enfoque en la cohesión social y la sostenibilidad, aunque ha rechazado rumores previos de abdicación en 2020, al marcar el vigésimo aniversario de su ascenso.

    Tras la ceremonia de abdicación y la proclamación del gran duque Guillermo, el matrimonio se instalará en el castillo de Fischbach, donde crecieron sus hijos. Desde allí, planean combinar vida privada, nietos y proyectos personales con una presencia pública selectiva, sin la presión del día a día institucional. “La libertad completa está en el horizonte”, resumió Enrique.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • Tres años de reinado de Carlos III: opinión pública favorable pero con resistencia entre los jóvenes

    A tres años de su ascenso al trono el 8 de septiembre de 2022, tras la muerte de la reina Isabel II, el rey Carlos III enfrenta una opinión pública compleja en el Reino Unido. Encuestas recientes de como YouGov e Ipsos reflejan un respaldo mayoritario hacia el monarca, aunque con diferencias marcadas entre grupos demográficos, influenciadas por su salud, eventos familiares y la imagen de la monarquía. 

    Qué piensan los británicos sobre el rey Carlos III

    Una encuesta de YouGov de agosto de 2025 indica que el 59% de los británicos tiene una opinión favorable del rey Carlos III, mientras que el 31% la tiene negativa. Además, el 62% considera que realiza un buen trabajo como monarca. Sin embargo, solo el 30% de los jóvenes de 18 a 24 años lo ve positivamente, frente al 77% de los mayores de 65 años. Esta brecha generacional destaca un reto para la monarquía británica.

    Por su parte, un sondeo de Ipsos de mayo de 2025, coincidiendo con el segundo aniversario de la coronación, muestra que el 54% de los británicos aprueba al rey, y el 56% valora positivamente su desempeño. Gideon Skinner, de Ipsos, señaló que los británicos desean una monarquía más moderna y menos costosa, con el 44% apoyando una coronación más austera para el próximo monarca. Esta opinión refleja un creciente escepticismo hacia los gastos reales.

    Un artículo de Newsweek de marzo de 2025 reportó que la aprobación neta del rey Carlos III cayó a +25, el nivel más bajo de su reinado, con una disminución de ocho puntos desde diciembre de 2024. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, el 50% lo ve negativamente, con una aprobación neta de -17. Graham Smith, de Republic, afirmó que los británicos se sienten “desinspirados” por Carlos, citando escándalos familiares, como las críticas de Harry y Meghan.

    Un estudio de Censuswide para Slingo, publicado por el Daily Express en marzo de 2025, encontró una caída del 25,42% en el apoyo a la monarquía desde la muerte de Isabel II. En popularidad, Carlos III se sitúa en tercer lugar entre los royals, con un 13% de preferencia, detrás de la princesa de Gales (17%) y el príncipe Guillermo (15%).

    Fuentes como el Impartial Reporter destacan que el tercer año de reinado de Carlos III, en 2025, ha sido el más activo, con numerosos compromisos públicos a pesar de su tratamiento contra el cáncer. Woman & Home describió este período como un “hito agridulce”, resaltando la resiliencia del rey frente a desafíos personales.

    El reinado de Carlos III ha estado marcado por una transición suave hacia una monarquía más accesible y moderna, con énfasis en causas ambientales y sociales que el rey ha defendido durante décadas. 

    Desde su ascenso en septiembre de 2022, ha realizado visitas de estado significativas, como la recepción al presidente sudafricano Cyril Ramaphosa en noviembre de 2022, la primera de su reinado, y ha continuado con compromisos internacionales, incluyendo una visita a Auschwitz en enero de 2025 para conmemorar el 80 aniversario de su liberación. Además, su coronación en mayo de 2023 representó un evento histórico, siendo la primera en siete décadas, y enfocada en la diversidad y la inclusión.

    Entre los logros destacados se encuentran cambios en la gestión de la monarquía, como la apertura de propiedades reales al público y un enfoque en la sostenibilidad, alineado con su legado como defensor del medio ambiente. Publicaciones como Business Insider señalan que Carlos III ha sido más approachable que su madre, implementando reformas graduales sin controversias mayores en su primer año.

    Sin embargo, su reinado no ha estado exento de desafíos, incluyendo su diagnóstico de cáncer en febrero de 2024, que ha demostrado su resiliencia al continuar con los deberes públicos durante el tratamiento.

    Controversias familiares han persistido, con alegaciones de racismo en la familia real y el rift con el príncipe Harry, exacerbado por publicaciones y entrevistas desde 2022. Fuentes como Business Insider destacan protestas anti-monarquía durante eventos clave y escrutinio sobre las finanzas reales, incluyendo donaciones controvertidas a sus caridades. A pesar de ello, el rey ha mantenido un enfoque en la evolución de la institución, priorizando la continuidad con toques modernos para adaptarse a la sociedad contemporánea.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • Vidas reales lejos de la realeza: los hijos de la Duquesa de Kent forjan su propio camino

    George Windsor, Conde de St Andrews

    Nicholas, conde de St. Andrews, y su esposa, Sylvana Tomaselli
    Nicholas, conde de St. Andrews, y su esposa, Sylvana Tomaselli

    George Windsor, conocido formalmente como el Conde de St Andrews, es el heredero del ducado de Kent. Nació en 1962 y, aunque durante años mantuvo una posición relevante en la línea de sucesión al trono, su vida y la de su familia han estado marcadas por decisiones personales que los han apartado de los primeros puestos.

    Duquesa de Kent

    Estudió en la prestigiosa Universidad de Cambridge y trabajó en el sector diplomático y en el de la edición. Sin embargo, su historia es más conocida por la de sus hijos. Su primogénito, Edward Windsor, Lord Downpatrick, se convirtió al catolicismo en 2003, lo que le hizo perder su derecho al trono. Un destino similar ha tenido su hija, Lady Marina Windsor, quien también se convirtió al catolicismo.

    Lady Helen Taylor

    Lady Helen Windsor y su esposo, Timothy Taylor
    Lady Helen Windsor y su esposo, Timothy Taylor

    De los tres hermanos, Lady Helen Taylor es quizás la más conocida públicamente. Apodada cariñosamente “la duquesa de la moda” por la prensa británica, ha forjado una exitosa carrera en el mundo del arte y del diseño.

    A principios de los años 80, Lady Helen fue un ícono de estilo y una figura habitual en las páginas de las revistas de moda, ganándose el apodo de “Melons” por parte de los tabloides. Con el tiempo, transformó su interés en el arte en una profesión. Trabajó como embajadora de la prestigiosa casa de subastas Christie’s y se convirtió en una mecenas de la escena artística de Londres.

    Los duques de Kent se casaron en 1951 y tuvieron tres hijos: George, Helen y Nicholas
    Los duques de Kent se casaron en 1951 y tuvieron tres hijos: George, Helen y Nicholas

    Casada con el marchante de arte Timothy Taylor, Lady Helen ha demostrado ser una fuerza influyente en el mundo de la alta sociedad londinense, combinando su herencia real con una pasión genuina por las artes.

    Lord Nicholas Windsor

    Lord Nicholas Windsor, el hijo menor de los duques de Kent (izquierda)
    Lord Nicholas Windsor, el hijo menor de los duques de Kent (izquierda)

    Lord Nicholas Windsor, el hijo menor de la Duquesa de Kent, ha protagonizado uno de los eventos más significativos para su rama de la familia real. Al igual que su madre, Nicholas se convirtió al catolicismo, un evento que tuvo repercusiones directas en la línea de sucesión al trono británico.

    Nacido en 1970, estudió en Cambridge y ha trabajado en el sector financiero y en la banca. Sin embargo, en 2001, su conversión a la fe católica se hizo pública. Según la Ley de Establecimiento de 1701, esta decisión lo apartó formalmente de la línea de sucesión. Un acto que fue visto como un eco del propio camino espiritual de su madre, quien también se convirtió al catolicismo años antes.

    Su matrimonio con Paola Doimi de Lupis de Frankopan en la Ciudad del Vaticano fue un evento histórico, la primera vez que un miembro de la realeza británica se casaba allí. El matrimonio y su posterior decisión de criar a sus hijos en la fe católica reafirman su compromiso con su vida privada y sus creencias, más allá de la obligación real.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • El príncipe Hisahito de Japón alcanza la mayoría de edad con una crisis de sucesión en puerta

    En una ceremonia solemne celebrada en el Palacio Imperial, el príncipe Hisahito, sobrino del emperador Naruhito y segundo en la línea de sucesión al Trono del Crisantemo, marcó su paso a la adultez. Este evento, el primero de su tipo para un miembro masculino de la familia imperial en cuatro décadas, resalta no solo el cumplimiento de tradiciones ancestrales, sino también la inminente crisis sucesoria que enfrenta la monarquía japonesa más antigua del mundo.

    La ceremonia de mayoría de edad del príncipe Hisahito

    Ceremonia de mayoría de edad de Hisahito de Japón
    Japón celebró este sábado la mayoría de edad del príncipe Hisahito, sobrino del emperador Naruhito, que por ser varón puede ser heredero al trono. El príncipe, segundo en la línea de sucesión tras su padre, recibió una cofia tradicional de seda negra y laca, símbolo de madurez, durante una ceremonia oficial en el Palacio Imperial de Tokio.

    Los rituales de la ceremonia, conocidos colectivamente como “Seijinshiki” o ceremonia de mayoría de edad, se extendieron desde la residencia familiar del príncipe hasta el Palacio Imperial. Iniciaron en la mañana con el “Kan wo Tamau no Gi”, donde un mensajero del emperador entregó una corona de seda negra y laca al príncipe, quien vestía un esmoquin para la ocasión. Posteriormente, en el salón Shunju-no-Ma del palacio, se llevó a cabo el “Kakan no Gi”, el ritual central de colocación de la corona

    Durante este acto, un asistente imperial colocó el “kanmuri” –un tocado negro tradicional– sobre la cabeza del príncipe, atando y cortando una correa de papel washi japonés con tijeras especiales, un sonido que resonó en el silencio del salón. 

    El príncipe, ataviado con una túnica beige de seis metros que simboliza la preadultez, se inclinó profundamente ante el emperador Naruhito, la emperatriz Masako y sus padres, expresando gratitud y compromiso con sus deberes: “Gracias por otorgarme la corona hoy en la ceremonia de mayoría de edad. Como miembro adulto de la familia imperial, soy consciente de mis responsabilidades y me esforzaré por cumplirlas“.

    Ceremonia de mayoría de edad de Hisahito de Japón
    “Cumpliré con mis deberes, consciente de mis responsabilidades como miembro adulto de la familia imperial”, declaró el príncipe, que primero llevaba un traje amarillo tradicional reservado a los menores de edad, ante el emperador Naruhito y la emperatriz Masako. Luego se puso un atuendo oscuro reservado a los miembros adultos de la familia real y se subió a un carruaje para asistir al resto de la ceremonia.

    Tras el ritual principal, el príncipe cambió su atuendo a una vestimenta adulta tradicional y recorrió el palacio en un carruaje tirado por caballos para rendir homenaje en los tres santuarios imperiales (Kyuchu Sanden), reportando la conclusión de la ceremonia. 

    La jornada continuó con el “Choken no Gi”, una audiencia formal en el salón Matsu-no-Ma, donde saludó al emperador y la emperatriz, y recibió la Gran Cordón de la Suprema Orden del Crisantemo, el honor más alto de la nación. 

    Los eventos se prolongarán hasta el 10 de septiembre, incluyendo visitas al Santuario de Ise, el mausoleo del emperador Jinmu en Nara y el del emperador Hirohito, así como un almuerzo con el primer ministro Shigeru Ishiba y otros dignatarios. Esta ceremonia, pospuesta un año después de que el príncipe cumpliera 18 años en 2024 para priorizar sus exámenes universitarios, subraya la adaptación de las tradiciones imperiales a las demandas modernas.

    El príncipe Hisahito, nacido el 6 de septiembre de 2006 en el Hospital Aiiku de Tokio, es el único hijo varón del príncipe heredero Akishino y la princesa Kiko, y cuenta con dos hermanas mayores: la princesa Kako y la ex princesa Mako, quien perdió su estatus real al casarse con un plebeyo en 2021. Su nacimiento generó un júbilo nacional, ya que fue el primer varón en la familia imperial en 41 años, culminando en celebraciones y ediciones especiales de periódicos. 

    Ceremonia de mayoría de edad de Hisahito de Japón
    Hisahito cumplió 19 años este sábado. Aunque había cumplido ya 18 años, la ceremonia se retrasó un año para permitirle finalizar sus estudios secundarios. Es el único hijo del príncipe Akishino, de 59 años, hermano del emperador Naruhito, de 65, y de la princesa Kiko, de 58 años.

    En cuanto a su educación, el príncipe asistió a la Escuela Primaria y Secundaria de la Universidad Ochanomizu, y posteriormente a la Escuela Secundaria de la Universidad de Tsukuba, graduándose en la primavera de 2025. Actualmente, como estudiante de primer año en la Universidad de Tsukuba, cerca de Tokio, se especializa en biología con un enfoque en libélulas; incluso coautoró un artículo académico sobre un estudio de estas especies en la finca Akasaka. Disfruta del bádminton y ha expresado interés en proteger poblaciones de insectos en entornos urbanos, equilibrando sus estudios con responsabilidades reales.

    Este hito personal del príncipe Hisahito se enmarca en una profunda crisis sucesoria. La Ley de la Casa Imperial de 1947, influida por la Constitución de 1889, mantiene la sucesión exclusivamente por línea masculina, excluyendo a las mujeres del trono a pesar de precedentes históricos como ocho emperatrices, la última siendo Gosakuramachi en el siglo XVIII. 

    Tras el emperador Naruhito, de 65 años, sigue el príncipe Akishino, de 59, y luego Hisahito; no hay más herederos varones, lo que amenaza la continuidad de la dinastía de 2.600 años. La hija única de Naruhito, la princesa Aiko, de 23 años, está marginada por estas normas, aunque encuestas muestran un amplio apoyo público para permitir emperatrices. 

    En 2005, un panel gubernamental propuso permitir la sucesión al primogénito independientemente del género, pero el nacimiento de Hisahito en 2006 detuvo el debate. Opositores conservadores defienden la “línea imperial ininterrumpida” como pilar nacional, mientras que propuestas modernas incluyen retener el estatus real de princesas casadas o adoptar descendientes de ramas colaterales extintas. 

    Sin embargo, el estancamiento político, agravado por presiones sobre mujeres reales –como el estrés postraumático de la ex princesa Mako–, resalta la urgencia de reformas para preservar la institución en una sociedad envejecida y con baja natalidad. Mientras el príncipe Hisahito asume su rol adulto, el futuro de la monarquía japonesa ahora pende de un hilo delicado, equilibrando tradición y modernidad en un contexto de cambio demográfico inevitable.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • El Cementerio Real de Frogmore, el lugar elegido para el entierro de la Duquesa de Kent

    El Cementerio Real de Frogmore, ubicado en el Home Park de Windsor, a media milla del castillo de Windsor, será el lugar de descanso final de la duquesa de Kent, Katharine, tras su funeral el 16 de septiembre. Este cementerio, consagrado el 23 de octubre de 1928 por el obispo de Oxford, es un enclave sereno que alberga las tumbas de numerosos miembros de la familia real británica, exceptuando a los monarcas y sus consortes, quienes tradicionalmente descansan en la Abadía de Westminster o la Capilla de San Jorge. 

    La duquesa Catalina de Kent, la decana de la familia real británica, falleció la noche del jueves a los 92 años, anunció el Palacio de Buckingham. Nacida Katharine Worsley en una familia aristócrata de Yorkshire, contrajo nupcias en 1961 con el primo de la reina Isabel II, el príncipe Eduardo, duque de Kent, que sigue siendo un miembro activo de la familia real con sus 89 años. La elección de Frogmore como lugar de descanso final para la duquesa refleja su importancia dentro de la realeza británica.

    Duquesa de Kent
    “Con profundo pesar, el Palacio de Buckingham anuncia la muerte de Su Alteza Real la Duquesa de Kent -dice el comunicado oficial este 5 de septiembre.- Su Alteza Real falleció pacíficamente anoche en el Palacio de Kensington, rodeada de su familia”.

    La historia del Royal Burial Ground comienza en un contexto de necesidad práctica. Hacia 1928, el Cripta Real bajo la Capilla de San Jorge en Windsor estaba alcanzando su capacidad, con 23 entierros desde 1810. El rey Jorge V autorizó la creación de este cementerio para albergar a futuros miembros de la familia real, reservando el Royal Vault para soberanos y herederos directos. 

    Desde entonces, Frogmore se ha convertido en el lugar de descanso de figuras reales prominentes, manteniendo un diseño sobrio con lápidas discretas bajo la sombra de árboles como el plátano que resguarda las tumbas del duque y la duquesa de Windsor. El cementerio, rodeado por los jardines de Frogmore y cercano al Mausoleo Real de la reina Victoria y el príncipe Alberto, es parte de un paisaje histórico diseñado en el estilo pintoresco por la reina Carlota en 1792, con lagos sinuosos y estructuras como el Gothic Ruin y el Indian Kiosk.

    Entre los personajes notables sepultados en Frogmore destaca el duque de Windsor, anteriormente rey Eduardo VIII, quien abdicó en 1936 para casarse con Wallis Simpson, ambos enterrados allí en 1972 y 1986, respectivamente. Sus tumbas, apartadas bajo un árbol, simbolizan su exclusión de la línea principal de la realeza. También descansan allí el príncipe Jorge, duque de Kent, padre del actual duque, fallecido en un accidente aéreo en 1942, y su esposa, la princesa Marina, enterrada en 1968.

    Otros miembros de la realeza sepultados en Frogmore son a la princesa Alicia, duquesa de Gloucester (2004), y su esposo, el príncipe Enrique, duque de Gloucester (1974), así como Sir Angus Ogilvy (2005), esposo de la princesa Alejandra. La princesa Luisa, duquesa de Argyll, hija de la reina Victoria, fue trasladada allí en 1940 tras ser cremada, marcando un hito como la primera cremación real. La reina María de Yugoslavia, bisnieta de Victoria, estuvo enterrada en Frogmore desde 1961 hasta 2013, cuando sus restos fueron trasladados a Serbia.

    Duquesa de Kent

    El cementerio también alberga a miembros de familias extendidas, como el conde de Athlone (1957), hermano de la reina María, y su esposa, la princesa Alicia, condesa de Athlone (1981), la última nieta de Victoria en fallecer. La princesa Victoria, hija de Eduardo VII, descansa allí desde 1935, conocida por permanecer soltera bajo la influencia de su madre, la reina Alejandra.

    El príncipe Arturo de Connaught (1938) y su padre, el duque de Connaught (1942), hijo de Victoria, también están enterrados en Frogmore, junto con la princesa Helena de Schleswig-Holstein (1923) y su hijo, el príncipe Harald (1928). Estas figuras, muchas trasladadas desde el Royal Vault en 1928, reflejan la diversidad de la realeza sepultada en este lugar, desde príncipes y princesas hasta consortes y descendientes de líneas colaterales.

    El entierro de la duquesa de Kent en Frogmore sigue una serie de ceremonias que subrayan su fe católica y su lugar en la historia real. El 15 de septiembre, su féretro descansará en la capilla privada del Palacio de Kensington, donde se llevará a cabo una velación familiar íntima. Posteriormente, será trasladado en coche fúnebre a la catedral de Westminster, donde se realizará el Rito de Recepción, que incluye la aspersión con agua bendita, seguido de las Vísperas oficiadas por el obispo James Curry, auxiliar de Westminster. El féretro reposará durante la noche en la capilla de la Virgen de la catedral. 

    El 16 de septiembre, a las 14:00 (hora de Londres), se celebrará una misa de réquiem presidida por el cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster, con la participación del deán de Windsor, en el primer funeral católico de un miembro real en la catedral desde su construcción en 1903. Este evento refleja la conversión de la duquesa al catolicismo en 1994, un hito aprobado por la reina Isabel II, marcando su ruptura con la tradición anglicana. Tras la misa, el féretro será transportado a Frogmore para su entierro, en presencia del rey Carlos III, la reina Camilla y otros miembros de la familia real, quienes han decretado un período de luto real hasta el día del funeral.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • La Catedral de Westminster, el sitio del funeral católico de la duquesa de Kent

    El Palacio de Buckingham ha anunciado los detalles del funeral de Su Alteza Real la duquesa de Kent, Katharine, quien falleció pacíficamente el jueves 4 de septiembre a los 92 años en su residencia del Palacio de Kensington.

    El servicio fúnebre, programado para el martes 16 de septiembre en la Catedral de Westminster, representará un hito histórico como el primer funeral católico para un miembro de la familia real británica en la era moderna. Este evento será privado y reunirá a varios miembros de la realeza, incluido el rey Carlos III y la reina Camilla, junto con el duque de Kent, esposo de la duquesa, y sus hijos.

    La ceremonia será una misa de réquiem presidida por el cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster, con la participación del deán anglicano de Windsor, lo que subraya el carácter ecuménico del acto. Además, el rito de recepción y las vísperas serán oficiados por el obispo James Curry, obispo auxiliar de Westminster. 

    Previo al funeral, el féretro de la duquesa permanecerá en la capilla privada del Palacio de Kensington, donde se llevará a cabo una velación familiar. La víspera del servicio, el 15 de septiembre, el ataúd será trasladado en coche fúnebre a la Catedral de Westminster, donde se realizará el rito de recepción –que incluye la aspersión con agua bendita– seguido de las vísperas vespertinas. Posteriormente, reposará durante la noche en la capilla de la Virgen, configurando una capilla ardiente privada que permitirá a la familia y allegados un último homenaje antes de la misa principal.

    Duquesa de Kent

    Aunque no se decretó un período de luto nacional, la casa real expresó un duelo profundo, con el rey Carlos III, como jefe de la Iglesia de Inglaterra, asistiendo al servicio católico en un gesto de respeto interconfesional. 

    Tras la ceremonia, el féretro será transportado por carretera al Royal Burial Ground en Frogmore, Windsor, aproximadamente a 40 kilómetros de Londres, para su entierro definitivo en un entorno reservado para miembros de la realeza. Este sitio, parte de los terrenos del castillo de Windsor, alberga los restos de numerosos miembros de la Casa real británica, entre ellos los anteriores duques de Kent, suegros de la fallecida duquesa.

    La elección de la Catedral de Westminster para el funeral refleja la profunda fe católica de la duquesa, quien se convirtió al catolicismo en 1994 en una ceremonia privada oficiada por el cardenal Basil Hume, entonces arzobispo de Westminster. Esta conversión marcó un precedente significativo, ya que fue la primera miembro senior de la familia real en adoptar esta religión desde el Acta de Establecimiento de 1701, que excluye a los católicos de la sucesión al trono. 

    La decisión contó con la aprobación expresa de la reina Isabel II, y la duquesa expresó que su fe le proporcionaba consuelo y fortaleza en su vida pública y privada. Históricamente, este funeral es el primero de un miembro real en la catedral de Westminster desde su construcción en 1903, y el primero católico en la historia moderna del Reino Unido, destacando la evolución de las tradiciones religiosas en la monarquía.

    La duquesa, nacida Katharine Worsley en 1933, fue conocida por su discreción y dedicación al servicio público tras su retiro de los deberes reales en 2002. Se involucró en causas como la música, enseñando en una escuela primaria en Hull bajo el nombre de “Mrs. Kent”, y fue una figura destacada en el tenis, particularmente en Wimbledon. 

    Tributos familiares han subrayado su legado: el príncipe y la princesa de Gales la describieron como una “miembro muy extrañada de la familia” que “trabajó incansablemente para ayudar a los demás y apoyó muchas causas, incluyendo a través de su amor por la música”. El primer ministro Sir Keir Starmer elogió su “compasión, dignidad y toque humano en todo lo que hacía”. Sobrevivida por su esposo, dos hijos y una hija, su partida deja un vacío en la familia real, pero su fe y contribuciones perdurarán como testimonio de una vida dedicada al bien común.

    (Artículo original de Monarquias.com)

  • Obituario: Katharine de Kent, la duquesa que escapó del esplendor real y se convirtió al catolicismo

    La duquesa de Kent, Katharine Mary Lucy Worsley, nació el 22 de febrero de 1933 y creció en el campo, en la casa familiar de Hovingham Hall, Yorkshire. Sus padres, Sir William y Lady Joyce la enviaron a la St Margaret’s School y a Runton Hall, en Norfolk, donde se destacó en música. A los 23 años Katharine conoció al príncipe Eduardo de Inglaterra.

    Nieto del rey Jorge V y primo hermano de la reina Isabel II, Eduardo había heredado el título de duque de Kent siendo muy joven, al morir su padre en un accidente de aviación en 1942. Su madre era la princesa Marina de Grecia.

    Símbolo de sus orígenes plebeyos, Katharine era descendiente directa de Frances, hija de Oliver Cromwell, famoso por liderar la revolución que derrocó a la monarquía y decapitó al rey Carlos I en 1649.

    Katherine, duquesa de Kent
    Katherine, duquesa de Kent

    La majestuosa boda de Eduardo de Kent y Katherine Worsley en York

    La pareja se comprometería cinco años después y celebró una gran boda real en York, en 1961, a la que asistieron las reinas Ingrid de Dinamarca y Victoria Eugenia de España, y en la que se conocieron Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia.

    El escenario elegido para la boda, el 8 de junio de aquel año, fue York Minster, donde Katherine había aprendido a tocar el órgano y también donde, 600 años antes, se habían casado el rey Eduardo III y Filipa de Hainaut.

    La cobertura noticiosa del evento hizo hincapié en que ella era “una chica de Yorkshire” que se casaba con el nieto de un rey, mientras que miles de lugareños se alinearon en la ruta desde York Minster para ver a la pareja mientras se dirigían a la fiesta. Sir Richard Buckley, quien fue el secretario privado del duque durante 28 años, recordó a Katharine como “una novia de cuento de hadas“.

    Muy celebrada como la primera boda de un príncipe británico con una plebeya, la unión tuvo una ferviente opositora, la madre del príncipe. Marina, duquesa de Kent, princesa por vía doble y descendiente de los zares de Rusia, odió la idea de que su hijo se casara con una chica de clase media y lo envió a estudiar a Alemania durante un año con la idea de que se olvidara a de ella.

    Viendo que los chicos estaban muy enamorados, la duquesa viuda no vio otra opción más que dar su permiso al matrimonio y deslumbró en la ceremonia.

    Katherine, duquesa de Kent
    Katherine, duquesa de Kent

    La joven duquesa de Kent inmediatamente se compenetró muy bien en sus obligaciones reales y también, como esposa de un oficial del Ejército, acompañó al duque cuando fue enviado a Hong Kong y Alemania.

    Sir Richard Buckley fue testigo de la influencia positiva de Katherine sobre su esposo, quien, cuando asumió por primera vez sus citas reales en el extranjero, era bastante tímido. Katharine, que era “una duquesa moderna y una gran admiradora de Pink Floyd“, le dio confianza al príncipe.

    Los duques establecieron su residencia en Anmer Hall, en dentro de la propiedad real de Sandringham, que era el lugar ideal para criar a sus hijos. En 1962 nació el primero, George Windsor, conde de St. Andrews. Lady Helen Windsor nació en 1964 y seis años más tarde nació el tercero, Lord Nicholas Windsor.

    Lamentablemente, la mala salud persiguió a la duquesa durante gran parte de su vida: en 1975, durante su cuarto embarazo, sufrió un aborto espontáneo, y dos años más tarde dio a luz a un niño que nació muerto.

    El dolor fue abrumador: “Tuvo el efecto más devastador en mí”, reveló en una entrevista años más tarde. “No tenía idea de lo devastador que podía ser para una mujer. Me ha hecho extremadamente comprensiva con otros que sufren el nacimiento de un bebé muerto”.

    Una profunda depresión comenzó a alejar lentamente a la duquesa del esplendor real para sumergirla en en la vida espiritual. Dos años después, toda esa emoción llegó a un punto crítico y fue ingresada en el hospital durante siete semanas de “tratamiento y descanso supervisado”.

    “Creo que sería una persona bastante rara si no cedo bajo esas circunstancias”, reflexionó en 1997. “Fue algo horrible lo que sucedió y no pensé que debía darme tiempo para superarlo. No fue un buen período, pero una vez que salí y volví a un estado de normalidad, rápidamente me di cuenta de que a muchas personas les sucede. Nunca he tenido depresión desde entonces”.

    Katherine, duquesa de Kent
    Katherine, duquesa de Kent

    En busca de respuestas espirituales, rompió con la tradición de la Familia Real y se convirtió al catolicismo en 1994, con la aprobación de la reina: “Me encantan las pautas y la Iglesia Católica te ofrece pautas. Siempre he querido eso en mi vida. Me gusta saber qué se espera de mí. Me gusta que me digan: irás a la iglesia el domingo y si no lo haces, ¡te lo perderás!”

    Hasta que se retiró de la vida pública, Katharine fue muy popular por su papel en el campeonato de Wimbledon, donde entregaba los trofeos: última vez que lo hizo fue en 2001, a Venus Williams.

    Un año más tarde se retiró oficialmente de la vida pública, renunciando a sus deberes reales para vivir en privado en su propio apartamento alquilado lejos de la corte real. Además, renunció al tratamiento de Alteza Real, pasando a ser conocida como “Katherine, duquesa de Kent” o simplemente “Katharine Kent”.

    No me gusta ser una figura pública y lo digo con mucha humildad”, reveló en una entrevista. “Es mi naturaleza, la forma en que nací. Me gusta hacer las cosas en silencio detrás de las escenas. Soy una persona muy tímida”. Un asesor real la describió como “una figura tímida, casi solitaria”, aunque asistió a la boda del príncipe Guillermo con Kate Middleton y a otros grandes eventos de la familia real.

    Katherine, duquesa de Kent
    Katherine, duquesa de Kent

    Las especulaciones sobre el estado de su matrimonio la han perseguido desde finales de los años setenta cuando sufría depresión, y muchas personas creen que ella y el duque de Kent han estado llevando vidas separadas.

    También se dijo que su decisión de convertirse al catolicismo en 1994, el primer miembro de la familia real en hacerlo desde 1685, fue tomada por sentirse incómoda con la fe anglicana del duque. Sin embargo, el propio duque de Kent acompañó a su esposa cuando ella juró en la Iglesia Católica y posteriormente asistió a misa con ella. Hablando en un documental de la BBC en 2004, todo lo que diría sobre el tema de su matrimonio fue: “Cuido de mi familia y cocino para mi esposo”.

    En el plano íntimo, la duquesa sin embargo continuó desarrollando actividades que encuadran con su perfil solidario: enseñó música en secreto durante 10 años en la escuela primaria estatal Wansbeck en Kingston-upon-Hull y en la que su verdadera identidad como miembro de la Familia Real permaneció oculta: “Siempre me ha gustado el talento, me encanta el cosquilleo cuando ves talento y comencé a darme cuenta de que estaba enseñando a niños muy, muy dotados”.

    En los últimos años, dio clases como maestra voluntaria a los niños que vivían en el edificio Greenfeld, que se incendió en 2017. En una visita a la India en la década de 1990, habló le dijo a un periodista: “Me encantan las personas, las valoro. ¿De qué se trata el mundo? No de las posesiones sino de personas que se cuidan unas a otras”.

  • Un destello de compasión en Wimbledon: cuando la Duquesa de Kent consoló a Jana Novotna

    La final femenina de Wimbledon en 1993 se convirtió en uno de los episodios más emotivos en la historia del tenis, no solo por el dramático desarrollo del partido entre la checa Jana Novotna y la alemana Steffi Graf, sino por el gesto de consuelo que siguió en la ceremonia de premiación. Novotna, entonces de 24 años y en su primera final de Grand Slam, había mostrado un tenis agresivo y efectivo, caracterizado por su servicio y volea, su revés cortado y sus frecuentes subidas a la red, lo que la posicionaba como una amenaza real para la campeona defensora.

    El encuentro comenzó con Graf ganando el primer set en un tie-break por 7-6, pero Novotna respondió con autoridad en el segundo, dominando 6-1. En el tercer set, la checa tomó una ventaja de 4-1, pareciendo destinada a un triunfo histórico. Sin embargo, los nervios la traicionaron: un doble falta en un punto clave permitió a Graf romper el servicio, y a partir de allí, Novotna no ganó otro juego, cayendo finalmente por 6-4 en el set decisivo. Este colapso repentino, descrito como uno de los más desgarradores en décadas recientes en la cancha central, dejó a Novotna visiblemente destrozada.

    Duquesa de Kent

    El clímax emocional ocurrió durante la ceremonia de trofeos en la cancha central, donde la Duquesa de Kent, Katharine, una presencia constante en Wimbledon desde la segunda mitad del siglo XX, entregaba los premios. Conocida por su dignidad discreta y su empatía, la Duquesa había roto protocolos en ocasiones previas, como abrazando al ganador Pat Cash en 1987 o acompañando a Martina Navratilova en sus nueve victorias.

    Al ver a Novotna luchando por contener las lágrimas mientras recibía su plato de subcampeona, la Duquesa se acercó, colocó un brazo alrededor de sus hombros y permitió que la tenista apoyara la cabeza en su hombro, llorando abiertamente. En ese instante, susurró palabras de aliento: “No te preocupes, Jana, sé que puedes hacerlo”. Novotna recordaría después: “Quería manejarme bien, pero cuando ella me sonrió, simplemente me solté“.

    Duquesa de Kent

    Este gesto, capturado por las cámaras y reproducido innumerables veces, trascendió el deporte, destacando una conexión humana genuina entre una royal y una atleta en medio de la formalidad real y la rigidez del torneo. Annabel Croft, ex número uno británica, comentó sobre la vulnerabilidad de Novotna: “Porque era tan implacable en la cancha y tan competitiva, ese momento en la cancha central cuando rompió en llanto mostró un lado realmente vulnerable, alguien utterly crushed y devastated por estar tan cerca de ganar”. Virginia Wade, campeona de Wimbledon en 1977, agregó: “Sé que ese estallido emocional con la Duquesa de Kent, nadie lo olvidará jamás”.

    El impacto de este episodio se extendió más allá de 1993. Cinco años después, en 1998, Novotna regresó a Wimbledon y conquistó el título al derrotar a Nathalie Tauziat, convirtiéndose en la ganadora de Grand Slam más longeva en su primer triunfo en la era abierta, a los 29 años y nueve meses. Durante la ceremonia, la Duquesa de Kent, nuevamente presentando el trofeo, sonrió con orgullo y le dijo: “Te lo dije, lo harías”. Esta redención completó un arco narrativo conmovedor, transformando la derrota de 1993 en un símbolo de perseverancia. 

    Duquesa de Kent

    Periodistas como Simon Briggs de The Telegraph reflexionaron: “Pocos atletas han tocado los corazones de extraños en la medida en que Jana Novotna lo hizo en la cancha central de Wimbledon, hace 24 años”. Christopher Clarey de The New York Times elogió su estilo: “Arqueaba profundamente la espalda antes de sacar y hacía frecuentes incursiones a su terreno de caza favorito en la red; fluía más que jugaba”. Mike Dickson del Daily Mail la describió como “una fina jugadora de singles pero una verdadera gran exponente de dobles, bendecida con una amplia gama de habilidades sutiles en las manos”.

    La muerte de Novotna en 2017 a los 49 años, tras batallar contra el cáncer, revivió el recuerdo de ese momento. La Duquesa de Kent emitió un tributo: “Jana Novotna era una dama valiente y dulce, con un maravilloso sentido del humor. Estoy muy entristecida por la noticia de su muerte y todos mis sentimientos están con su familia. Wimbledon no será lo mismo sin ella”. Este gesto no solo humanizó a Novotna, conocida por su competitividad callada y su talento, sino que también resaltó el rol de la Duquesa como una figura humana en la realeza británica, fusionando tradición con calidez genuina. A lo largo de los años, el abrazo de 1993 ha sido incluido en montajes y coberturas de la BBC, recordándonos que en el tenis, como en la vida, la compasión puede ser tan impactante como la victoria.

    Artículo original de Monarquias.com

  • Los planes para el funeral católico de la Duquesa de Kent: un tributo a su vida y fe

    La familia real británica se prepara para despedir a Katharine, Duquesa de Kent, con un servicio fúnebre según el ritual católico, en línea con sus deseos personales y su fe adoptada hace décadas. Según anuncios oficiales, el funeral será un evento privado, con detalles específicos como la fecha y el lugar aún por confirmar, aunque se anticipa que podría celebrarse en aproximadamente una semana. 

    Este será el primer funeral católico para un miembro de la familia real en la historia moderna del Reino Unido, marcando un hito en las tradiciones reales. Fuentes citadas por medios británicos indican que se espera una asistencia completa de los miembros senior de la realeza, incluyendo al rey Carlos III y la reina Camilla, así como otros familiares cercanos. 

    Como parte de los preparativos iniciales, se estableció un período de luto oficial que durará hasta el día del funeral inclusive, con medidas como el izado de banderas a media asta en el Palacio Buckingham y la colocación de un aviso formal en las rejas del palacio. Además, se abrirá un libro de condolencias en línea para que el público pueda rendir tributos.

    De Su alteza real la duquesa de Kent a “Mrs. Kent”

    Duquesa de Kent
    Katharine casó con el príncipe Eduardo, Duque de Kent, en la Catedral de York en 1961.

    La duquesa, nacida como Katharine Lucy Mary Worsley en 1933 en una familia aristocrática de Yorkshire, fue una figura única en la realeza británica por su humildad y dedicación al servicio público. Se casó con el príncipe Eduardo, Duque de Kent y primo de la difunta reina Isabel II, en una ceremonia grandiosa en la Catedral de York en 1961. Fue la primera boda real celebrada en York desde el año 1328.

    La pareja tuvo tres hijos: George, Conde de St. Andrews; Lady Helen Taylor; y Lord Nicholas Windsor, y enfrentaron tragedias personales, como un aborto inducido por rubéola en 1975 y un nacimiento de un hijo muerto en 1977. Conocida por su empatía, la duquesa ganó corazones al consolar públicamente a la tenista Jana Novotna durante la final de Wimbledon en 1993, un gesto que simbolizó su enfoque humano en los deberes reales. 

    Duquesa de Kent
    “Con profundo pesar, el Palacio de Buckingham anuncia la muerte de Su Alteza Real la Duquesa de Kent -dice el comunicado oficial este 5 de septiembre.- Su Alteza Real falleció pacíficamente anoche en el Palacio de Kensington, rodeada de su familia”.

    Apasionada por la música, tocaba piano, órgano y violín, y fundó la organización benéfica Future Talent para apoyar a jóvenes músicos de bajos recursos. En 2002, se retiró de los compromisos públicos, renunciando a su título de Alteza Real para enseñar música de manera anónima en una escuela primaria estatal en Hull durante 13 años, bajo el nombre de “Mrs. Kent”.

    La elección de un ritual católico para su funeral se debe directamente a su conversión al catolicismo en 1994, un paso audaz que la convirtió en la primera miembro de la realeza británica en hacerlo públicamente desde el Acta de Establecimiento de 1701. Esta decisión, discutida previamente con la reina Isabel II quien la aprobó, no afectó la línea de sucesión de su esposo ya que ocurrió después de su matrimonio. 

    La duquesa expresó que la fe católica le proporcionó guía y consuelo, especialmente tras sus pérdidas personales, y marcó un cambio en su vida que influyó en sus acciones posteriores, incluyendo su dedicación a causas caritativas y educativas. Aunque se separó temporalmente de su esposo en los años posteriores, nunca se divorciaron, y se reconciliaron tras un derrame cerebral de él en 2013. En sus últimos años, su salud declinante la mantuvo alejada de eventos reales como el Jubileo de Platino de Isabel II y su funeral en 2022 y la coronación de Carlos III en 2023.

    Los preparativos para el funeral incluyen consideraciones logísticas, como la posible presencia del príncipe Harry, quien estará en el Reino Unido la próxima semana, aunque su esposa Meghan se quedará en Estados Unidos. Tributos de figuras como el Primer Ministro Keir Starmer destacan su “compasión, dignidad y toque humano”, recordando su rol como una de las royals más trabajadoras. El Arzobispo de York, Stephen Cottrell, la elogió como defensora del bienestar infantil y mentora de jóvenes músicos. 

    Artículo original de Monarquias.com

  • La corona de Liechtenstein, la única de Europa que no puede ser heredada por una princesa

    El Principado de Liechtenstein es actualmente la única monarquía europea que prohíbe la sucesión femenina, una regla del año 1606 todavía vigente mientras otras casas reales, como la británica o la holandesa, ya dieron pasos para la igualdad de género frente al trono. 

    El principado es el único país del mundo que debe su nombre a su familia reinante, que ocupa el trono desde hace más de 300 años y actualmente cuenta con 122 miembros vivos. El príncipe Hans Adam II, de 80 años, fue entronizado en 1989 al morir su padre Francisco José II.

    Las reglas sucesorias de Liechtenstein están dictadas por la Ley de la Casa Real, que establece la primogenitura masculina, es decir, que el trono pasa de padres a hijos varones. Si la principal línea dinástica se extingue, el trono pasa a hermanos o tíos, incluso sobrinos, siempre y cuando sean varones. 

    Lea además: Monarcas, empresarios y mecenas de las artes: quiénes son los príncipes de Liechtenstein

    El actual Príncipe Soberano de Liechtenstein, Hans Adam II, con su fallecida esposa, la princesa Marie.

    Quién es quién en la línea sucesoria a la corona de Liechtenstein, la única que no puede ser heredada por una princesa

    Liechtenstein, un pequeño paraíso fiscal entre Suiza y Austria, ha sido gobernado por príncipes varones de la Casa de Liechtenstein durante casi 300 años y no otorga derechos sucesorios a las mujeres.

    La situación llevó en 2017 a que las Naciones Unidas presionaran al país para que ponga fin a la discriminación contra las mujeres y permita finalmente que las princesas gobiernen el país.

    Lea además: Sangre azul: cómo se relaciona la familia real de Liechtenstein con las dinastías europeas

    Pero el principado respondió que la Constitución del país estipula que la sucesión al trono es un asunto interno de la Casa de Liechtenstein. 

    Además, el príncipe Hans-Adam II sostuvo que la antigua ley de familia que regula la regla de sólo hombres es incluso más antigua que el actual Estado de Liechtenstein y que es una tradición familiar que no afecta a los ciudadanos.

    El príncipe heredero Alois y su eposa, la princesa heredera Sofía. A la izquierda, Hans Adam II.
    El príncipe heredero Alois y su esposa, la princesa heredera Sofía. A la izquierda, Hans Adam II.

    Por otra parte, se explicó que durante los últimos 100 años todos los primogénitos de la familia principesca han sido varones, al igual que los actuales hijo y nieto del príncipe Hans Adam II.

    Los críticos locales rechazaron el argumento del príncipe, diciendo que ninguna discriminación contra ninguna mujer, y menos aún contra una princesa, puede justificarse como una tradición familiar.

    Lea además: ¿Por qué se dice que Sofía de Liechtenstein podría ser Reina de Inglaterra?

    De esta forma, la actual línea sucesoria está compuesta por el príncipe heredero Alois, de 55 años, y sus hijos José Wenzel, de 28 años; Jorge, de 24; y Nicolás, de 23. La única hija mujer del príncipe Alois, María Carolina, no tiene derechos sucesorios, al igual que su tía, la princesa Tatiana, hija de Hans Adam II.

    Los siguientes en la línea sucesoria son el príncipe Maximiliano, de 54 años (hijo de Hans Adam II) y su hijo, el príncipe Alfonso, de 22 años. Le siguen los hijos del recientemente fallecido príncipe Constantin: el príncipe Moritz, de 20 años, y su hermano Benedikt, de 15 años.

    A continuación en la línea sucesoria se ubican los hermanos y sobrinos de Hans Adam II: el príncipe Felipe, de 77 años, y sus descendientes; y el príncipe Nicolás, de 75 años, y sus descendientes. Más adelante, se encuentran todos los descendientes varones vivos de los hermanos de Francisco José II, Carlos Alfredo, Jorge y Enrique.

    Otros nueve príncipes, todos descendientes del príncipe Juan José I (1760-1836), completan una línea sucesoria de más de 50 varones vivos.

    Lea además: Hans Adam II de Liechtenstein, «empresario a la mañana y príncipe a la tarde»

    Según la ley dinástica, a la muerte del Príncipe Soberano, su hijo mayor asume las funciones de regente de la Casa Principesca, jefe de Estado y presidente de las Fundaciones Principescas.

    Cada Príncipe Soberano puede nombrar como regente al próximo príncipe mayor de edad con derecho a sucederlo, como sucesiones por última vez en 2004, cuando Hans Adam II cedió el ejercicio de sus derechos soberanos a su hijo mayor y heredero, Alois

    Quién es el Príncipe Heredero de Liechtenstein

    Hans Adam II con su esposa, la princesa María, y sus cuatro hijos. La princesa Tatiana, única mujer, no tiene derecho al trono.
    Hans Adam II con su esposa, la princesa María, y sus cuatro hijos. La princesa Tatiana, única mujer, no tiene derecho al trono.

    El Príncipe Heredero recibió el nombre de Alois en memoria de su bisabuelo, el príncipe Alois (1869-1955), quien renunció a su derecho al trono en 1923, a los 57 años, y los cedió a su hijo Francisco José II, porque estaba preocupado por su avanzada edad.

    El príncipe Alois pasó su juventud en el castillo de Vaduz. Asistió a la escuela primaria en Vaduz-Ebenholz y en 1979 ingresó en el Liechtenstein Gymnasium, donde se graduó en la primavera de 1987 con una licenciatura en historia de la literatura.

    Luego ingresó en la Real Academia Militar de Sandhurst en Gran Bretaña, donde completó su formación como oficial. Después de graduarse como segundo teniente, sirvió durante seis meses con la Guardia Coldstream en Hong Kong y Londres.

    En 1993, Alois se casó con la duquesa Sofía, la mayor de cinco hijas del duque Max y la duquesa Isabel en Baviera y descendiente en línea directa del último rey bávaro, Luis III. La pareja tiene cuatro hijos.