El príncipe Alberto II de Mónaco y su hermana menor, la princesa Estefanía, recordaron en una entrevista a su padre Rainiero III después de que el Principado conmemorara este año el centenario de su nacimiento. El príncipe destacó a su antecesor como un “príncipe constructor” y su hermana elogió el trabajo de su padre diciendo que “no soportaba” que su país fuera calificado como un “principado de opereta”.
La dinastía Grimaldi organizó varios eventos este año para celebrar el centenario de Rainiero III, nacido en mayo de 1923. “Cada evento desencadenó muchas emociones a través de los recuerdos y anécdotas que nos regresaron. Queríamos organizar estas conmemoraciones para reflejar lo que amaba nuestro padre y poder agradecerle (…) Queríamos demostrar que quería dar legitimidad y credibilidad a Mónaco. No soportaba el término ‘Principado de opereta’”, comenzó la princesa.


Rainiero III, quien murió en 2005 después de 57 años de reinado “fue el ‘príncipe constructor’ de proyectos concretos como los equipamientos y las infraestructuras, pero también el “príncipe constructor” de la Constitución de 1962 y de muchas otras iniciativas”, recordó el príncipe soberano a la revista francesa Point de Vue.
Recordando distintas etapas de su vida, Alberto y Estefanía hablaron también de su asistencia temprana a los grandes acontecimientos del Principado, como los bailes de la Rosa y de la Cruz Roja. “¡Cuando era adolescente, no quería ir! A cierta edad, no es muy divertido encontrarse vestida, vestida de domingo, sentada en una mesa durante cuatro horas y siendo examinada por todos. Pero íbamos a menudo en familia y se convirtió en nuestro propio momento”, afirmó la princesa. “Es cierto que cuando tienes 16 o 17 años quizás quieras hacer otra cosa. Y estos acontecimientos pueden ser muy desalentadores e intimidantes”, confirmó Alberto.


Alberto II también recordó su iniciación en el papel de Príncipe Soberano “a pequeños pasos”. “Fue un aprendizaje gradual. Asistí a consejos de gobierno y reuniones de gabinete [al lado de mi padre] (…) Luego, si me permiten la expresión, me tocó a mí ensuciarme las manos”, dijo.
Estefanía, de 58 años, reconoció que recibió especial atención por su condición de hija pequeña. “Era mimada”, agregó su hermano. “Ser siete y ocho años menor que mi hermano y mi hermana marcó la diferencia. Mi hermano era adorable, siempre me soportó, siempre quise jugar con él. Fue muy paciente conmigo y se lo agradezco. No tenía un hermano ni una hermana de mi edad, así que siempre recurría a él y a sus amigos”, dice la princesa.


La princesa también recordó el tiempo que pasó con su padre cuando era niña: “Quería estar con él siempre que fuera posible. Recuerdo que hacia el mediodía iba al zoológico. Terminé la escuela a las once y media y corría para poder pasar tiempo con él. (…) Quizás al ser más joven me mimaron más, o me salí con la mía en más cosas. Pero no creo que me haya aprovechado demasiado. Y debo admitir que mi hermano fue muy paciente conmigo, especialmente porque yo era un poco hiperactiva cuando era niña…”
Meses atrás, en otra entrevista, Alberto II había contado: “Además de acompañarlo a varios eventos, sí recuerdo momentos de relax en familia, esos de verdadera intimidad. Entre ellos se encuentran los viajes a Suiza para practicar deportes de invierno. Éramos una familia de esquiadores. Luego, en verano, todos hacíamos cruceros cortos a bordo de un yate. Mi padre era el capitán. Tenía un marinero, pero todos lo ayudábamos con las tareas diarias. Yo era quien lavaba la terraza. ¿Crees que éramos adictos a la televisión? ¡De ninguna manera!”


Príncipe Alberto II: “Mi padre era más exigente que duro”
Alberto y Estefanía dijeron al entrevistador que Rainiero III fue “un padre muy cariñoso y siempre de buen humor”, que “dejaba sus preocupaciones en la oficina” y que tenía “un increíble sentido del humor”. Definido como “exigente y justo”, Rainiero III y su esposa, la princesa Grace les “enseñaron a ser honestos y rectos. Saber mantenernos firmes y permanecer abiertos al mundo”, dijo Estefanía. Con sus nietos, se mostró como un abuelo “orgulloso y feliz”.
Hijo de la princesa Carlota, Rainiero III nació en 1923, tres años después de su hermana mayor, Antonieta. Su madre, hija de una relación extramatrimonial del príncipe Luis II con una lavandera llamada Juliette Louvet, fue adoptada oficialmente por el soberano y convertida en princesa. En 1944 Carlota renunció a su derecho al trono para permitir la sucesión de Rainiero.


Rainiero III se convirtió en soberano el 9 de mayo de 1949, al fallecer su abuelo Luis II, cuando Mónaco era más conocido por el casino en el que se fundó su prosperidad en el siglo XIX. Como último autócrata constitucional de Europa, condujo a Mónaco a una era de rascacielos, banca y negocios internacionales.
Alberto II habló este año sobre el legado de su padre y cómo influyó en su propio reinado: “Cuando sucedió a su abuelo, el príncipe Luis II, el Principado salía de la Segunda Guerra Mundial. Mónaco estaba, si no empobrecido, definitivamente enfrentado a una falta de infraestructura… era un país pequeño que necesitaba perspectivas para el futuro. Mi padre fue el principal artífice del desarrollo, crecimiento y diversificación económica del Principado. Naturalmente, el matrimonio de mis padres también contribuyó a la apertura de Mónaco al mundo. Sin embargo, no fue un viaje nada fácil. Estaba en marcha una crisis francesa y, además, la relacionada con la gobernanza de la SBM… Mi padre entonces dotó a nuestro país de una nueva constitución. Contribuyó a nuestra entrada en las Naciones Unidas en 1993 y en el Consejo de Europa en 2004, que ratifiqué personalmente en 2005, poco después de su fallecimiento”.


En la década de 1990, el juego representaba menos del cinco por ciento de los ingresos anuales de Mónaco, y la mayor parte de los ingresos procedía del impuesto al valor agregado, el turismo, el comercio y la industria. Multimillonarios y millonarios llegaron atraídos por la ausencia de impuestos sobre la renta y la protección que ofrecía la presencia de policías y cámaras de seguridad en casi todas las calles.
Rainiero III llevó el glamour de Hollywood a Mónaco al casarse con la bella actriz estadounidense Grace Kelly en 1956. Junto a ella, transformó el estado más pequeño del mundo, después del Vaticano, de un descolorido centro de juego a un paraíso para multimillonarios.

Rainiero III fortaleció la soberanía de Mónaco, pero se convirtió en una figura dramática en su vida adulta cuando los medios se centraron en los problemas románticos sexuales de sus hijos y en las acusaciones de que Mónaco se había convertido en un refugio de la mafia para el lavado de dinero sucio.
El reinado de Rainiero III también se sumó a la legendaria “maldición” de la dinastía Grimaldi que ha perseguido a su familia durante sus siete siglos de gobierno sobre Mónaco. La princesa Grace murió en un accidente automovilístico en 1982 y Rainiero nunca dio señales de querer volver a casarse. “Todavía siento su ausencia. Fue un matrimonio por amor”, dijo en 1999. Sus hijas Estefanía y Carolina tuvieron una sucesión de relaciones desastrosas que llamaron la atención de los medios internacionales.
“Mis padres siempre estuvieron ahí [para nosotros]. Se tomaron el tiempo para escucharnos”, recordó Alberto II. “Es cierto que acudiría más espontáneamente a mi madre. Mi padre era un poco intimidante, más exigente que duro. Quienes lo conocieron bien dicen que a veces no fue fácil. De hecho era impulsivo, en otros momentos casi exhibía una especie de timidez… Sí lo veía incómodo con gente que no conocía realmente, por ejemplo”.
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